Hermanos y mutantes

Las cosas han cambiado mucho por estos lares. Os confieso que me gustan los cambios, creo que cuecen y enriquecen, sin dejar de reconocer que también inspiran vértigo. Pero despiertan el sistema de uno, activan los sentidos, estimulan el alma. Nuevos retos a la vista. Y estos han llegado con Éric.

El año pasado éramos 3, y más o menos nos organizábamos sin tener la sensación de que nos hubiera pasado una apisonadora por encima; ahora somos 4, ¡Y qué 4! Hemos añadido a la chupipandi un pequeño feliciano y a la vez abuelete gruñón atrapado en el cuerpo de un miniser de maxilorzas de un año. Y sí, por supuesto que ya no es una sensación, es un hecho, porque cuando caemos en la cama estamos literalmente reventados. Acabados. Trozocarne con ojos. Me reitero en mi pregunta: ¿Cómo lo hacen los padres de 3 en adelante? Póngame su secreto en los comentarios, háganme el favor.

A sus pies.Además, tanto ha cambiado la cosa que ahora es el pater quien está más en casa pasando más tiempo con los churrumbeles y una servidora trabajando fuera de casa. Así que mi tiempo de ocio es limitado, y necesito dedicar los fines de semana y fiestas de guardar a mi familia de pitolas y a descansar en la medida de lo posible (el bebé nos regala algunas noches de blanco satén y otras de bohemia y de ilusión ¬¬ -léase con ironía de la buena).

Óscar se ha adaptado fenomenal a la nueva situación. Tanto es así que se traga los dibujitos con canciones taladracerebelos para bebés (se cuelen en tu mente, se quedan agazapados y de repente en una reunión te descubres cantándolo por lo bajini. Muy triste, I Know) que le ponemos a Éric, así como éste se traga los dibujos de Spiderman. Ambos son carne de televisión, independientemente de la mierdaca que echen (mi madre me dice que yo era exactamente igual de empanada frente a la tele. Rasgos bonicos que heredan las criaturas…).

Aunque la verdadera adoración tiene una sola dirección y es de Éric hacia Óscar. Ya puede estar berreando el bebé, que le plantas al mayor frente a él, y le nace la sonrisa más bobalicona y bonica del mundo. De adoración, de “ay ay ay que me hace caso”, de amor sobredimensionado.Óscar se deja querer, y de vez en cuando le regala monerías, mimos o atenciones. Momentos contados que Éric paladea con su felicidad y agradecimiento habitual. Le quiere mucho y nos lo hace saber con dibujos o preguntando si el hermanito está dormido cuando no le ve. Yo con eso me conformo. Tienen toda la vida para vivir su relación de bros.

Y nosotros, los paters… Pues con deciros que tenemos aún varias cajas de esas de experiencias, acumuladas de cumpleaños, navidades, etc., cogiendo polvo en la estantería en lugar de fomentar echarlo xD. Esos regalos deberían venir con servicio de Babysitter incluido, porque ya me diréis… Encaromar a dos criaturas no es lo mismo que a uno, y la última vez que dejé a mis padres a los dos, cuando llegamos a por ellos, les faltó dejárnoslos en el felpudo, jajaja, estaba ya todo recogidito en la entrada en plan “hasta luego Maricarmeeeen“. Y ojocuidao que lo entiendo perfectamente.En fin, así están las cosas y así se las hemos contado. Estamos adaptándonos al cambio, pero felices por tener nuevos retos y metas en mente. A veces el camino es difícil, pero es necesario. Y si el camino lo hacemos con nuestros chinorris, las risas están aseguradas! Óscar en esa edad en la que lo mismo te suelta un razonamiento tronchante, que te acribilla a por qués, que se enzarza en subjuntivas imposibles. Y Éric ya es consciente de cómo llamar la atención haciendo monerías varias.

Dos hermanos que se parecen por fuera pero no pueden ser más diferentes: el mayor se debate entre el rollo ese de “ya soy mayor” y veo Spiderman, Batman y Pokemon, y la infinita atracción por Mickey, Peppa Pig y la Patrulla Cansina, por poner un ejemplo. Es prudente, metódico, tierno, bromista y observador. Éric aunque solía ser pachorro (puro postureo: sospecho que sus 12 kilos de carne fomentan el pachorrismo), está mutando hacia un culoinquietismo, no para de hacer la croqueta, no gatea pero va marcha atrás sentado y moviendo una sola pierna (ojocuidao el arte que se gasta, que parece un compiyogi), se ha caído de nuestra cama porque tiene la imperiosa necesidad de ver qué hay ahí abajo, él se apunta a una ronda de aspirinas, es un cotilla de primera división, explorador, cabezota, a veces gruñón pero siempre sonriente y agradeciendo que le carguen encima. Comparte con el hermano mayor lo de observador, lo mira, qué digo mirar! lo estudia todo y a todos, con su ceño fruncido, como si su pequeña mente estuviera procesando datos matemáticos. Expectantes estamos a ver cómo evoluciona este miniportero. Y no de fútbol precisamente.Mis 40 me han sentado estupendamente, muy zen y relaxingcup; me pillan en ese camino del cambio, de la metamorfosis, en este haz de luz donde estamos los 4 juntos y revueltos. Mutantes felices buscando su sitio en el mundo.

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El segundo

Ya me habían hablado de que el segundo lo va recogiendo todo del primero. La ropa, los juguetes… y hasta las ganas de los padres. Que no es que no tengamos ganas de comernos a besos a nuestro chinorri gordaco #2, que no, pero que vamos con más flojura, ya te lo digo yo que sí.

Me explico: Flojura en la mandanga esta de la crianza, palabro en el que te estrenas con aprensión y miedete con el primero. Flojura en cuanto que M(P)aternidad ya no te viene de nuevas. Y ojocuidao que siempre hay cosas que te son nuevas, básicamente porque el nuevo miniser es diferente al mayor.

Flojura de vida es la que llevamos, oiga. Con el primero recuerdo noches que ponía la mano encima de la naricilla del baby mientras dormía para ver si respiraba, asomada a la minicuna con cara de loca, con los ojos muy abiertos, mezcla de cansancio y sueño y locura transitoria. Con el segundo, si después de cada toma le cambiamos el pañal, ya es todo un hito.

