Carta a Éric

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Qué cosas, nunca pensé que tendría un hijo al que llamaría Éric. Claro que tampoco Óscar. Y ahora cuanto más digo tu nombre, más me gusta. Éric. Óscar y Éric. Me mola.

Querido hijomío, hasta que no te tenga en mi pecho, te mire, te huela y te sienta entre mis brazos, creo que no descansaré del todo. Me se la parte que viene después de un parto, no creas, pero no me refiero a ese “descansar”… No me voy a enrollar, ya te explicaré algún día, lo que ahora te vengo a contar es que después de una pérdida supongo que es normal estar más alerta de todo. Yo que no me considero temerosa, me reconozco a veces preocupada. La imaginación y los miedos son traicioneros.

Tal vez por esto, y ojo que negaré haberlo dicho, prefiero que me des las soberanas patadas que me arreas ahí dentro (tu hermano no se movía apenas nada comparado contigo), porque necesito sentirte, saber que estás lleno de energía y de vida, que te aferres a ella, y por extensión, a mi. Aunque te de por juguetear con mi vejiga como si fuera un puñetero cubo de Rubik, y te vengues después de practicar pilates haciendo piruetas rarunas que me hacen poner los ojos en blanco. 

A veces creo que de una patada ninja de esas que estás perfeccionando dentro de mi me romperás la bolsa, porque mira que golpeas fuerte, criatura…

No se qué haces ahí dentro, pero tengo mucho más molestias que en el embarazo de tu brother. Y la alergia, y este calor de mierda me dejan KO. Claro que también tengo cuatro años más que entonces, soy un pollo duro, hijo. Cuando tengas 20 yo tendré… Omaigat, 59.

Pasapalabra…

Diría que tienes prisa por salir, que la bola amniótica en la que flotas se te está quedando canija para tus casi 2 kilazos de miniser. No seré yo quien te impida salir, que la perspectiva de este verano es… ¿Cómo decirlo en un solo adjetivo? Demoledora. No sabes la de personas desalmadas que me dicen una y otra vez que me voy a comer el peor verano de la historia… Coño, que en verano hace calor y en invierno, frío. Calor hace, pero cuéntame algo que no sepa. Porfaplissss.

También quería decirte que mamá, aquí tu contenedora, ha decidido parar. Y tomar aire. Tomar distancia de todo. Para centrarme en ti, ¿Quizá con las patadas me requerías atención? ¿O es que ensayabas una llave ninja nueva?

El caso es que he necesitado volver a respirar, a flotar, a dejarme llevar porque el ritmo que llevaba no era el mejor. En ocasiones, las mujeres en general y las madres en particular, creemos que podemos con todo. Y qué va. Somos la hostia gestionando tareas y optimizando el tiempo, hacemos verdaderos malabares, pero a veces sencillamente el cuerpo avisa. Y entonces, si no antes, es justo y necesario PARAR.

Y claro, te sientes juzgada por la sociedad, por querer bajar del tren. O espera, ¿No seremos nosotras mismas las que nos juzgamos tan severamente, las que nos boicoteamos, las que nos exigimos demasiado, las que nos ponemos altas metas? Me refiero a una misma. Yo vs Yo.

La mamma está como un cencerro, cariño. Vete acostumbrando…

Gracias a tu padre y al médico aquí estoy escribiéndote esta carta en el solar que es mi blog ahora mismo una mañana de miércoles, donde por cierto, corre el airecito y lo agradezco tanto como un donut a media mañana.

¿Y sabes? Necesitaba hacerlo. Pero no lo sabía. Quería hacerlo, pero no lo hacía. Quería escribir, contarte las ganas que tengo de conocerte, de vivirte. Lo cierto es que tú me conoces a mi más que yo a ti. Sabes mis horarios, conoces a la perfección mis pises con alevosía y nocturnidad, sabes que no perdono los picos de la barra del pan, que me vuelve loca la piña fresquita y que no me acerco al queso ni con un palo, conoces mi voz, el timbre de mi risa, el sabor de mi llanto; conoces (por desgracia) mis ataques de alergia, los besos de papá y del bro, la música que me gusta, sabes que duermo entre un sinfín de almohadas y cuantas veces paso por la ducha al día, porque la mamma se pasa el día sudando. 

Tengo un mes y medio para dedicártelo y dedicármelo, antes de ponerte cara. Y volver a estrenar etapa. A disfrutar de otra maternidad, sin miedos ni canguelos de primeriza. Para disfrutar de ti, pequeño, con Óscar y papá, y recargarme a tope de endorfinas para contarlo en este “diario”:)

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5 frases que toda embarazada debería neutralizar

Porque sí. Hay frases y frases. Y vale que no soy primeriza, y no voy con ese miedo tatuado en la frente, con el canguelo en el cuerpo después de que la prima segunda de tu madre te haya contado su horrible parto de 27 horas con pelos y señales. Pero me vais a perdonar pero hay frasecitas que no hay por donde pillarlas.

