III. Hermano mayor

Y queda la tercera entrega: Qué sucede cuando uno se hace hermano mayor.

Durante el embarazo de Éric, Óscar no mostró gran interés por el que es ahora su hermanito. Si bien cuando mis sobrinas me acariciaban la tripa y hablaban con el bebé, Óscar las imitaba. Cosa de segundos, ojo. Y al día siguiente la pelota que era mi tripa seguía pasando desapercibida para él. No le daba gran importancia. Tendría toda la vida por delante para interesarse o no por el brother.

Como ya habéis leído en anteriores entradas, pasé un puerperio fino filipino. Las hormonas me traicionaban constantemente en su loco viaje kamikaze hacia mi hipotálamo cortocircuitado. Pero cuando más lloraba era cuando venía Óscar al cuarto (esa estancia donde Éric y yo nos pasábamos las horas) a pedirme que echáramos una partida al juego de cartas de Cars y a demandarme atención en general (normal, de repente, su madre había sido abducida por un miniser, que eso nadie se lo explicó al pobrete mío).14_nov_2016_diariodeunaendorfina_hormonasEl caso es que en el hospital, Óscar pasó tres kilos y medio del bebé. Estaba claro que la nueva situación, por más que se la hubiéramos explicado, le era totalmente ajena. Éric le trajo de regalo el camión de Cars, y se dedicaba cada día que iba a visitarnos a jugar en el suelo con él y a ignorar al resto de los humanos que se hallaban en la habitación. Miento, a su padre sí que le hacía caso, le abrazaba y le besaba como si le fuera la vida en ello. A mi, quizá por estar con el bebé, ni se acercaba. Un trocito de mi corazón se iba desprendiendo cuando me evitaba. Eh! Sabía perfectamente que había que darle su tiempo y espacio, pero como os digo, las hormonas estaban ahí, locatis perdidas, apretando la garganta, metiendo el dedo en el lagrimal…

De vuelta a casa, y con bebé perdiendo peso y yo para que me picaran los pollos, el pobre mío debió pensar que aquel miniser había transformado a su madre en un zombie. La primera semana en casa Óscar parecía respetar el nuevo estatus, quizá por ser la novedad y observar desde la distancia. Pero poco a poco pasó de evitarme a buscar hacerme daño. Se que de forma inconsciente, que es un niño, pero mi corazón seguía deshaciéndose en una madeja de sentimientos encontrados. Me decía cosas para hacerme daño, se enfrentaba a mi e incluso llegó a pegarme en varias ocasiones. Y cuando yo intentaba dialogar con él y acababa llorando, más me atacaba. Supongo que había dado con mi talón de Aquiles, ese que yo le había tocado a él cuando se sintió desplazado por el nacimiento del hermanito.

No os negaré que la doble maternidad se me hacía bola. Menos mal que el pater añadió a su baja paternal tres semanas de vacaciones porque me hubiera dado un ictus entre las preocupaciones, el no dormir y mi cuerpo jota.14_nov_2016_diariodeunaendorfina_argComo consejo, el pater me sugirió que me mantuviera firme o en su defecto, que intentara pasar de Óscar cuando éste me atacaba, ya fuera verbal o físicamente. Dominar a las locas de las hormonas me costó la misma vida pero logré no solo no llorar cuando me iba a pegar o me insultaba, sino ignorar estos hechos o intenciones y por supuesto decirle muy asertivamente que no volviera a pegarme.