Vale que para que vivamos en este flow es necesario tener un perro pachón como tenemos por bebé, que come-caga-duerme-sonríe en un bucle infinito, vale. Pero en general uno ya va más relajado, porque ha estudiado para el examen.Desde mi experiencia os confesaré que con el segundo se te olvida todo. Vale que se llevan más de cuatro años, los suficientes como para que tu cabeza resetee, y los necesarios para acordarte de lo básico, de lo primario, de lo esencial: de disfrutarlo, no de sufrirlo.

Hay cosas que no se olvidan. Ahora bien, lo de despertarse por las noches, una quiere olvidarlo, pero claro, no es tan fácil. Pero también lo haces con flojura. Primero pruebas a ponerle el chupe cuando el miniser se queja. Luego, una caricia aérea. Después un ea-ea. E igual a la tercera vez que se mueve inquieto, ya si eso te levantas y le haces un bibe. Madre desnaturalizada y floja.

Con respecto al primero veo taaantas diferencias…

1.- Para empezar, yo misma soy diferente (más viejuna, y más sabia)2.- La casa está llena de fotos de Óscar; de Éric creo que solo hay una. E impresa en papel. 

3.- Con el primer hijo, todo fueron regalos. Con el segundo, casi ni visitas. Visto un chinorri, vistos todos.

4.- Cuando Éric tiene moquetes/tos/catarro los pasa a pelo, pero no pisamos la consulta (a no ser que haya fiebre o algo raro, claro). Porque como buen hermano pequeño, se lleva para él los virus que su bro le trae del cole. Toditos para él. A granel.

5.- Con Óscar recuerdo poner coladas solo con su ropita, con Norit y tal. Con Éric todo va junto, la nuestra con la del bro (que viene del cole como si viviera cada día una Tomatina, me no entender). Todo junto, ahorrando energía (y tiempo).

6.- Además el angelico sobrevive con más manchas encima que su hermano a su edad. ¿y sabéis qué? Pues que no pasa nada. Vamos a dar prioridad a lo que la tiene, y un pantalón manchado de pera, no lo es. (Aunque luego descubras que la puñetera pera es radioactiva y la joía mancha es impertérrita)

Tres cuartos de lo mismo pasa con los baberos. Cartón piedra cuando los echamos a lavar, oiga.7.- Como el gran heredero que es el segundo, Éric ha heredado juguetes, trastos y mordedores del hermano mayor. Como éstos últimos dan cosica, por lo sobados que están, me he permitido el lujo de comprarle un par de ellos nuevos, que ha declinado amablemente prefiriendo usar como mordedor cualquier cosa no homologada para tal efecto, como un paquete de toallitas o el prospecto de un medicamento.

8.- A pesar de haber nacido en temporadas diferentes, Éric estrena poca ropa. Me han dejado mucha, y es tan grandote que le vale la del hermano con 9 y 12 meses. También estiro lo que puedo…

9.- Con el segundo, a partir de cierto mes, una vez todo va rodado, comulgamos con la filosofía punkarra: Pasamos de esterilizar y hacemos purés a ojo, echando a la olla cual Panoramix verduras varias, conjurando para que semejante perolo valga para mayor y pequeño. Recuerdo con Óscar (al principio) ser súper escrupulosa haciendo los purés y las papillas de frutas. Solo diré en mi defensa, señoría, que la primera papilla de frutas de Éric fue de tarrito. En plena calçotada. Pim-pam.10.- Y esto es lo mejor: nos resbala toda opinión, que con el primero era susceptible, como poco, de hacernos dudar. No es que no atendamos a cualquier comentario, no, pero hay opiniones y opiniones. Ya sabéis a lo que me refiero. Pues eso, por el arco del triunfo.

En definitiva, y siempre hablando desde nuestra experiencia, no puedo decir que con el primero no disfrutara, peeeero con el segundo lo estamos gozando como unos locos, sin preocuparnos quizá de si está bien o mal, nos guiamos más por nuestro instinto. 

Así que ya lo sabes, si me ves un poco en la parra, puede ser que esté a mil cosas y aún esté procesando (vicisitudes de un progenitor multitask) o bien que Mojo haya hecho acto de presencia en mi cabeza y le esté dando caña a los platillos. ¡Cero dramas, oiga!

La madre que me parió

No, no estaba de parranda, estaba de vuelta al curro, en una oficina y a tiempo completo. Y no, no me da la laif… Será el mundo viejuno este en el que me hallo inmersa y tengo la energía justica para torear los días con algo de dignidad (y mucho café) o es que hay algo que me pierdo… Llevo meses con este post! WTF?27_febrero_2017_diariodeunaendorfina_mundoviejuno

Una pregunta que os hago a las madres de dos, pero sobre todo a las de tres y más, que tienen blog/hobbies/whatever, ¿Me podéis decir cómo leches lo hacéis? ¿Hay algún secreto? ¿Unas gotitas de sangre de unicornio en el café? ¿O es que no dormís directamente? Algo tiene que haber… Ahí os dejo esta profunda reflexión para estrenar el primer post del 2017…

La cuestión es que yo venía a hablaros de mis santos padres y el dilema que me causa dar con algo de regalo que realmente les sorprenda. ¿Qué se les puede regalar a unos padres que tienen de todo y a los que la edad les hace sumamente escépticos? Quería marcarme un detalle por estar siempre ahí, por cuidar de Éric con tanta entrega y cariño (mi padre que está jubilado lo está gozando cosa mala), por ayudarnos tanto y por darnos tuppers del amor 🙂

Digo padres pero en realidad estoy pensando en mi madre. Mi padre es relativamente fácil, él con una colonia, un jersey… Cualquier cosa le va bien al angelico. Yo les hubiera regalado un viaje, que es lo que mi padre desea con verdadera ansiaviva desde que se jubiló, pero aaaamigo… Aquí topamos con su talón de Aquiles: la mía mamma.

La mía mamma es molto difichile. No le gusta viajar (si no es al pueblo -para mi no entra en categoría de viajes), no le gusta el avión, ni el barco. El tren igual algo, pero tiene sus cláusulas.

El mar le da pánico porque no sabe nadar la pobre, y aborrece el sol porque es de piel blanca, pecosa y ojos claros.

Y en cuanto a objetos… Bisutería no puede ser porque tiene alergia a aquello que no sea oro y/o plata. Cuando es de oro y/o plata tuerce el gesto y dice “es mono pero no sé cuando me lo voy a poner” -prefiero no interpretar la frase-, y te pide el ticket de compra. Cuando es un jersey te dice que ya tiene muchos, eso sí, te lo agradece eh? pero también te pide el ticket. Libros no lee, pelis dice que vista una, vistas todas.