Lo curioso es que la mayoría de ellas, por no decir casi todas, son de desconocidas o vecinas -que apenas conozco (bien podría ser una sección del mítico señoras que), que te las sueltan así a bocajarro y yo que soy un poco retarder me quedo como si me hubiera dado un aire, incrédula, ojiplática y muda. Bueno, no siempre, que una tiene su límite, pero por lo general, flipo in colors.

También os confieso que mi estado zen de preñati-gorda-feliz-me-resbala-tó hace de paraguas. Pero la verdad es que no deja de sorprenderme y bien merecía el tema un post.

Estas son algunas de las perlas que me han soltado en este segundo embarazo:

1.- “¿Y ese bombo? ¿Vas a parir ya no???” Frase Top Ten. Una de cada 2 señoras me lo dicen.

  • No señora, me quedan 4 meses majetones por delante…
  • Pues esa tripa no es normal, niña 
  • Usted sí que no es normal -pienso

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2.- Teorías varias sobre los años que tienen que llevarse los hermanos.

Señor, llévame pronto, pienso, cuando en la cola del súper la señora de delante me dice que 4 es muchísimo y lo ideal es entre 2 y 3. Mejor 2 y medio. Y puntopelota.

“Llega tarde, señora, el bollo ya está en el horno”

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3.- ¿¿¿Otro niño???

Sin comentarios

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4.- ¿Y lo buscabais?

No, señora, nos lo encontramos una noche con una botella de Rioja entre pecho y espalda.

¿Qué coño de pregunta es esa????? Esta es la que más locatis me deja.

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5.- ¿Para agosto? Madredelamorhermoso -se santigua como si yo portara la semilla del diablo inside-, ya verás qué mal lo vas a pasar.

Ole y ole.

Gracias por la info, señora. Me lo apunto para comprarme un abanico.

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Así que, amiga preñati, por el bien de tus endorfinas en general y tus hormonas en particular, debes aprender a neutralizar el impacto de estas frases, porque igual las hormonas pueden jugarte una mala pasada y no hay necesidad ninguna de que te amarguen ni mucho menos que te alteres por ellas. Tú a lo tuyo, que Señoras que (opinan) haberlas, haylas, y por todos lados, así que mi briconsejo es, sobre todo si eres primeriza: pasarse todas estas frases por el real toto.

Y ya si tienes mi capacidad de desconexión neuronal (al más puro estilo Hommer Simpson) y eres capaz de visualizar un pedazo de donut relleno de chocolate mientras te sueltan la frase de rigor, liberas endorfinas a cascoporro.

Fácil, sencillo y para toda la familia, oiga.

We are living a celebreixon

Entre las cosas que he aprendido meses atrás es que hay veces que es mejor dejar fluir las cosas. Como cuando en verano te metes en el agua, y te tumbas boca arriba dejándote mecer por las olas.

Parece que, por un momento, podamos dejar toda la mierda que llevamos con nosotros (problemas, marrones, bajones…) bajo la superficie, junto a las algas que se enredan en las piernas y las rocas, y sencillamente flotar sobre ellos.

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Como ya sabéis el mes de septiembre fue jodido. Y me dejé llevar, mecer por la corriente de la rutina, la terapia de la charla, y el calor de mi gente… Pero soy de naturaleza inquieta y pronto necesité actividad. No podía flotar eternamente. 

Y parece que el universo tenía un plan B, y para mi era tal avalancha de curro que me distrajo lo suficiente como para mitigar la herida, básicamente porque llegaba tan cansada a casa que no tenía tiempo ni para pensar.

Un mes enganchó a otro y a otro… El plan funcionaba. Fluía. Y una tarde de copas con mis excompañeros de Indra, en concreto con Sem, estuvimos hablando de nuestras respectivas vidas, y mientras sorbía mi segundo Gin Tonic pensé (y así se lo dije) que igual podría estar embarazada (confieso que al hacer este pensamiento en alto, dejé la copa, eh?? jaja)

No le eché cuenta, la verdad, en primer lugar porque no tenía ningún síntoma, y en segundo porque no lo pensaba, y los días pasaron hasta que la víspera de Nochevieja fuimos al ginecólogo al correspondiente chequeo postlegrado (por el tema del hierro, más que nada), y nos dijeron que no solo sí estaba embarazada, sino que estaba de ya de 2 meses. Vamos que en lugar de un bebé, gestaba un ninja que flotaba dentro de mi.

Y yo calzándome  copas de vino, gin tonics, y comiendo carne roja con los frikerizos y batmami como si hubiera un mañana en Garde… En fin, que me quiten lo bailao.

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Lo dicho, servidora espera otro gordito para agosto, con toda la fresca. Un gordito que ha llegado por sorpresa. Un gordito que todo el mundo esperaba gordita (hasta Óscar). Menos yo, que en mi fuero interno sentía que sería otra pitola. Un gordito ninja que me está regalando un embarazo de lujo. Si no fuera por la barrigola, las tetas de Pamela Anderson y el hambre tuentiforagüers, no me enteraría.

Por si eso fuera poco, también tengo que anunciaros que nos casamos. En abril. Por lo civil. Mauri, Óscar, bebé ninja y yo. Lo celebraremos con todo mi bombo, la familia y amigos más íntimos con una comida de lo más informal, una calçotada para ser más exactos. Salivo solo de pensarlo.