Como todo en esto de la maternidad, es un ensayo-error, ensayo-error…

Pero parecía que la cosa mejoraba, aunque lo que verdaderamente fue un antes y un después en la nueva relación, fue el día que Mauri y yo hablamos con Óscar y le dijimos algo que era obvio pero que es necesario decir mucho más a menudo de lo que lo decimos. “Te queremos mucho, Óscar, y ahora las cosas son diferentes porque ha nacido un hermanito con el que jugarás mucho, pero te seguimos queriendo igual o más! Si vas a ser el mejor hermano mayor del mundo mundial, ya lo verás, ¿a que sí? Eres el mejor, cariño, gracias por ayudarnos, sin ti no podríamos hacer esto”

No encuentro adjetivo para calificar el mega abrazo que nos dio Óscar. Lo reconfortante que fue. La luz que desprendía la sonrisa de mi niño. Los trocitos de corazón que semanas atrás se fueron cayendo, los recompuso él mismo con el suyo. Tan pequeño, tan generoso… Tan sensible. Confieso que no daba un euro por aquella charla, pero esas palabras, pausadas y por supuesto lideradas por el pater (no estaba yo en mi momento más zen) de repente lo pusieron todo en su sitio. Como un gran RESET.

Luego vino el colegio y acabó de poner todas las piezas en su sitio. Bendita rutina.

Y como un título de cualquier película de la sobremesa de Antena 3, volvimos a empezar. Y al tomar la decisión de dar biberón a Éric, pude empezar a hacer cosas a solas con él, y la cosa gano 1.000 puntos más. Tiempo para él. Espacio para los 2.

Desde entonces la cosa ha ido rodada, le pillo contándole sus cosas al bebé, poniéndole el chupe, cantándole canciones… Yo me derrito viva, ya imaginaréis…

Cuando Éric empiece a hacer monerías ya os volveré a contar, jajaja, pero por lo pronto, Óscar se ha graduado en el mejor hermano mayor around the world 🙂14_nov_2016_diariodeunaendorfina_graduado

II. My baby blues

En estos momentos de silencio en casa, me debato entre depilarme (justo y necesario), escribir en el blog o echarme una siesta.

Uy, me vais a perdonar pero los astros se han alineado y las dos fieras duermen, así que aprovecho a dormir lo que me dejen, que no es poco.

… Zzz…

Ya. Tres cuartos de hora na más ha sido, pero oye, que he soñado y todo. GLORIA BENDITA. Y es que volver a tener un bebé es lo que tiene… Añade un niño de 4 años con tendencia a hablar en bucle y a gritos, y nada, ya estás preparada para ingresar en la López Ibor.18_oct_2016_diariodeunaendorfina_sopasknoor350Al lío, que tengo un ratejo ahora que el bebé me mira desde la hamaquita y el mayor ve Bob Esponja.

Yo os quería contar qué tal fue el postparto y tal. En el hospital empezamos bien, me recuperé muy rápido (tuve un desgarro y me dieron un par de puntos, pero no me molestaron) y Éric parecía que se enganchaba a la teta, hecho que ansiaba por encima de todas las cosas, ya que Óscar nunca llegó a hacerlo.

Pero día a día aquello iba doliendo más: la fuerza del pequeño al succionar, no acabar de pillar toda la areola (solo el pezón, por lo que aquello estaba irritado no, lo siguiente) y las malas posturas (por el dolor, me costaba relajarme), fue el inicio de una lactancia regulera.

Los profesionales del hospital me ayudaron mucho, con trucos y claves (más tooodo lo que yo había estado leyendo), pero claro, tenían que seguir haciendo su trabajo (desde aquí reivindico talleres de lactancia en los hospitales de una o dos horas -no un cuarto de hora- para las madres que quieran dar el pecho y les cuesta la misma vida), y una se quedaba sola (*), con sus tetas pa’chopped, sus dolores varios y su bebé enganchado cual little pirañita.

Desde el hospital nos alertaron que el bebé no mojaba los suficientes pañales -si llegaban a tres era un milagro 😦 – y que debería coger algo de peso (no ganaba ni un gramito, mi chico). O bien nos quedábamos una noche más o bien nos íbamos a casa y volvíamos al día siguiente prontito para hacerle pruebas. Nos quedamos, claro. Seguía sin mojar lo que debiera y sin acercarse ni de lejos a su peso original, pero como estaban los análisis bien, nos dieron el alta, eso sí, insistiendo en que le lleváramos no muy tarde a la matrona o pediatra para controlarle.