27_febrero_2017_diariodeunaendorfina_lamiamamma

En fin, que una tiene que currárselo mucho. Y digo una porque mis brothers sabiendo la tesitura que gasta la progenitora, me llaman para decirme que qué he comprado a mamá y que ellos colaboran poniendo pasta. Hasta que me planté y un año les hice, desde el más profundo del cariño, una peineta. Peineta sentida donde las haya, pero oiga, not. Aquí todos hemos venido a jugar... Y cual ruleta rusa… ¡Juguemos! xD

Un día vi por las Redes Sociales que Violeta ofrecía las minisesiones de navidad (*), y se me encendió la bombilla, esa misma que a veces parpadea a punto de fundirse. ¿Por qué no regalar una sesión de fotos? Me parecía una buena ocasión para juntar a toda la family para inmortalizarnos, y así de paso actualizar nuestra última foto juntos, que data de la boda de mi brother, allá hace 10 años, todos disfrazados de señores y señoras de vida alegre, y por supuesto sin hijos/nietos de por medio. Vamos, que ya tocaba.

Además al ser una sesión de 45 minutos se me antojaba ideal para que las fieras no reventaran la sesión ni echaran espuma por la boca de cansancio.

27_febrero_2017_diariodeunaendorfina_listaquehaceres

Fue proponérselo a mis hermanos y abrir mucho los ojos de emoción. “Oh” alcanzaron a decir. Yo lo interpreté como un marrón menos un tachado de la lista de quehaceres familiares. Regalaco.

Problema de base: Mi mamma odia, del verbo odiar muy fuerte, hacerse fotos. Dice que sale mal. ¿Os acordáis del capítulo de Friends cuando Chandler tenía que hacerse fotos para su boda con Mónica y ponía muecas siniestras? Pues algo así, pero con cara de sustaco.

Así que la llevamos engañada, a la pobre mía, pensando que era una frugal comida familiar en un restaurante cualquiera del extrarradio de Madrid. “Ponte guapa” le dije por teléfono el día de antes. “¿Es que acaso voy fea?Touché. Mi mensaje era más bien: no vengas en chandal. Pero me callé, claro.

Quedamos en el Parque del Capricho, que por el súper día de invierno precioso que hacía, parecían las rebajas de la cantidad de gente que había. Y mi madre insistía: “¿Pero qué hacemos aquí?“. Y yo, toda bucólica pastoril “Na, mujer, mira qué día más maravilloso hace, vamos a aprovechar a dar una vuelta por aquí y ahora nos vamos a comer“. Mi madre me miraba frunciendo el ceño, porque no es tonta, y yo soy más de asfalto que los parquímetros.

Y apareció Violeta cargadica hasta las cejas con un bolsón azul de Ikea repleto de atrezzo para las fotos, su cámara de fotos y su sonrisa. E hice las presentaciones. La cara de mi madre fue un poema, pero le pedí encarecidamente que se dejara llevar y le diera una oportunidad. Una oportunidad a una profesional, que no iba a ser lo mismo que un selfie guarrero con el móvil castaña de mi santo padre donde todos parecemos entes, siempre desenfocados y difuminados.

No solo se dejó llevar sino que me consta que lo gozó. Nos reímos mucho durante la sesión, íbamos hablando, andando, cambiando de sitio, disfrutando del parque y del día de sol, jugando con los peques… Violeta trabajó como una ninja eficiente que se mezcla sigilosamente con el grupo, capturando así instantes mágicos. Está pero se te olvida que está, y uno se relaja. Se deja llevar. Se nos pasaron los tres cuartos de hora en un santiamén. Y os digo una cosa, esta sonrisa de la mamma bien mereció la sesión:

27_febrero_2017_diariodeunaendorfina_endorfamily

Cuando Violeta me pasó las fotos, mi madre flipó. “¡Salgo hasta guapa!” me decía. A mi me parece que ella es guapísima, ojocuidao, le echan muchos menos años de los que tiene, pero siempre se ha visto feucha, y ahora fea y vieja, yavestú. Cosas de la autoestima que ya con taitantos es imposible cambiar, aunque su marido, hijos y nietos le digan lo contrario.

Y amén de ser un regalazo, pasamos un día increíble en familia, y tenemos sendas casas con fotos actualizadas y monérrimas de la tropa, ¡Que no es poco! Todos contentos, pero sospecho que he puesto el listón muy alto y he abierto de nuevo la puerta para que el año que viene mis hermanos vuelvan a llamarme para ver si he pensado algo para la mamma ¬¬

 

(*) Empecé a escribir este post después de las navidades, y sí, con dos collons lo acabo a finales de febrero. Ole mi toto, yeaaah.

III. Hermano mayor

Y queda la tercera entrega: Qué sucede cuando uno se hace hermano mayor.

Durante el embarazo de Éric, Óscar no mostró gran interés por el que es ahora su hermanito. Si bien cuando mis sobrinas me acariciaban la tripa y hablaban con el bebé, Óscar las imitaba. Cosa de segundos, ojo. Y al día siguiente la pelota que era mi tripa seguía pasando desapercibida para él. No le daba gran importancia. Tendría toda la vida por delante para interesarse o no por el brother.

Como ya habéis leído en anteriores entradas, pasé un puerperio fino filipino. Las hormonas me traicionaban constantemente en su loco viaje kamikaze hacia mi hipotálamo cortocircuitado. Pero cuando más lloraba era cuando venía Óscar al cuarto (esa estancia donde Éric y yo nos pasábamos las horas) a pedirme que echáramos una partida al juego de cartas de Cars y a demandarme atención en general (normal, de repente, su madre había sido abducida por un miniser, que eso nadie se lo explicó al pobrete mío).14_nov_2016_diariodeunaendorfina_hormonasEl caso es que en el hospital, Óscar pasó tres kilos y medio del bebé. Estaba claro que la nueva situación, por más que se la hubiéramos explicado, le era totalmente ajena. Éric le trajo de regalo el camión de Cars, y se dedicaba cada día que iba a visitarnos a jugar en el suelo con él y a ignorar al resto de los humanos que se hallaban en la habitación. Miento, a su padre sí que le hacía caso, le abrazaba y le besaba como si le fuera la vida en ello. A mi, quizá por estar con el bebé, ni se acercaba. Un trocito de mi corazón se iba desprendiendo cuando me evitaba. Eh! Sabía perfectamente que había que darle su tiempo y espacio, pero como os digo, las hormonas estaban ahí, locatis perdidas, apretando la garganta, metiendo el dedo en el lagrimal…

De vuelta a casa, y con bebé perdiendo peso y yo para que me picaran los pollos, el pobre mío debió pensar que aquel miniser había transformado a su madre en un zombie. La primera semana en casa Óscar parecía respetar el nuevo estatus, quizá por ser la novedad y observar desde la distancia. Pero poco a poco pasó de evitarme a buscar hacerme daño. Se que de forma inconsciente, que es un niño, pero mi corazón seguía deshaciéndose en una madeja de sentimientos encontrados. Me decía cosas para hacerme daño, se enfrentaba a mi e incluso llegó a pegarme en varias ocasiones. Y cuando yo intentaba dialogar con él y acababa llorando, más me atacaba. Supongo que había dado con mi talón de Aquiles, ese que yo le había tocado a él cuando se sintió desplazado por el nacimiento del hermanito.