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La vida fluye, otra vez, dentro de mi. Y también fuera, a mi alrededor. Y me siento de nuevo flotar. Quizá sea el estado zen que alcanzo cuando estoy embarazada, pero me siento tan agradecida a la vida, a mis amigos, ¡Y qué amigos! No me puedo sentir más orgullosa de ellos. A mi familia, siempre ahí cuando les necesitas, a mis hermanos que son la ostia, a mis padres, únicos. A mis chicos, a mis amores, que son mi vida entera. Endorfinas, venid todas a mi. 

Tenía tantísimas ganas de escribirlo que no me creo que esté ahora frente al ordenador mientras las palabras fluyen prácticamente solas.

Afortunadamente sigo trabajando fuera entre semana -me encanta mi trabajo, confieso-, y parte de los fines de semana (de ahí mi poquita actividad por estos lares y redes sociales). Pero también saboreo el 1.0 como nunca. Así que me perdonen ustedes las prolongadas ausencias.

Gracias por seguir ahí:)

Se os quiere.

La más endorfinada de las Finas ^^

El día que me añadieron a los grupos de Whatsapp

… Del cole, que los de los amigos, aunque algunos spamean más que escriben, a veces te regalan algún meme épico de esos que reenvías hasta que te conviertes tú solica en una spameadora profesional.

Pero yo he venido aquí a hablar de los grupos de Whatsapp del averno. Uy perdón, del cole. Multiplica los grupos por las actividades extraescolares que tenga la criatura, y voilà, tendrás a una madre desquiciada lidiando con 200 y pico mensajes sin leer. El averno hecho tecnología.

Y ojocuidao que una es protecnología y que me parece el Whatsapp uno de los grandes inventos del mundo mundial, pero todo con control, oye, pues mejor. Pero dónde y cómo pones el control… 27 nenes por clase por 2 que son los progenitores (afortunadamente no siempre están los 2), suman la nada desdeñable cifra de 54 personitas escribiendo cosas…. Fiebre del sábado noche, y del lunes por la tarde y del jueves a mediodía, vaya…

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Eso es un no parar, si no es el grupo de teatro, es el de fútbol y si no el de la clase… Si me avisaran de los mensajes pendientes con la voz de un contestador automático sería algo  así como: Tiene – usted – 654 – mensajes – sin – leer – piiiiii … Escalofríos por la espalda…

Virgendelabrigodepana. Paren el mundo que yo me quiero bajar.

A pesar de todo, confieso que los necesito. Sí, una no puedo obviarlos, porque en mi caso, empanada por naturaleza y despistada por despiste crónico, tiene que estar al loro de cuando tienen que ir disfrazados, cuando llevan la manualidad hecha o cuando es el festival del cole.

Y está esa madre que no solo informa cuando hay que llevar la manualidad sino que adjunta una foto, con alevosía y nocturnidad, de la pedazo de creación que se ha marcado (con) “su hija”, y se me queda un careto de WTF bastante resultón. Cuando me debato si escribir algo o meterme en la cama y soñar con el mocetón del anuncio de Dolce & Gabanna, otra madre rauda y más de mi calaña, responde que está genial, sí, pero que ella no ha hecho eso, que solo ha coloreado con su niña la manualidad. Y pos oye, una se va a dormir con una sonrisa pensando que tan mal no lo está haciendo. Mal de muchos…

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Complejo el mundo este del cole, de los padres, los grupos de Whatsapp, el AMPA, y todas sus cosicas… Me siento siempre orbitando alrededor de él.

Ahora que estoy trabajando en una empresa por un tiempo (de ahí mi silencio en estos lares desde septiembre, ni tiempo para mear, oiga) con horarios incompatibles con los del cole, lo cierto es que la información que me llega por estos grupos me viene como agua de mayo, claro que mi tiempo para leerlos y/o responder es limitado. Porque atender tanto volumen de mensajes requiere tiempo. Y de eso precisamente, no ando sobrada.

Y luego para rizar el rizo, tengo en mi haber otro grupo de Whatsapp, pero este es diferente, en él no hay deberes, ni fiestas sorpresa, ni ostias, hay planes para hacer con los peques y fotos divertidas. Se llaman Madres del parque y se forjó en los últimos meses de guardería (y que afortunadamente la mayoría compartimos el mismo cole -una suerte porque Óscar a penas a notado el cambio, está con 4 nenes de la guarde-), somos esas guerreras (y algún guerrero!!) que después del tajo nos juntamos a cascar mientras los niños se rompen la mandíbula en el tobogán (están en esa etapa de Sacamantecas, qué le vamos a hacer…) y que hacen que las tardes sean más llevaderas. Confidencias, gusanitos y risas, ¿Quién da más?

Así que si tardo en contestar a un Whatsapp ya sabes lo que puede ser: es que aún estoy leyendo los taitantos mensajes que tengo sin leer. Compasión.

Pray for (empanated) Fina. 

Operación Cacona in da haus

Antes de meterme de lleno a contaros nuestra Operación Pañal (y digo nuestra porque no solo fue de Óscar, su padre y servidora, sino de sus abuelos, tíos, tías y de quien tuviera a bien cruzarse la criatura) tengo que agradeceros todos vuestros comentarios llenos de ánimo y buenas intenciones.