Y en casa empezó la película de terror. Sábado 20 de agosto, calor infernal, molestias varias, como una Sra. Almorrana tamaño círculo rojo de la bandera de Japón (de la bandera tamaño REAL) y un bebé que podía pasarse tranquilamente 5 y 6 horas cogido de la teta… No pasar una hora y volver a empezar… Mis pezones iban desdibujándose entre sangre, Purelan (que no me hacía nada), Vea Oleo, leche materna, agua y jabón. Y lágrimas, las mías, porque día a día aquello dolía y dolía cosa mala. Solo con pezoneras me dolía “algo” menos…
18_oct_2016_diariodeunaendorfina_censuradoMe pasaba el día llorando. ¿Depresión postparto? ¿Frustración porque no veía la luz al final del túnel? ¿Era por los dolores en general o por no ser capaz de establecer la lactancia de una vez por todas en particular? ¿Podría donar mis pezones para el atrezzo de Walking Dead? ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

Como no sabía si aquello era lo “normal” o no (que doliera taaanto), pedí ayuda a amigas que hicieron todo lo que estuvo en sus manos para echarme un cable, ya fuera en persona como vía Whatsapp (no olvidemos que Éric nació en plena temporada estival y medio Madrid, por no decir que Madrid entero, estaba de vacaciones) (**). Cristina y Becky vinieron al hospital para orientarme y darme consejos desde su experiencia. La primera me recomendó una asesora de lactancia, Bea, con la que me cité aquí en casa. Las dos horas que estuvo, puedo decir que fueron las dos horas más esperanzadoras de toda mi lactancia frustrada. ¡Éric iba pillando toda la areola! Podía incluso dar el pecho sin pezoneras sin ver las estrellas…

Bea me explicó que un mal agarre por parte del bebé significa una mala transferencia de leche, hecho que explicaba que el bebé no cogiera peso a pesar de estar amorrado a la teta sesiones eternas.

Pero yo seguía viajando en una montaña rusa emocional, y por la tarde volvimos a bajar en picado: no conseguía que Éric se agarrara, ni bien ni mal, él lloraba y yo también, el peso de mi chinorri disminuía, seguíamos sin mojar pañales y para más inri cuando le cogíamos para ponerle a la teta, se le iba la cabeza porque estaba como amodorrado… Si a eso le sumamos el viaje kamikaze de mis hormonas, no dormir nada y los 32º de las noches de verano, hacían un montante de puta locura.

Recuerdo no disfrutar de mi bebé. Recuerdo rezar porque pasaran aquellas semanas del infierno. Recuerdo mucha tristeza y dolor. Hasta que Mauri me dijo una madrugada, después de un show de sacaleches, grietas, sangre, pus de mis pechotes heridos (más inicio de mastitis en uno, del que no me salía ni una santa gota de leche), que se iba a una farmacia de guardia a comprar un bote de leche de fórmula, que el peque estaba ido y yo también, y que ya estaba bien. Menos mal que puso un punto de cordura porque yo, confieso, la había perdido.

Y remontó. Y yo con él. El peque empezó a demandar la jala, y a mojar pañales a tope. La lactancia mixta, pensé, sería una buena idea para que mis maltrechos pechos descansaran algunas tomas. Pero cual fue mi sorpresa, que aquello dejó de producir. Y extraerme lo poco que sacaba con el sacaleches volvía a hacer sangrar mis heridas.

La decisión estaba clara, optamos por la lactancia artificial. Yo tenía una amalgama de sentimientos encontrados: por una parte, quería seguir, pero por otra me moría de dolor. Confieso que lo que me hizo desistir fue definitivamente el estado de Éric.

