Conociendo a Óscar

Cada día voy conociendo lo que le gusta y lo que no al peque. Como es muy bueno y tranquilo no tiene muchas manías, pero algunas cosillas sí, como por ejemplo, antes de dormir nos da un recital de soniditos, soniquetes, gruñiditos, respiraciones a lo Darth Vader y quejiditos de lo más variado. Queremos creer que lo que quiere decir es: “Bien, ya que no puedo sobar, no va a dormir aquí ni Perry” o también algo así como “Hacedme caso, padres del demonio, que me aburro y no me puedo dormir” , incluso podría ser que pensara “Gensanta, cómo me mola mi voz , voy a afinarla un rato“.

Al principio nos asustábamos pensando que se estaba ahogando. Pero con el tiempo, te vas acostumbrando y lo incorporas a tu sueño. Y el pobre se queda solo recitando sus gruñiditos varios.

Otra cosa que le gusta mucho, imagino que aquí tiene que ver la ansia viva de este nene (sobre todo después de zampar, creemos que se queda con hambre casi siempre), es, sobre todo después del bibe y cuando le tumbas para dormir, es masticar el chupete con una fuerza tremenda y escupirlo con la misma fuerza. Y lo reclama quejándose con ese ansia desesperada que le hace girar la cabeza como poseído. Se lo vuelves a enchufar (el chupete), y te lo lanza de nuevo. Y así seguimos hasta un bucle infinito que aburre hasta a las moscas. Este juego le mola cantidad. Sobre todo de noche. Sobre todo cuando los papis no tienen ni un ápice de fuerza.

He descubierto que cuando le coges encima, a la manera tradicional se revuelve como una anguila. Al principio una servidora pensaba que se había quedado con gases y se los intentaba sacar, sin éxito claro (bueno, a veces le salía alguno majete), hasta que un día le cargué mirando al frente apoyándolo en la cadera, y oiga usté, mano de santo, no solo se calló (y eso que le tocaba ya un bibe y se había pasado una hora de la toma sobando, ya que soba como un osito) si no que sonreía al horizonte, un horizonte, por cierto, cuajado de luz.

Al frente la vida se ve mejor

Así que de esta forma lo paseo por la casa cuando quiere mimitos, que por cierto, es otra de las cositas que, como cualquier bebé, y diría que como cualquier ser humano -bueno, matizo, hay mucho aberroncho por ahí suelto-, demanda y agradece. Este nene es muy mimosón, y le apasiona tanto que le hagas caricias y digas cositas tiernas (aunque le leas el listín telefónico con un timbre de voz de lo más ñoño, él estará más que encantado) que a cambio te regala una ración de sonrisas que te olvidas de las potas, de las cacas a trayón y de los gruñiditos rarunos nocturnos ^_^

Lo de los estornudos es otra historia. No puedo evitar reírme cuando lo hace, por que suelen ser dos o tres estornudos, el primero siempre es limpio, y el segundo (y cuando son tres, el tercero) son contenidos, exactamente igual que lo hace su padre, ¡¡Increíble y enternecedor!! Y lo mejor son las caritas con las que acompaña los estornudos, tronchantes del todo.

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2 comentarios en “Conociendo a Óscar

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