No os negaré que la doble maternidad se me hacía bola. Menos mal que el pater añadió a su baja paternal tres semanas de vacaciones porque me hubiera dado un ictus entre las preocupaciones, el no dormir y mi cuerpo jota.14_nov_2016_diariodeunaendorfina_argComo consejo, el pater me sugirió que me mantuviera firme o en su defecto, que intentara pasar de Óscar cuando éste me atacaba, ya fuera verbal o físicamente. Dominar a las locas de las hormonas me costó la misma vida pero logré no solo no llorar cuando me iba a pegar o me insultaba, sino ignorar estos hechos o intenciones y por supuesto decirle muy asertivamente que no volviera a pegarme.

Como todo en esto de la maternidad, es un ensayo-error, ensayo-error…

Pero parecía que la cosa mejoraba, aunque lo que verdaderamente fue un antes y un después en la nueva relación, fue el día que Mauri y yo hablamos con Óscar y le dijimos algo que era obvio pero que es necesario decir mucho más a menudo de lo que lo decimos. “Te queremos mucho, Óscar, y ahora las cosas son diferentes porque ha nacido un hermanito con el que jugarás mucho, pero te seguimos queriendo igual o más! Si vas a ser el mejor hermano mayor del mundo mundial, ya lo verás, ¿a que sí? Eres el mejor, cariño, gracias por ayudarnos, sin ti no podríamos hacer esto”

No encuentro adjetivo para calificar el mega abrazo que nos dio Óscar. Lo reconfortante que fue. La luz que desprendía la sonrisa de mi niño. Los trocitos de corazón que semanas atrás se fueron cayendo, los recompuso él mismo con el suyo. Tan pequeño, tan generoso… Tan sensible. Confieso que no daba un euro por aquella charla, pero esas palabras, pausadas y por supuesto lideradas por el pater (no estaba yo en mi momento más zen) de repente lo pusieron todo en su sitio. Como un gran RESET.

Luego vino el colegio y acabó de poner todas las piezas en su sitio. Bendita rutina.

Y como un título de cualquier película de la sobremesa de Antena 3, volvimos a empezar. Y al tomar la decisión de dar biberón a Éric, pude empezar a hacer cosas a solas con él, y la cosa gano 1.000 puntos más. Tiempo para él. Espacio para los 2.

Desde entonces la cosa ha ido rodada, le pillo contándole sus cosas al bebé, poniéndole el chupe, cantándole canciones… Yo me derrito viva, ya imaginaréis…

Cuando Éric empiece a hacer monerías ya os volveré a contar, jajaja, pero por lo pronto, Óscar se ha graduado en el mejor hermano mayor around the world 🙂14_nov_2016_diariodeunaendorfina_graduado

II. My baby blues

En estos momentos de silencio en casa, me debato entre depilarme (justo y necesario), escribir en el blog o echarme una siesta.

Uy, me vais a perdonar pero los astros se han alineado y las dos fieras duermen, así que aprovecho a dormir lo que me dejen, que no es poco.

… Zzz…

Ya. Tres cuartos de hora na más ha sido, pero oye, que he soñado y todo. GLORIA BENDITA. Y es que volver a tener un bebé es lo que tiene… Añade un niño de 4 años con tendencia a hablar en bucle y a gritos, y nada, ya estás preparada para ingresar en la López Ibor.18_oct_2016_diariodeunaendorfina_sopasknoor350Al lío, que tengo un ratejo ahora que el bebé me mira desde la hamaquita y el mayor ve Bob Esponja.

Yo os quería contar qué tal fue el postparto y tal. En el hospital empezamos bien, me recuperé muy rápido (tuve un desgarro y me dieron un par de puntos, pero no me molestaron) y Éric parecía que se enganchaba a la teta, hecho que ansiaba por encima de todas las cosas, ya que Óscar nunca llegó a hacerlo.

Pero día a día aquello iba doliendo más: la fuerza del pequeño al succionar, no acabar de pillar toda la areola (solo el pezón, por lo que aquello estaba irritado no, lo siguiente) y las malas posturas (por el dolor, me costaba relajarme), fue el inicio de una lactancia regulera.

Los profesionales del hospital me ayudaron mucho, con trucos y claves (más tooodo lo que yo había estado leyendo), pero claro, tenían que seguir haciendo su trabajo (desde aquí reivindico talleres de lactancia en los hospitales de una o dos horas -no un cuarto de hora- para las madres que quieran dar el pecho y les cuesta la misma vida), y una se quedaba sola (*), con sus tetas pa’chopped, sus dolores varios y su bebé enganchado cual little pirañita.

Desde el hospital nos alertaron que el bebé no mojaba los suficientes pañales -si llegaban a tres era un milagro 😦 – y que debería coger algo de peso (no ganaba ni un gramito, mi chico). O bien nos quedábamos una noche más o bien nos íbamos a casa y volvíamos al día siguiente prontito para hacerle pruebas. Nos quedamos, claro. Seguía sin mojar lo que debiera y sin acercarse ni de lejos a su peso original, pero como estaban los análisis bien, nos dieron el alta, eso sí, insistiendo en que le lleváramos no muy tarde a la matrona o pediatra para controlarle.