Si con Óscar la presión que sentí con respecto a dar el pecho fue externa, esta vez fue mía y solo mía. Estaba tan convencida que esta vez podría, que no era capaz de ver más allá de mi cabezonería.18_oct_2016_diariodeunaendorfina_mamayeric

Una vez tomada la decisión en firme, fui viendo la luz al final del túnel. Mi bebé hasta sonreía (o quizá era mi felicidad reflejada en su carita), y por supuesto, yo también. Donde haya una mamá feliz, hay un gordito más feliz aún. Y eso es lo que verdaderamente importa.

Y así acabó nuestra historia de mi segunda lactancia frustrada, y empezó de verdad nuestra vida de 4 a tope de endorfinas 🙂

 

(*) Mauri estuvo conmigo en todo momento, me refiero a sola con el tema teta -dolor…

(**) Gracias a todas por vuestra ayuda y consejos, a pesar de no poder ser, gracias de corazón a Patri, Laura, a Ronit, a Kitty, a Davi, a Becky y a Leti. Y por supuesto a Cris y a Bea. Y fuera del tema teta, gracias a todos los amigos que estuvisteis ahí para apoyarme en momentos tan bajos. Puedo decir y digo que soy una chica con suerte.

I. El bebé que no quería salir

Éric no tenía ganas de salir. Esa es la pura verdad. Estaba muy rebién en mi barrigota ahorrándose los 40 grados a la sombra de este verano.

Yo, sin embargo, estaba un pelín harta del bombo, del calor y de las contracciones (de las que no son de parto, de las de Braxton Hills -yo las llamo contracciones porculeras sin más-, que me río yo de los que dicen que no duelen >.<…). Cada mañana mis sábanas amanecían con un cerco de sudor desde la cabeza hasta los pies al más puro estilo de “Se ha escrito un crimen“. Un asquete.

20_sept_2016_diariodeunaendorfina_sudorinfernal

Y mira que hice todo aquello que se supone que facilita que te pongas de parto… Comer picante, subir/bajar escaleras (los vecinos ya no me decían siquiera eso de “¿Aún no has parido?” cuando me veían en la faena por el rellano imaginando mi desespero xD), frungir, andar rápido una hora cuando caía la tarde (mientras que lo que me apetecía realmente era fusionarme con el sofá y comerme un paquete de helados uno detrás de otro). Había que mover el cucu para que el gordaco “inside” se fuera posicionando en la pole position. Hasta bailaba con Óscar, nos poníamos coreografías de You Tube y hacíamos el moñas cosa fina.

Pero nada. N A D A. Como mucho hacía que Éric me diera más patadas (de Vendetta supongo ¬¬).

Se suponía que el 8 del 8 salía de cuentas (fecha con rima!), y yo seguía siendo una ballena varada. En el Hospital donde tenía previsto dar a luz, por protocolo, te dejan como mucho 10 días después de tu FPP. Por Diooor, pensaba yo, esperar 10 días más, WTF?? Ahí me acordé mucho y muy fuerte de los que me decían que “los segundos se caen” ¬¬. El mío debía de venir con arnés de triple seguridad

20_sept_2016_diariodeunaendorfina_ballenato

8 días tuvieron que pasar hasta que de madrugada fuimos a Urgencias por contracciones más fuertes, aunque confieso que no regulares. Aun a riesgo de que me mandaran a casa, allí nos plantamos. Junto con 4 embarazadas más para hacer la “Pregnant Session Night“; estaba el personal del Hospital ojiplático con tanta preñati junta en cosa de media hora. Y no, no había luna llena. Sospecho que estábamos todas hasta los mismísimos.