El blog en particular y el 2.0 en general me han regalo momentos y personas excepcionales, pero jamás pensé recibir tantísimo calor en los momentos ploferas. Que sepáis que me habéis ayudado mucho y he recibido vuestros abrazos como si me los dierais en persona❤  

Realmente ha sido terapéutico escribirlo y sobre todo, compartirlo ¡¡¡GRACIAS!!! 

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Y qué decir de mi mundo 1.0… Tengo la inmensa suerte de tener una familia y unos amigos de quitarse el sombrero. A ellos les dedico este precioso artículo de la amistad tan bien escrito por Rosa Montero.

Ya estoy mejor, al menos físicamente ya no duele nada y eso es todo un puntazo. Ahora toca desalojar a el último grupo de hormonas que se niegan a irse y que hacen que me emocione con facilidad. Sé que es pronto, sé que es bueno echarlo todo pa’fuera. Pero prefiero estar ocupada y no darle muchas vueltas; confieso que a veces la cosa más insignificante me lo recuerda y la garganta vuelve a picar. Poco a poco.

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Así que si os parece, os cuento nuestra experiencia quitapañalera

Este agosto se me ha hecho más largo que un día sin pan. Es lo que tiene pillarte las vacaciones en julio. Que agosto se te hace bola, y más si estás las 24h con el peque (asalvajado, sin rutinas, todo fruto de la estación estival y sin guardes de por medio) en casa, trabajar y estar pendiente de que la criatura no deje mojones por el pasillo. No hija no, que decía Ozores…

[Si a eso le añadís los efectos del embarazo tales como sueño demoledor todo el día y grados de temperatura extra en my body, ya os imaginaréis, el Increíble Hulk y yo, primos hermanos…]

A lo que íbamos… Durante el mes de mayo la profe de Óscar nos recomendó sentarle en el váter y/o orinal para que se fuera familiarizando, con la promesa de que después de un mes el crío lo empezaría a pedir.

El resultado de este mes dándole el coñazo con el tema (cuentos, preguntas, hablamos y hasta le he cantado el Rap de la Cacona in da haus) e intentándolo ha sido (y siempre sentándole nosotros, él solo lo pidió una vez):

  • 3 gotas de pis
  • 2 pises completos
  • Y 2 caconas (Una de ellas accidental de apretar demasié y otra que le puse yo corriendo al verle apretar)

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A finales de junio, le comenté a su profe que quería quitarle el pañal y ver qué tal. Me dijo que no estaba en absoluto maduro y me hizo desistir.

En vista de que las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina, y no es plan de pretender en dos días que la criatura no se meara en un avión durante 2 horas y media y en un viaje en coche de 8 horacas, aceptamos barco.

Durante las vacaciones, y sobre todo en la playita, al estar en pelotingas all day, le pudimos enseñar a mear de pie, hecho que le maravilló y más a nosotros que empezó a pedirnos pis :_)))) Eso sí, caca not found ¬¬

A la vuelta de las vacaciones, a finales de julio el pañal iba fuera sí o sí, el cole estaba a la vuelta de la esquina y su sombra era alargada. Aquí empezó la verdadera Operación Cacona in da haus (o donde fuera pero no en sus calzoncillos ¬¬).

La primera semana, como es normal, fue un poco desastre. Se meó encima unas 5 veces, y caca todo el rato. Tanto fue la cosa, que acabé cansada de lavar gayumbos y muchos de ellos fueron a la basura directamente.

Cuando yo ya no daba un duro por nuestra Operación Cacona in Da Haus, Óscar me dió un ZAASS en toda la boca para hacérmela callar y quejarme menos: Para la última semana de julio, el pis lo tenía controlado, y además lo pedía, ¡BIEN!

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Pero la caca… Error, not Found.

Y ahora llegamos al infierno del mes de agosto: el gordo y yo, solos, cara a cara, pillándonos manía mutua, sudando la gota gorda, poniendo los ojos del gato de Srek a la poca gente -con piscina- que quedaba por los Madriles… Porque solo en remojo nos aguantábamos.

Y aunque el pis lo controlaba a la perfección: de pie, en orinal, en el váter, en la calle…. Los días pasaban en el calendario y aquello era el día de la marmota: Caca sobre caca en el calzoncillo. A veces le pillaba apretando en una esquina y me daba tiempo a sentarle en el orinal (no hay forma que la haga en el váter), y las más de las veces, se lo hacía encima y además te lo negaba con alevosía (y a veces también con nocturnidad).

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Y así fue todo el mes. TODO. Un mes para el recuerdo.

Dos meses después de empezar con la retirada de pañal (por el día), empezó el cole, y sé que allí no se ha hecho caca (a veces ni pis, cuando le voy a recoger hemos tenido que parar “a regar un árbol” porque no llegábamos -secos- a casa).