Y en casa empezó la película de terror. Sábado 20 de agosto, calor infernal, molestias varias, como una Sra. Almorrana tamaño círculo rojo de la bandera de Japón (de la bandera tamaño REAL) y un bebé que podía pasarse tranquilamente 5 y 6 horas cogido de la teta… No pasar una hora y volver a empezar… Mis pezones iban desdibujándose entre sangre, Purelan (que no me hacía nada), Vea Oleo, leche materna, agua y jabón. Y lágrimas, las mías, porque día a día aquello dolía y dolía cosa mala. Solo con pezoneras me dolía “algo” menos…
18_oct_2016_diariodeunaendorfina_censuradoMe pasaba el día llorando. ¿Depresión postparto? ¿Frustración porque no veía la luz al final del túnel? ¿Era por los dolores en general o por no ser capaz de establecer la lactancia de una vez por todas en particular? ¿Podría donar mis pezones para el atrezzo de Walking Dead? ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

Como no sabía si aquello era lo “normal” o no (que doliera taaanto), pedí ayuda a amigas que hicieron todo lo que estuvo en sus manos para echarme un cable, ya fuera en persona como vía Whatsapp (no olvidemos que Éric nació en plena temporada estival y medio Madrid, por no decir que Madrid entero, estaba de vacaciones) (**). Cristina y Becky vinieron al hospital para orientarme y darme consejos desde su experiencia. La primera me recomendó una asesora de lactancia, Bea, con la que me cité aquí en casa. Las dos horas que estuvo, puedo decir que fueron las dos horas más esperanzadoras de toda mi lactancia frustrada. ¡Éric iba pillando toda la areola! Podía incluso dar el pecho sin pezoneras sin ver las estrellas…

Bea me explicó que un mal agarre por parte del bebé significa una mala transferencia de leche, hecho que explicaba que el bebé no cogiera peso a pesar de estar amorrado a la teta sesiones eternas.

Pero yo seguía viajando en una montaña rusa emocional, y por la tarde volvimos a bajar en picado: no conseguía que Éric se agarrara, ni bien ni mal, él lloraba y yo también, el peso de mi chinorri disminuía, seguíamos sin mojar pañales y para más inri cuando le cogíamos para ponerle a la teta, se le iba la cabeza porque estaba como amodorrado… Si a eso le sumamos el viaje kamikaze de mis hormonas, no dormir nada y los 32º de las noches de verano, hacían un montante de puta locura.

Recuerdo no disfrutar de mi bebé. Recuerdo rezar porque pasaran aquellas semanas del infierno. Recuerdo mucha tristeza y dolor. Hasta que Mauri me dijo una madrugada, después de un show de sacaleches, grietas, sangre, pus de mis pechotes heridos (más inicio de mastitis en uno, del que no me salía ni una santa gota de leche), que se iba a una farmacia de guardia a comprar un bote de leche de fórmula, que el peque estaba ido y yo también, y que ya estaba bien. Menos mal que puso un punto de cordura porque yo, confieso, la había perdido.

Y remontó. Y yo con él. El peque empezó a demandar la jala, y a mojar pañales a tope. La lactancia mixta, pensé, sería una buena idea para que mis maltrechos pechos descansaran algunas tomas. Pero cual fue mi sorpresa, que aquello dejó de producir. Y extraerme lo poco que sacaba con el sacaleches volvía a hacer sangrar mis heridas.

La decisión estaba clara, optamos por la lactancia artificial. Yo tenía una amalgama de sentimientos encontrados: por una parte, quería seguir, pero por otra me moría de dolor. Confieso que lo que me hizo desistir fue definitivamente el estado de Éric.

Si con Óscar la presión que sentí con respecto a dar el pecho fue externa, esta vez fue mía y solo mía. Estaba tan convencida que esta vez podría, que no era capaz de ver más allá de mi cabezonería.18_oct_2016_diariodeunaendorfina_mamayeric

Una vez tomada la decisión en firme, fui viendo la luz al final del túnel. Mi bebé hasta sonreía (o quizá era mi felicidad reflejada en su carita), y por supuesto, yo también. Donde haya una mamá feliz, hay un gordito más feliz aún. Y eso es lo que verdaderamente importa.

Y así acabó nuestra historia de mi segunda lactancia frustrada, y empezó de verdad nuestra vida de 4 a tope de endorfinas 🙂

 

(*) Mauri estuvo conmigo en todo momento, me refiero a sola con el tema teta -dolor…

(**) Gracias a todas por vuestra ayuda y consejos, a pesar de no poder ser, gracias de corazón a Patri, Laura, a Ronit, a Kitty, a Davi, a Becky y a Leti. Y por supuesto a Cris y a Bea. Y fuera del tema teta, gracias a todos los amigos que estuvisteis ahí para apoyarme en momentos tan bajos. Puedo decir y digo que soy una chica con suerte.

I. El bebé que no quería salir

Éric no tenía ganas de salir. Esa es la pura verdad. Estaba muy rebién en mi barrigota ahorrándose los 40 grados a la sombra de este verano.

Yo, sin embargo, estaba un pelín harta del bombo, del calor y de las contracciones (de las que no son de parto, de las de Braxton Hills -yo las llamo contracciones porculeras sin más-, que me río yo de los que dicen que no duelen >.<…). Cada mañana mis sábanas amanecían con un cerco de sudor desde la cabeza hasta los pies al más puro estilo de “Se ha escrito un crimen“. Un asquete.

20_sept_2016_diariodeunaendorfina_sudorinfernal

Y mira que hice todo aquello que se supone que facilita que te pongas de parto… Comer picante, subir/bajar escaleras (los vecinos ya no me decían siquiera eso de “¿Aún no has parido?” cuando me veían en la faena por el rellano imaginando mi desespero xD), frungir, andar rápido una hora cuando caía la tarde (mientras que lo que me apetecía realmente era fusionarme con el sofá y comerme un paquete de helados uno detrás de otro). Había que mover el cucu para que el gordaco “inside” se fuera posicionando en la pole position. Hasta bailaba con Óscar, nos poníamos coreografías de You Tube y hacíamos el moñas cosa fina.

Pero nada. N A D A. Como mucho hacía que Éric me diera más patadas (de Vendetta supongo ¬¬).

Se suponía que el 8 del 8 salía de cuentas (fecha con rima!), y yo seguía siendo una ballena varada. En el Hospital donde tenía previsto dar a luz, por protocolo, te dejan como mucho 10 días después de tu FPP. Por Diooor, pensaba yo, esperar 10 días más, WTF?? Ahí me acordé mucho y muy fuerte de los que me decían que “los segundos se caen” ¬¬. El mío debía de venir con arnés de triple seguridad

20_sept_2016_diariodeunaendorfina_ballenato

8 días tuvieron que pasar hasta que de madrugada fuimos a Urgencias por contracciones más fuertes, aunque confieso que no regulares. Aun a riesgo de que me mandaran a casa, allí nos plantamos. Junto con 4 embarazadas más para hacer la “Pregnant Session Night“; estaba el personal del Hospital ojiplático con tanta preñati junta en cosa de media hora. Y no, no había luna llena. Sospecho que estábamos todas hasta los mismísimos.