Después de que la matrona O’Neil me apuñalase con la mirada por presentarme allí sin contracciones regulares (y se quejara deliberadamente de la cantidad de embarazadas que acababan de entrar, ole que ole…), la so orco del averno me pasó con la ginecóloga de guardia. Viendo mi historial y que nos aproximábamos a un desalojo forzoso en un par de días, me metió la mano en mis bajos y procedió a practicarme la maniobra de Hamilton mientras me explicaba en qué consistía (Un detalle, oye. Lo que no me contó la joía es que debía de haberme pedido mi consentimiento, que de eso me enteré cuando llegué a casa… ejem…) . Ahora entendía por qué la mujer que pasó antes que yo pegó aquel grito. Jodo con la doctorcita, esa noche estaba sembrada y regalaba maniobras Hamiltonianas con cada exploración

Con tal maniobra se pretende separar la bolsa amniótica del útero para provocar contracciones con el fin de desencadenar el parto. No es 100% eficaz en todas las mujeres, pero a mi me funcionó.

Volvimos a casa sobre las 7am. Me quedé frita hasta las 9 (aunque con muchas molestias). Me despertaron mis amigas las contracciones, pero éstas eran ya de las dolorosas nivel “Hoy no me puedo levantar”. Las empecé a contabilizar de 10 a 11 y sip, efectivamente ahí estaban las Señoras Contracciones, las que van con mayúsculas, las de parto. ¡Que empiece la fiesta! (“yatusabeeee” Ft. by Pitbull)

20_sept_2016_diariodeunaendorfina_erisiscoming

Pa’l hospital que fuimos. Yo solo rezaba el “jesusitodemivida” así pa’dentro para no encontrarme a la matrona OrcO’Neil, y afortunadamente, no, no estaba, en su lugar estaba la matrona más maja del mundo mundial (¡Bieeen!) que lo hizo todo muy fácil. Me dijeron que estaba dilataba de 2cm y que aunque era pronto me quedaría ingresada. A las 12 de la mañana no podía de dolor de las pedazo contracciones que me venían (estas cosicas son las que una no recuerda cuando busca un segundo… ejem, la memoria es blandurri). A las 5 de la tarde ya estaba dilatada de 10, ea, ya podía parir… Ah, no, espera, que gracias al efecto de la epidural (la pedí yo con los ojos en blanco y echando espuma verde por la boca – y mi chico con un esguince de muñeca. Algunos pensarán que mi tolerancia al dolor es de -15, pero habiendo drogas, qué queréis que os diga… Solo puedo decir ¡Venga que rulen!) casi de cintura para abajo era de corchopan y no sentía nada. De hecho la pierna izquierda de desparramaba y le tenía que pedir al marío que me la colocara en su sitio, que parecía Lina Morgan, hágameustéerfavó.

La matrona esperó a las 18h para enchufarme algo de oxitocina a ver si sentía alguna contracción, y al rato empecé a notar leeeevemente algo. Siguiendo las instrucciones de la matrona empecé a realizar series de 3 pujos, y para mi sorpresa en uno de ellos, PATAPLAM, salió mi pequeño, con sus ojos chinorris, sus mofletacos tamaño XXL y una boquita piñonera de lo más achuchable, expulsando por la misma las aguas verdes en las que venía (sería por la maniobra de Hamilton? mmmh) y rociándolo todo y a todos con su primer pis, ¡Chispas!

Y me lo pusieron en mi pecho (Con Óscar no fue así y reconozco que me quedé como hueca) y fue la experiencia más maravillosa del mundo. Pero cuando yo creía que no podía haber momento más mágico, Éric estiró su bracito y agarró con fuerza la gargantilla de las 2 estrellitas que siempre llevo puesta, como si diera el relevo a sus hermanos no natos, madredelamorhermoso… Miré a Mauri incrédula y él lloraba sin parar :_))20_sept_2016_diariodeunaendorfina_eric

Ains, qué pasada de recuerdo… Así nos dejaron dos horitas hasta que nos subieron a la habitación. Y yo me hubiera quedado así toda la vida, bien pegados, húmedos, entre sangre y cosas blandurris; oliendo a bebé, a vida. Él y yo. Mi niño, mi babyninjami bebé arcoiris. El bebé que no quería salir ya estaba conmigo.