Hablamos mucho (o hablo yo y él hace que escucha, pero ésto da para otro post ¬¬) de los amigos del cole, que son ya muy mayores y cómo todos piden a la profe ayuda para ir a hacer pipí o cacona en el váter. Creo que esto le ha ayudado mucho (lo de los amigos, que es mayor y todo eso). Si bien en casa se lo ha hecho encima alguna vez, hay días (ayer mismo) en los que me ha pedido hacer un número 2 (por llamarlo de otra manera) y yo, qué queréis que os diga… Canto el rap de la Cacona in Da Haus, lo bailo, lo gozo, le doy un aspito, le hago la ola y creo que hasta lágrimas con caritas sonrientes me salen. Mientras él me mira sonriente, sentadito en el trono, pensando que su madre está chalá perdía.

Y no le falta razón a la criatura.

La chica del legrado

Tenía previsto contaros cómo nos fue la Operación Pañal de Óscar, sin embargo, las circunstancias mandan y este post no va a tener ni dibujines ni está escrito desde el humor que caracteriza a este blog. Y además me ha salido más largo que un día sin pan, pero no he sido capaz (tampoco he sabido) de resumirlo.

Pero necesito contarlo, ponerle nombre y que, al fin, eche a volar.

Os resumo: A finales del mes de julio supe que estaba embarazada. Cual fue nuestra sorpresa cuando nos dijeron que venían dos. Lo cierto es que me pasé el mes de agosto en shock, intentando hacerme a la idea. A mediados de dicho mes, nos dijeron que el crecimiento de los sacos vitelinos no correspondía a las 6 semanas de las que creían que estaba, y me avisaron que igual sufriría un aborto diferido. A la semana siguiente nos dijeron que una de las placentas estaba ya vacía y en la otra, aunque ya se había formado un embrión, no había latido y además un gran hematoma amenazaba con expulsar, no solo a la placenta vacía si no también a la otra. Me recetaron progesterona y reposo absoluto (todo el reposo que se puede tener con una criatura asalvajada – por el verano- de 3 años). Me citaron para la semana siguiente, para el 3 de septiembre. Ahí nos dijeron que el embrión que quedaba tampoco habría sobrevivido.

Desde que nos avisaron de la amenaza de aborto hasta que nos confirmaron que finalmente no había vida, aunque con pena, nos habíamos ido haciendo a la idea de que el otro tampoco iría adelante. Supongo que es una forma de prepararte previamente a que te den la noticia, y no albergar demasiadas esperanzas, ya que la cosa no pintaba bien. Así que a partir de ahí, lo que queríamos era acabar cuanto antes con todo e intentar pasar página.

Nos ofrecieron dos formas de finalizar el aborto que mi cuerpo ya había iniciado:

  1. Legrado evacuador: A favor: es rápido, te duermen. En contra: Requiere quirófano, y entre sus efectos secundarios se cuentan hemorragias, infecciones, lesión en órganos vecinos, perforación de útero… Te lo explican todo en la documentación que te hacen firmar en el consentimiento informado.
  2. Tratamiento médico con Misoprostol : Se trata de un tratamiento con pastillas. A favor: 4 comprimidos vaginales por la noche, cuatro por la mañana, y pasas un día malo manchando tipo regla (más fuerte), pero en tu casita, tirada en el sofá y/o cama, enchufándote ibuprofeno y paracetamol. Su tasa de éxito está en 85-95%. En contra: sus efectos secundarios tales como dolor, sangrado excesivo, nauseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza, astenia. Después de este tratamiento te citan en el Hospital para una eco y comprobar que todo este Ok (o no). También te hacen firmar un consentimiento.

Tenía la experiencia de una amiga que había sufrido un aborto similar; ella optó por las pastillas y le fue bien: lo expulsó por sí misma. Y opté por el segundo.

La noche la pasé bien, y la mañana del 4 de septiembre también, si bien manchaba y tenía molestias, no puedo catalogarlo de dolor. Pero por la tarde se complicó el asunto. Hubo un momento, calculo que fueron horas, que no podía ni levantarme del váter de la cantidad que estaba echando. Mi pobre niño venía a preguntarme si estaba bien e iba corriendo a Mauri a decirle que a mamá le dolía mucho la tipita, porque era incapaz de estar erguida, solo estaba más o menos mejor encogida sobre mis piernas.

En uno de estos momentos, y no me preguntéis en qué estaba pensando y sobre todo por qué coño lo hice sola porque no sabría contestaros, me dije “me voy a dar una ducha calentita“, y supongo que os imaginaréis el resultado. Me caí redonda dentro de la ducha, la cabeza me daba vueltas, pinchazos, oía ruidos, los ojos me hacían chiribitas y la bañera… La bañera parecía sacada del atrezzo de La Matanza de Texas.

Tal cual llegó Mauri con un zumo de naranja y plátano para que me repusiera, y me vio (pobre mío, menuda estampa >.<), llamó a emergencias para que vinieran a por mi, y después a mi hermano César para que se llevara al peque (por Tutatis, que el peque no me viera así).

Mauri me sacó como pudo de la bañera, me secó me vistió y me puso encima de la cama de lado tal y como le pidieron los de emergencias que se presentaron enseguida en casa. 5 personas cargadas de trastos y enchufándome cables y cosas por todos los lados.