Después de que la matrona O’Neil me apuñalase con la mirada por presentarme allí sin contracciones regulares (y se quejara deliberadamente de la cantidad de embarazadas que acababan de entrar, ole que ole…), la so orco del averno me pasó con la ginecóloga de guardia. Viendo mi historial y que nos aproximábamos a un desalojo forzoso en un par de días, me metió la mano en mis bajos y procedió a practicarme la maniobra de Hamilton mientras me explicaba en qué consistía (Un detalle, oye. Lo que no me contó la joía es que debía de haberme pedido mi consentimiento, que de eso me enteré cuando llegué a casa… ejem…) . Ahora entendía por qué la mujer que pasó antes que yo pegó aquel grito. Jodo con la doctorcita, esa noche estaba sembrada y regalaba maniobras Hamiltonianas con cada exploración

Con tal maniobra se pretende separar la bolsa amniótica del útero para provocar contracciones con el fin de desencadenar el parto. No es 100% eficaz en todas las mujeres, pero a mi me funcionó.

Volvimos a casa sobre las 7am. Me quedé frita hasta las 9 (aunque con muchas molestias). Me despertaron mis amigas las contracciones, pero éstas eran ya de las dolorosas nivel “Hoy no me puedo levantar”. Las empecé a contabilizar de 10 a 11 y sip, efectivamente ahí estaban las Señoras Contracciones, las que van con mayúsculas, las de parto. ¡Que empiece la fiesta! (“yatusabeeee” Ft. by Pitbull)

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Pa’l hospital que fuimos. Yo solo rezaba el “jesusitodemivida” así pa’dentro para no encontrarme a la matrona OrcO’Neil, y afortunadamente, no, no estaba, en su lugar estaba la matrona más maja del mundo mundial (¡Bieeen!) que lo hizo todo muy fácil. Me dijeron que estaba dilataba de 2cm y que aunque era pronto me quedaría ingresada. A las 12 de la mañana no podía de dolor de las pedazo contracciones que me venían (estas cosicas son las que una no recuerda cuando busca un segundo… ejem, la memoria es blandurri). A las 5 de la tarde ya estaba dilatada de 10, ea, ya podía parir… Ah, no, espera, que gracias al efecto de la epidural (la pedí yo con los ojos en blanco y echando espuma verde por la boca – y mi chico con un esguince de muñeca. Algunos pensarán que mi tolerancia al dolor es de -15, pero habiendo drogas, qué queréis que os diga… Solo puedo decir ¡Venga que rulen!) casi de cintura para abajo era de corchopan y no sentía nada. De hecho la pierna izquierda de desparramaba y le tenía que pedir al marío que me la colocara en su sitio, que parecía Lina Morgan, hágameustéerfavó.

La matrona esperó a las 18h para enchufarme algo de oxitocina a ver si sentía alguna contracción, y al rato empecé a notar leeeevemente algo. Siguiendo las instrucciones de la matrona empecé a realizar series de 3 pujos, y para mi sorpresa en uno de ellos, PATAPLAM, salió mi pequeño, con sus ojos chinorris, sus mofletacos tamaño XXL y una boquita piñonera de lo más achuchable, expulsando por la misma las aguas verdes en las que venía (sería por la maniobra de Hamilton? mmmh) y rociándolo todo y a todos con su primer pis, ¡Chispas!

Y me lo pusieron en mi pecho (Con Óscar no fue así y reconozco que me quedé como hueca) y fue la experiencia más maravillosa del mundo. Pero cuando yo creía que no podía haber momento más mágico, Éric estiró su bracito y agarró con fuerza la gargantilla de las 2 estrellitas que siempre llevo puesta, como si diera el relevo a sus hermanos no natos, madredelamorhermoso… Miré a Mauri incrédula y él lloraba sin parar :_))20_sept_2016_diariodeunaendorfina_eric

Ains, qué pasada de recuerdo… Así nos dejaron dos horitas hasta que nos subieron a la habitación. Y yo me hubiera quedado así toda la vida, bien pegados, húmedos, entre sangre y cosas blandurris; oliendo a bebé, a vida. Él y yo. Mi niño, mi babyninjami bebé arcoiris. El bebé que no quería salir ya estaba conmigo.

Carta a Éric

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Qué cosas, nunca pensé que tendría un hijo al que llamaría Éric. Claro que tampoco Óscar. Y ahora cuanto más digo tu nombre, más me gusta. Éric. Óscar y Éric. Me mola.

Querido hijomío, hasta que no te tenga en mi pecho, te mire, te huela y te sienta entre mis brazos, creo que no descansaré del todo. Me se la parte que viene después de un parto, no creas, pero no me refiero a ese “descansar”… No me voy a enrollar, ya te explicaré algún día, lo que ahora te vengo a contar es que después de una pérdida supongo que es normal estar más alerta de todo. Yo que no me considero temerosa, me reconozco a veces preocupada. La imaginación y los miedos son traicioneros.

Tal vez por esto, y ojo que negaré haberlo dicho, prefiero que me des las soberanas patadas que me arreas ahí dentro (tu hermano no se movía apenas nada comparado contigo), porque necesito sentirte, saber que estás lleno de energía y de vida, que te aferres a ella, y por extensión, a mi. Aunque te de por juguetear con mi vejiga como si fuera un puñetero cubo de Rubik, y te vengues después de practicar pilates haciendo piruetas rarunas que me hacen poner los ojos en blanco. 

A veces creo que de una patada ninja de esas que estás perfeccionando dentro de mi me romperás la bolsa, porque mira que golpeas fuerte, criatura…

No se qué haces ahí dentro, pero tengo mucho más molestias que en el embarazo de tu brother. Y la alergia, y este calor de mierda me dejan KO. Claro que también tengo cuatro años más que entonces, soy un pollo duro, hijo. Cuando tengas 20 yo tendré… Omaigat, 59.

Pasapalabra…

Diría que tienes prisa por salir, que la bola amniótica en la que flotas se te está quedando canija para tus casi 2 kilazos de miniser. No seré yo quien te impida salir, que la perspectiva de este verano es… ¿Cómo decirlo en un solo adjetivo? Demoledora. No sabes la de personas desalmadas que me dicen una y otra vez que me voy a comer el peor verano de la historia… Coño, que en verano hace calor y en invierno, frío. Calor hace, pero cuéntame algo que no sepa. Porfaplissss.