Baby Mordisquitos

Supongo que todos los bebés pasan por esa fase que pegan (dar manonazos), pellizcan (éste eso aún no, pero mi sobrina que le saca apenas 6 meses no para de hacerlo) y muerden. Pero lo del gordo es para protagonizar una nueva saga de Crepúsculo, ¡Gensanta cómo muerde! Y además con la cantidad de dientes que luce desde que cumplió el año, tiene una fuerza incisiva, y nunca mejor dicho….

Mi pirañita está desatado y no hay cosa de casa que no haya probado… Y es que claro, si sumamos al hecho de que los colmillos le están saliendo (porque los demás los tiene casi todos), con su ansia viva de serie (esto es, comer con la misma devoción a cualquier hora del día, le des lo que le des), ya os podéis imaginar el tamaño del mordisco que arrea aquí mi amigo. No tiene fin. 25_julio_littleDraculinOs dejo aquí con la prueba del delito… Afortunadamente la huella de los minipiños se ha ido, pero como veréis, el morado es lustroso…

25_julio_mordiscoDecidme, porfaplis, que esta etapa pasa… Y si no es así, contadme, ¿Qué hacéis vosotr@s cuando os hincan el diente? Yo le doy un poco en la boca rollo eso no se hace, pero se descojona en mi cara ¬¬

Todo mi ánimo, fuerza y condolencias a los familiares de la tragedia del tren de Galicia… #ÁnimoGalicia

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Mamitis aguda

Óscar nunca ha sido un niño mimosón. De hecho le agobia que le abraces y le besuquees. Ha salido a la madre, para desgracia del padre que ahí donde le veis es un osito de peluche formato XXL.

Pero de un tiempo a esta parte, con sus 16 meses cumplidos, llevo notando una necesidad imperiosa de mi persona a todas horas. Necesita, como poco, tenerme en su campo visual o sino se queja. Afortunadamente no te monta el pollo, y sus quejidos son de carácter leve, como de ñoñez.

Aún no se suelta a andar, pero de una manita anda ya, y hay veces que lo intenta, pero me temo que sus trece kilazos son poco… ergonómicos. El va pegadito a la pared andando, o moviéndose de mueble en mueble, cual Tarzán doméstico, hasta que en un instante cualquiera, y sin venir a cuento, hinca las rodillas en el suelo cual penitente rollizo, y  alza sus bracitos de medio kilo pidiéndome con más cara de pena que otra cosa, que le cargue, que me mime, que le diga cositas… Como si me fuera a marchar para siempre como la madre de Marco. Criatura.
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Y en esas estamos, que vamos paseando varios con él por la calle, me quedo rezagada hablando y ya está gimiendo por la “sua mamma“…

¡Ah! Pero no creáis que cuando le cargo/hago caso es todo amor y se me queda pegaico cual lapa, que al milisegundo ya quiere volver a bajarse, o pasa tres kilos de mi echando los bracitos a otro@. Vamos que es lo que viene siendo una demanda express. De Pim Pam.

Lo cierto es que se me hace el culete pesssssicola cuando, una vez captada mi atención, me sonrié con devoción supina. Ains… Como diría la NSN, exhalo #suspirosdeamor ^^. ¡Aunque sean de minuto y medio! 😛

Mi primera Nonabox… ¡Chispas!

Cuando Nonabox se puso en contacto conmigo para probar sus cajitas, no pude por menos que decirles que ¡Claro que sí!

Ya conocía la marca, los productos que trabajaban y sobre todo el mimo que ponían en cada cajita, por cierto, monérrima ^^ (Me declaro superfan de las cajas).

Si quereis marcaros un detalle con una mamá y su bebé, es el regalo ideal, no solo por lo práctico de sus objetos (os invito a que echéis un vistazo a su web!) sino por su diseño, la presentación y el mimo que ponen, ¡Una chulada!