Mi hermano llegó y se llevó a Óscar antes de que me sacaran en camilla, ida perdida, tiritando y con sudores. Vamos, pa’chopped.

Hospital-Infanta-Sofía

Afortunadamente vivo cerca de un hospital, así que tardamos muy poquito en llegar. Decir que los de emergencias fueron amables, cariñosos y simpáticos es quedarse corta, porque fueron fundamentales para tranquilizarme.

Una vez allí, la ginecóloga de guardia me examinó y pidió un quirófano para practicarme un legrado de urgencia: para toda la sangre que había perdido no era normal que las placentas siguieran dentro.

Me prepararon para entrar en quirófano. Yo oía como se referían a mi como La chica del legrado. Me tuvieron que hacer una anestesia de cintura para abajo porque había tomado medio zumo (sí, Mauri insistió en que me tomara el zumo) y no podían arriesgarse a hacer la general (para la que se requiere ayuno). Me explicaron todo, paso por paso, tanto de la anestesia como de la intervención. Todo el equipo médico se portó de 10, fueron muy atentos conmigo preguntándome en cada momento cómo estaba, si me dolía, bla bla.

Calculo 10 minutos de intervención donde pude escuchar que había perdido mucha sangre. Después me llevaron a reanimación (porque aún no tenía habitación y era posible que pasara allí la noche) donde pude ver a Mauri y a mi hermano que vinieron a verme hasta las 10, hora en la que debían abandonar la sala.

No soy muy llorona, pero confieso que la situación me superó. Sobre la cama de mi cuarto mientras me pinchaban, me entubaban y demás, lloré; en la ambulancia, lloré. En el quirófano, lloré. En la sala de reanimación, lloré.

De miedo, de dolor, de pena.

No podía parar, no podía controlarlo.

Me encontraba bien pero la anestesia empezaba a dejar de hacer efecto y el dolor volvía de nuevo. Hubo un cambio de guardia y los que se iban explicaban a los que empezaban el turno los diagnósticos de las que allí estábamos, una anciana de -calculo – 80 años que dormía plácidamente y yo, La chica del legrado. Una de las enfermeras nuevas, a parte de palique (que le agradecí hasta el infinito porque estaba terriblemente aburrida y con la de cafés que me había tomado tenía los ojos como un búho y mi cabeza a mil de pensamientos por minuto) me puso un calmante y me preguntó cómo estaba, que lo sentía mucho y que iba a hacer lo que fuera para conseguirme una habitación para que mi chico pudiera estar conmigo y no pasarla sola.

Y lloré, una vez más, porque la humanidad que desprendía esa chavala sobrepasó mi nivel de hormonas viajando locas cual pollo sin cabeza por mi cuerpo.

Me siguió doliendo más y la enfermera de mis entretelas me dijo que me iba a poner una droga maravillosa, que ya verás. Me hizo efecto enseguida, era como si estuviera pedo, qué maravilla, oye… ¡Vivan las drogas!

Después de muchas llamadas escuché que La chica del legrado tenía una habitación, la 466. La enfermera maja vino a contármelo un poco compungida “lo siento, no he podido conseguirte otra. Es que esta es la que está justo en medio de la planta de gine y estarás rodeada de bebés”. Me encantaba la empatía de aquella mujer, pero de verdad que en ese momento lo que quería era poder estar con mi chico. Me daba igual que hubiera bebés.

A las 11 y algo me subieron a planta, y por fin vi a Mauri. Pobre mío, que carita tenía… Claro que la mía era de Walking Dead total.

No dormimos mucho porque entraban a cada rato a cambiarme la vía, a sacarme sangre (“Mira que me queda muy poquita” les decía bromeando) y también volvía a sentir de vez en cuando dolor abdominal. Vino la enfermera que me ayudó a llegar al baño a orinar. Después no paré de hacerlo muchas veces, y me desvelé otras tantas. No creo que durmiera 4 horas seguidas.

A las 7 estaba ya más que despierta y famélica. Ya no me dolía nada, aunque me mareaba un poco. Yo creí que era la falta de sueño. Después me explicaría la doctora que no, que era por toda la sangre que había perdido, que estaba muy muy floja. Me pusieron una bolsa de hierro en vena y un tratamiento de 3 meses de hierro de 2 comprimidos al día, o sea que podía imantarme a la nevera si quería.

Hierro-en-vena

La ginecóloga vino a explorarme y me vio los bajos en particular y a mi en general, muy bien. Me dijo que en cuanto acabara con el hierro en vena podría irme a casa.

Este fin de semana he tenido mucho tiempo para descansar y pensar (Mauri no me deja hacer nada), y no puedo evitar tener en mente a todas aquellas amigas y otras personas que me han contado experiencias similares e incluso peores, en el dolor que se siente, hablo de dolor emocional y dolor físico. Y de nuevo, no puedo evitar llorar (sí, estoy deshidratada de tanto hacerlo!) sentirme vulnerable y pequeñita. Y por qué no, soltar lastre, dejar a la tristeza salir para limpiarse una, llorarlo todo, para poder empezar de nuevo con más fuerza, porque cuando se toca fondo solo queda impulsarse para subir más alto.