También quería decirte que mamá, aquí tu contenedora, ha decidido parar. Y tomar aire. Tomar distancia de todo. Para centrarme en ti, ¿Quizá con las patadas me requerías atención? ¿O es que ensayabas una llave ninja nueva?

El caso es que he necesitado volver a respirar, a flotar, a dejarme llevar porque el ritmo que llevaba no era el mejor. En ocasiones, las mujeres en general y las madres en particular, creemos que podemos con todo. Y qué va. Somos la hostia gestionando tareas y optimizando el tiempo, hacemos verdaderos malabares, pero a veces sencillamente el cuerpo avisa. Y entonces, si no antes, es justo y necesario PARAR.

Y claro, te sientes juzgada por la sociedad, por querer bajar del tren. O espera, ¿No seremos nosotras mismas las que nos juzgamos tan severamente, las que nos boicoteamos, las que nos exigimos demasiado, las que nos ponemos altas metas? Me refiero a una misma. Yo vs Yo.

La mamma está como un cencerro, cariño. Vete acostumbrando…

Gracias a tu padre y al médico aquí estoy escribiéndote esta carta en el solar que es mi blog ahora mismo una mañana de miércoles, donde por cierto, corre el airecito y lo agradezco tanto como un donut a media mañana.

¿Y sabes? Necesitaba hacerlo. Pero no lo sabía. Quería hacerlo, pero no lo hacía. Quería escribir, contarte las ganas que tengo de conocerte, de vivirte. Lo cierto es que tú me conoces a mi más que yo a ti. Sabes mis horarios, conoces a la perfección mis pises con alevosía y nocturnidad, sabes que no perdono los picos de la barra del pan, que me vuelve loca la piña fresquita y que no me acerco al queso ni con un palo, conoces mi voz, el timbre de mi risa, el sabor de mi llanto; conoces (por desgracia) mis ataques de alergia, los besos de papá y del bro, la música que me gusta, sabes que duermo entre un sinfín de almohadas y cuantas veces paso por la ducha al día, porque la mamma se pasa el día sudando. 

Tengo un mes y medio para dedicártelo y dedicármelo, antes de ponerte cara. Y volver a estrenar etapa. A disfrutar de otra maternidad, sin miedos ni canguelos de primeriza. Para disfrutar de ti, pequeño, con Óscar y papá, y recargarme a tope de endorfinas para contarlo en este “diario” 🙂

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5 frases que toda embarazada debería neutralizar

Porque sí. Hay frases y frases. Y vale que no soy primeriza, y no voy con ese miedo tatuado en la frente, con el canguelo en el cuerpo después de que la prima segunda de tu madre te haya contado su horrible parto de 27 horas con pelos y señales. Pero me vais a perdonar pero hay frasecitas que no hay por donde pillarlas.

Lo curioso es que la mayoría de ellas, por no decir casi todas, son de desconocidas o vecinas -que apenas conozco (bien podría ser una sección del mítico señoras que), que te las sueltan así a bocajarro y yo que soy un poco retarder me quedo como si me hubiera dado un aire, incrédula, ojiplática y muda. Bueno, no siempre, que una tiene su límite, pero por lo general, flipo in colors.

También os confieso que mi estado zen de preñati-gorda-feliz-me-resbala-tó hace de paraguas. Pero la verdad es que no deja de sorprenderme y bien merecía el tema un post.

Estas son algunas de las perlas que me han soltado en este segundo embarazo:

1.- “¿Y ese bombo? ¿Vas a parir ya no???” Frase Top Ten. Una de cada 2 señoras me lo dicen.

  • No señora, me quedan 4 meses majetones por delante…
  • Pues esa tripa no es normal, niña 
  • Usted sí que no es normal -pienso

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2.- Teorías varias sobre los años que tienen que llevarse los hermanos.

Señor, llévame pronto, pienso, cuando en la cola del súper la señora de delante me dice que 4 es muchísimo y lo ideal es entre 2 y 3. Mejor 2 y medio. Y puntopelota.

“Llega tarde, señora, el bollo ya está en el horno”

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3.- ¿¿¿Otro niño???

Sin comentarios

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4.- ¿Y lo buscabais?

No, señora, nos lo encontramos una noche con una botella de Rioja entre pecho y espalda.

¿Qué coño de pregunta es esa????? Esta es la que más locatis me deja.

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5.- ¿Para agosto? Madredelamorhermoso -se santigua como si yo portara la semilla del diablo inside-, ya verás qué mal lo vas a pasar.

Ole y ole.

Gracias por la info, señora. Me lo apunto para comprarme un abanico.

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Así que, amiga preñati, por el bien de tus endorfinas en general y tus hormonas en particular, debes aprender a neutralizar el impacto de estas frases, porque igual las hormonas pueden jugarte una mala pasada y no hay necesidad ninguna de que te amarguen ni mucho menos que te alteres por ellas. Tú a lo tuyo, que Señoras que (opinan) haberlas, haylas, y por todos lados, así que mi briconsejo es, sobre todo si eres primeriza: pasarse todas estas frases por el real toto.

Y ya si tienes mi capacidad de desconexión neuronal (al más puro estilo Hommer Simpson) y eres capaz de visualizar un pedazo de donut relleno de chocolate mientras te sueltan la frase de rigor, liberas endorfinas a cascoporro.

Fácil, sencillo y para toda la familia, oiga.

We are living a celebreixon

Entre las cosas que he aprendido meses atrás es que hay veces que es mejor dejar fluir las cosas. Como cuando en verano te metes en el agua, y te tumbas boca arriba dejándote mecer por las olas.

Parece que, por un momento, podamos dejar toda la mierda que llevamos con nosotros (problemas, marrones, bajones…) bajo la superficie, junto a las algas que se enredan en las piernas y las rocas, y sencillamente flotar sobre ellos.

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Como ya sabéis el mes de septiembre fue jodido. Y me dejé llevar, mecer por la corriente de la rutina, la terapia de la charla, y el calor de mi gente… Pero soy de naturaleza inquieta y pronto necesité actividad. No podía flotar eternamente. 

Y parece que el universo tenía un plan B, y para mi era tal avalancha de curro que me distrajo lo suficiente como para mitigar la herida, básicamente porque llegaba tan cansada a casa que no tenía tiempo ni para pensar.