Nonabox_abril2013

El contenido de la cajita Nonabox:

  • Pañuelo especial para envolver al bebé y mantener su temperatura de la marca Aden Anais.
  • Pañal Moltex.
  • Láminas de jabón Ejove (muy práctico para cuando se come fuera y te pringas, vamos, en mi caso no hace falta salir fuera a comer… me mancho siempre :P).
  • Caja de monodosis de Emenea (una especie de suplementos con azúcar, imagino que para dar un empujón a las mamis cansadas ^^).
  • Cremita corporal Babé.
  • Mordedor de Chicco (el gordo se tiró en plancha nada más visualizarlo).
  • Pegatina de Familia.
  • Portachupetes ecológico de Hevea (en lugar de chupete le pongo un mordedor, que está el angelico rabioso con la boca, pero también está en la fase lo lanzo todo lo más lejos posible).

Pero no solo yo he chequeado la caja Nonabox…

05_abril_Nonabox

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Tratamiento facial

Que digo que qué necesidad tengo de comprarme una mascarilla facial de esas de barro, de algas, de huevas de nosequé o de pepino.

Para qué gastarme los dineros en cremitas especiales, o en serums para esas primeras arrugas.

Que digo yo que qué necesidad tengo de maquillarme, aunque sea una mijita de colorete y un obligado antiojeras.

Para qué dejarme la mascarilla unos minutos en mis pelos rebeldes sin causa.

Pa’qué.

Pues pa’ná.

El gordo tiene a bien mostrarme, cual chica Avón llama a tu puerta, un nuevo y revolucionario tratamiento de belleza.

Que no es otro que esputurrearme todo el puré/papilla de frutas en mi cara/cuello/pelo/ropa. Whatever. Lo mismo da. Bueno, lo mismo, no, que siempre me da a mi, of course.

15_febrero_tratamiento_facial

Más barato no me puede salir, osshe, que es una mascarilla hecha a base de verduras frescas y frutas. Más natural, imposibol.

En algún momento de nuestro día a día, el gordito me vería soplar cuando su puré se pasaba de caliente, y como ya es un monito de repetición, lo imitó enseguida, con tan mala suerte, que es cuando come, cuando más lo hace (A veces, viendo la tele, se pone a soplar de nuevo). Monísimo a la par que imparable. Llevo el paquete de toallitas como la cartera de mano sobaquera de las marujas cuando bajan al mercado y piden cuarto y mitad de chopped.

Así que ya sabeis el secreto de mi belleza, supernatural, muy orgánico. 100% guarrerida española

Baby wins

Siempre gana él. Cuánto antes lo asuma, mejor para todos. Sobre todo para mi.

Si quiero que se coma todo el biberón, él no querrá. Es más, si tiengo una prisa del demonio, me lo echará por encima.

Si quiero sentarme a comer con la comida calentita/ beberme un cafelito/ me estoy enjabonando el pelo/ me llaman por teléfono/ me quedan dos horas para entregar un trabajo, el peque romperá a llorar y demandará mi atención.

Si quiero que coja el chupete, él, sin duda, elegirá dedo/ muñeco/ mordedor/ cualquier-cosa-que-tenga-a-mano-mismamente.

Si quiero que se duerma durante un paseito por la calle, cuando volvamos a casa, en lugar de un bebé, en la sillita habrá un búho con pañales y con  los ojos como platos, hiperactivo y con ganas de charleta.

Eso sí, todo hay que decirlo, hay veces en las que ganas pequeñas batallas de las que te sientes orgullosa, oye, como pasar de tomas cada tres horas a cada cuatro. Todo un logro para el tragaldabas de mi niño. Ah! Y por supuesto, cuando logramos que se entretuviera y durmiera solito.

A pesar de que se salga con la suya, la mayoría de las veces (o casi todas), me arranca una sonrisota tamaño supersize. ¡Si eggque me lo comería!! Quien podría pensar que algo “tan pequeño” puede llevar la batuta de nuestras vidas y tenernos tan profundamente in love… Aaains…

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