No estoy ni bien, ni mal, sino todo lo contrario. Sé que pasará, sé que muchas mujeres han pasado por esto. Sé que pasaremos página. Sé que pasaré página. El libro de nuestras vidas tiene taaantas páginas aún…

No sé si este post ayudará a alguien. Por lo pronto lo escribo para mi, para olvidar y a la vez no olvidar, para retener y para liberar, pero sobre todo para limpiar y empezar. 

Borrón y cuenta nueva.

Fdo: La chica del legrado

PD.- Mis más sinceros agradecimientos al equipo de Emergencias y al personal del Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes (Madrid) por su trato humano, profesional, cercano e impecable. 

Sorteo All You Need Is Love

Parte moñas:

Me lo vais a permitir porque ayer día 15 fue nuestro día (es que no me da la laif, escribo esto a la 1am ¬¬). Y además ocurrió como entonces, hizo un día gris y lluvioso. Que no amilanó mis ganas de plantarme en el Prat. Así como soy yo, que primero hago las cosas y si eso ya después las pienso.

Me planté sin maleta, con un libro de anatomía y un ejército de mariposas en mi estómago. Porque no tenía na más que eso, que no me entraba comida desde hacía días, chiquillo, tampoco dormía… Me tenías enamorada hasta los cartílagos, criatura. Un mes más así y se me queda un tipín ideal😛

Mientras escribo esto canturreo el “All You Need Is Love… Pá pa ra va pááá…” me sale una sonrisa. Y esa sonrisa es por ti, y pa’ti, moreno mío. Gracias por existir, por estar ahí, por ser mi amigo, el pater de mi churrumbelillo, mi chico, mailof… ¡Tantas cosicas ere, cari! Ains, que te quiero, amore ^^

16_junio_2015_diariodeunaendorfina_aniversario

Parte del Sorteo:

Y como we are living a celebration, quiero sortear 3 packs como estos, de productos Suavinex. Cada neceser incluye una esponjita, la loción de masaje Suavinex y el Gel Nutritivo Suavinex.16_junio_2015_diariodeunaendorfina_sorteo_suavinexPara participar en el sorteo tenéis que:

  • Seguir mi Fanpage de Facebook (importante porque será ahí donde comunique los ganadores!!)
  • Dejar un comentario (debidamente identificado. Amigo anónimo, deje usté un email u otro contacto, hágame este favor) en este post sobre el amooog o sobre lo que te salga del señor Pinrel ^^
  • Compartir el sorteo en tus redes sociales con el hastag #SorteoAllyouneedislove

El sorteo estará activo una semana, el martes 23 de junio os comunicaremos los ganadores a través de Facebook!!! Estad atent@s😉

[Sorteo válido para dentro de la península]

Na más, querid@s míos, ¡A participar y a quererse mucho! MUAAA

::: Sorteo cerrado. Resultados en la Página de Facebook de Diario de una Endorfina ¡Gracias a tutti!:::

Señor Pinrel y otras manías de cartel

Imagino que todos los niños tienen sus manías. Sus cosicas, sus rarezas, sus historias que una no sabe muy bien cómo catalogar o explicar (o no) al mundo. Ahí están, coexisten con nosotros en un microcosmos perfecto de rarezas, la de los niños y de sus padres, abuelos y hasta del perro, si me apuras.

Que a Óscar no le apasiona que le toquen el pelo puedo llegar a entenderlo porque yo soy un poco Brave (a mi tampoco me gusta que me toqueteen el pelo, confieso); que no le gusten los platos combinados (él prefiere un plato con una comida y un segundo, con otra), pijada, pero venga, va, aceptamos barco; que cuando saque el estuche de los rotus para pintar, en lugar de usarlos conmigo se dedique a ordenarlos por colores, aunque a veces da miedito, se que es el gen de su padre, que pulula salvaje por su cuerpo serrano; pero que de un tiempo a esta parte tenga que tener diálogos con sus pinreles para poder cortarle las uñas de los mismos, se me antoja una rareza raruna nivel WTF.

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Desde bien pequeño fue dándonos pistas de que el tema de las uñas le daba grimaza. A mi también, oigausté, pero no puedes ir por la vida con las juñas de un astracán, criatura, entiéndelo.

Dialogando con él, las de las manos conseguías cortarlas. Pero diosbendito, la de los pies estaban vetadas. Era como si los estuvieras tocando con manos de fuego, daba respingos, abría los ojos como diciendo “Locaaaa, qué haces, insensata??” y si era preciso gritaba y usaba la fuerza. Y os puedo asegurar que tiene. Mucha.

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Y una ya, desesperadita de ver semejantes mejillones y no poder ni mentarlos (“los pieeees, nooo, mamaaa, los pieess, no!!” Los vecinos debían pensar que se los quería cortar…) sin que un llanto desesperado lo acompañe, decidió un día hacer lo que mejor sabe hacer: el tonto.

Así que una tarde de negociaciones infructuosas, él sentado en la taza del váter enfurruñado y servidora, derrotada, en el suelo frente a él, improvisé una conversación a dos voces con su pie derecho.9_junio_2015_diariodeunaendorfina_senorpinrel– Hola Señor Pinrel, ¿Cómo está usted?