Un mes enganchó a otro y a otro… El plan funcionaba. Fluía. Y una tarde de copas con mis excompañeros de Indra, en concreto con Sem, estuvimos hablando de nuestras respectivas vidas, y mientras sorbía mi segundo Gin Tonic pensé (y así se lo dije) que igual podría estar embarazada (confieso que al hacer este pensamiento en alto, dejé la copa, eh?? jaja)

No le eché cuenta, la verdad, en primer lugar porque no tenía ningún síntoma, y en segundo porque no lo pensaba, y los días pasaron hasta que la víspera de Nochevieja fuimos al ginecólogo al correspondiente chequeo postlegrado (por el tema del hierro, más que nada), y nos dijeron que no solo sí estaba embarazada, sino que estaba de ya de 2 meses. Vamos que en lugar de un bebé, gestaba un ninja que flotaba dentro de mi.

Y yo calzándome  copas de vino, gin tonics, y comiendo carne roja con los frikerizos y batmami como si hubiera un mañana en Garde… En fin, que me quiten lo bailao.

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Lo dicho, servidora espera otro gordito para agosto, con toda la fresca. Un gordito que ha llegado por sorpresa. Un gordito que todo el mundo esperaba gordita (hasta Óscar). Menos yo, que en mi fuero interno sentía que sería otra pitola. Un gordito ninja que me está regalando un embarazo de lujo. Si no fuera por la barrigola, las tetas de Pamela Anderson y el hambre tuentiforagüers, no me enteraría.

Por si eso fuera poco, también tengo que anunciaros que nos casamos. En abril. Por lo civil. Mauri, Óscar, bebé ninja y yo. Lo celebraremos con todo mi bombo, la familia y amigos más íntimos con una comida de lo más informal, una calçotada para ser más exactos. Salivo solo de pensarlo.

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La vida fluye, otra vez, dentro de mi. Y también fuera, a mi alrededor. Y me siento de nuevo flotar. Quizá sea el estado zen que alcanzo cuando estoy embarazada, pero me siento tan agradecida a la vida, a mis amigos, ¡Y qué amigos! No me puedo sentir más orgullosa de ellos. A mi familia, siempre ahí cuando les necesitas, a mis hermanos que son la ostia, a mis padres, únicos. A mis chicos, a mis amores, que son mi vida entera. Endorfinas, venid todas a mi. 

Tenía tantísimas ganas de escribirlo que no me creo que esté ahora frente al ordenador mientras las palabras fluyen prácticamente solas.

Afortunadamente sigo trabajando fuera entre semana -me encanta mi trabajo, confieso-, y parte de los fines de semana (de ahí mi poquita actividad por estos lares y redes sociales). Pero también saboreo el 1.0 como nunca. Así que me perdonen ustedes las prolongadas ausencias.

Gracias por seguir ahí 🙂

Se os quiere.

La más endorfinada de las Finas ^^

El día que me añadieron a los grupos de Whatsapp

… Del cole, que los de los amigos, aunque algunos spamean más que escriben, a veces te regalan algún meme épico de esos que reenvías hasta que te conviertes tú solica en una spameadora profesional.

Pero yo he venido aquí a hablar de los grupos de Whatsapp del averno. Uy perdón, del cole. Multiplica los grupos por las actividades extraescolares que tenga la criatura, y voilà, tendrás a una madre desquiciada lidiando con 200 y pico mensajes sin leer. El averno hecho tecnología.

Y ojocuidao que una es protecnología y que me parece el Whatsapp uno de los grandes inventos del mundo mundial, pero todo con control, oye, pues mejor. Pero dónde y cómo pones el control… 27 nenes por clase por 2 que son los progenitores (afortunadamente no siempre están los 2), suman la nada desdeñable cifra de 54 personitas escribiendo cosas…. Fiebre del sábado noche, y del lunes por la tarde y del jueves a mediodía, vaya…

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Eso es un no parar, si no es el grupo de teatro, es el de fútbol y si no el de la clase… Si me avisaran de los mensajes pendientes con la voz de un contestador automático sería algo  así como: Tiene – usted – 654 – mensajes – sin – leer – piiiiii … Escalofríos por la espalda…

Virgendelabrigodepana. Paren el mundo que yo me quiero bajar.

A pesar de todo, confieso que los necesito. Sí, una no puedo obviarlos, porque en mi caso, empanada por naturaleza y despistada por despiste crónico, tiene que estar al loro de cuando tienen que ir disfrazados, cuando llevan la manualidad hecha o cuando es el festival del cole.

Y está esa madre que no solo informa cuando hay que llevar la manualidad sino que adjunta una foto, con alevosía y nocturnidad, de la pedazo de creación que se ha marcado (con) “su hija”, y se me queda un careto de WTF bastante resultón. Cuando me debato si escribir algo o meterme en la cama y soñar con el mocetón del anuncio de Dolce & Gabanna, otra madre rauda y más de mi calaña, responde que está genial, sí, pero que ella no ha hecho eso, que solo ha coloreado con su niña la manualidad. Y pos oye, una se va a dormir con una sonrisa pensando que tan mal no lo está haciendo. Mal de muchos…

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Complejo el mundo este del cole, de los padres, los grupos de Whatsapp, el AMPA, y todas sus cosicas… Me siento siempre orbitando alrededor de él.

Ahora que estoy trabajando en una empresa por un tiempo (de ahí mi silencio en estos lares desde septiembre, ni tiempo para mear, oiga) con horarios incompatibles con los del cole, lo cierto es que la información que me llega por estos grupos me viene como agua de mayo, claro que mi tiempo para leerlos y/o responder es limitado. Porque atender tanto volumen de mensajes requiere tiempo. Y de eso precisamente, no ando sobrada.

Y luego para rizar el rizo, tengo en mi haber otro grupo de Whatsapp, pero este es diferente, en él no hay deberes, ni fiestas sorpresa, ni ostias, hay planes para hacer con los peques y fotos divertidas. Se llaman Madres del parque y se forjó en los últimos meses de guardería (y que afortunadamente la mayoría compartimos el mismo cole -una suerte porque Óscar a penas a notado el cambio, está con 4 nenes de la guarde-), somos esas guerreras (y algún guerrero!!) que después del tajo nos juntamos a cascar mientras los niños se rompen la mandíbula en el tobogán (están en esa etapa de Sacamantecas, qué le vamos a hacer…) y que hacen que las tardes sean más llevaderas. Confidencias, gusanitos y risas, ¿Quién da más?

Así que si tardo en contestar a un Whatsapp ya sabes lo que puede ser: es que aún estoy leyendo los taitantos mensajes que tengo sin leer. Compasión.

Pray for (empanated) Fina.