– Estoy que pincho.

– ¿Tiene pupita, Sr. Pinrel? – Óscar es muy sensible a las pupitas ajenas.

– A veces sí, y a veces no, depende del zapato que me calcen.

– Y ahora, ¿Ahora le duele?

– Sí, ahora sí.

Y después de este enfrascamiento / ida de olla / llamémoslo “x”, levanto la cabeza y veo al peque súper entregado a la charla, esperando un desenlace, así que veo el cielo abierto: “Óscar, le cortamos las uñitas al pie derecho? El Señor Pinrel tiene mucha pupita, pobrecito…

Con una carita de pena absoluta (tuve que seguir en el papel de mediadora entre pie y dueño, y no comérmelo con patatas) me dio el visto bueno y supervisó la operación mientras el Sr. Pinrel agradecía enormemente que le hubiéramos quitado las garzas.

Ya me veis, locatis perdida entre el curro, los sudores de la muerte (que bajen el termostato, porfaplis, que no puedo con esta calorina) y la ventriloquia. ¿Alguien da más? Si es que necesito un trago (O dos)… Menos mal que ya queda menos para la Party 2, ¡Yeaah!

La cama grande del nene y el fin del colecho

Era un día cualquiera. Serían las 7, las 8… Qué más da. Cuando no duermes una mierda, las horas son meros números.

Me quité el codo de mi hijo de mi boca y me levanté. Miré el Twister que estaba montado en mi cama, con una pierna del pater por allí, una mano del gordo por allá y un mondongo de sábanas sudadas entre los dos y me dije que aquello tenía que acabar.

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One more time lo repito: El colecho no es para mi.

Una misma frase cada madrugada anunciaba jarana “Quiero dormir en la cama grande“. Sentenciaba el gordo haciendo acto de presencia a mi vera…

Y yo, hijo, y yo, quiero dormir en una cama grande, bien graaande, y a ser posible, ya que estamos, sola. Y sin despertares nocturnos y apariciones marianas. Del tirón. 

¿Hay trato?

Pero no lo había, claro. Él ganaba. Siempre. Que fueran las 4am y no tener el toto pa’ruido hacía bastante sencilla la batalla para el peque…

De tantas noches durmiendo (por decir algo), poco y mal, las cabezas pensantes de sus progenitores estaban como anestesiadas y de pensantes muy pero que muy poco (corchopan, basicly), pero se nos ocurrió quitarle la cama de niño, plantarle un colchón de 2m de largo y 80cm de ancho en su cuarto (para probar), y hacer un par de cambio de sitios de los muebles para simular que era un cuarto nuevo. Y sobre todo, insistir en que aquella era la nueva cama grande del nene. La mejor del mundo mundial. Toíta para él.

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Yo no daba un duro por nuestro plan, peeeeero como esto funciona a base de ensayo/error, aquí estamos Living La Vida Loca porque aún no nos creemos que Óscar vuelva a dormir bien :_)

No fue de la noche a la mañana, ojocuidao. Los primeros días nos teníamos que quedar un ratico con él a su vera convenciéndole de las bondades de su nuevo rincón chill-out, cual vendedores ambulantes de colchones. Que si así podría dormir con todos sus muñecos, que fíjate qué grande y larga, bla bla… Promesas de una vida mejor. Y de unas noches de blanco satén.

Para nuestra sorpresa, la lobotomía a la que le sometimos al angelico hizo efecto, y a la semana, comenzó a dormir del tirón con alguna petición aislada y noctámbula -y a gritos- de agua. Pero desde su camita. Bueno, desde su Señora Cama.

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A día de hoy sigo sin creerme que el apaño gipsy funcionara. Aún no puedo deciros qué fue lo que le hizo que el niño de la curva le poseyera y qué lo que le exorcizó. Lo que se es que -y toco madera- ¡Dormimos! ^^

Con vuestro permiso, voy a seguir cantando FELICHITÁÁÁÁ!!! :__)

And the winner is…

Los días van pasando, y debo reconocer que las cosas van mejorando. A pesar de la familia de virus que se ha instalado en casa (padre con neumonía, gordo acatarrado de nuevo y con una gastro sospechosa que me temo es de tragarse media piscina cada vez que va a natación… Y yo sorprendentemente resistiendo), dormimos algo más.

Pero esto lo dejo para el siguiente post…

Ahora vamos al lío: ¡Resultado del #sorteorelaxingmom! ¿Quién se va a llevar este pack tan chulimolón, eh, eh? Bodegon_relaxingmom_diariodeunaendorfina_rrss Como ya sabéis ayer a las 00:00 se cerraba el chiringo, nos fuimos a mimí y esta mañana la mano inocente (!) del gordito sacaba un número…

Redoble de tambores….

:::: TACHÁÁÁÁN ::::

21_abril_2015_diariodeunaendorfina_resultado-sorteorelaxingmom ¡¡Enhorabuena Una mamá en la cocina !! Cuando puedas, escríbeme a diariodeunaendorfina@gmail.com para darme tus datos postales ^^

Solo me queda daros las GRACIAS a todos por vuestra participación, no esperaba para nada tanto número :))))