Comiendo like a troll

Mae mía como me pongo cuando me pongo… Bufff…

Los tres primeros meses con eso del ardor, no comía tanto por que cualquier cosa me sentaba mal. Mis pastillas Rennie eran imprescindibles en mi bolso 😛

Pero desde que empecé el segundo trimestre esto es un cachondeo. Tengo más apetito, no voy a negarlo, pero como no siento esa acidez molesta del principio a veces reconozco que no tengo límites.

Mi chico está encantado (a pesar de que no puede evitar meterse con una servidora cuando está comiendo a dos carrillos) por que él siempre ha sido el tragón de la pareja. Ahora estamos igualados por más que el quiera creer que le gano…

El otro día nos fuimos a hacer un brunch y arrasé: zumo de naranja, croissant a la plancha de jamón y queso y tres tortitas con nata y chocolate. Pero ojo que ya en todo el día no pude ingerir nada hasta que quedé con unas amigas por la noche para cenar y reconozco que apenas pude acabarme el plato… Eso se llama cubrir (o desbordar) la cantidad necesaria de calorías por día…

Hoy hemos comido en casa de mis padres y he vuelto a arrasar. Mi madre estaba entre asustada y feliz por aquello de que estoy embarazada, y que bueno, ella al fin y al cabo viene de una generación en la que cuanto más comas, pues mejor.

Primero estuve en casa de mi tía que me sacó unas aceitunas rellenas (que se están convirtiendo en el gran hit de este embarazo: mi reino por unas aceitunas) y unas patatuelas, y aunque no tenía hambre, me lo comí. Llegué a casa de mis padres, y claro, pasé del picoteo previo si quería llegar al plato fuerte, que para más inri, era y es mi plato favorito en el mundo entero mundial: Huevo con papas.

Eso sí, solo comí un huevo, que la fritada no me sienta muy allá, y aunque esté de gorda total, no voy a forzar la machine… Pues eso, al lío, huevo con patatada y pan de pueblo (mis padres acababan de venir de allí), mmmh… PLACER ABSOLUTO… y además huevos de pueblo!!! ¿Puede haber placer gastronómico mayor? Desde luego para mi, not!

Después de degustar, paladear, disfrutar mi plato favorito me zampé una mandarina y cuando hice contacto visual con unas magdalenas que habían traído mis padres también del pueblo, de esas artesanas que duran un par de días por que si no se convierten en armas arrojadizas por carecer de conservantes y otras mierdas, no pude evitar decir a mi madre, totalmente enajenada: “quiero probar esas magdalenas” .

Mi madre me miró con miedo y me plantó el bolsón en la mesa. “Hija, te vas a comer una magdalena con lo que hemos comido?” pregunta mi padre con una sonrisa en la boca pero pensando “me voy a poner la chaqueta no vaya a ser que me vea las mollejas del brazo y me muerda la so trol”, a lo que le digo ““.

Abrí la bolsa y empecé a comer una magdalena y mmmh… A por la segunda. Y me planté por que tenía a todos los comensales ojipláticos…

Lo mejor es que mi tía me hace unos bizcochos brutales… Me he quedado traspuesta en el sofá y cuando he despertado, el mono de azúcar me ha vuelto a poseer así que he ido a la despensa, y trozaco de bizcocho que me he metido entre pecho y espalda…

Maaaaare, que hambres!!! 😛

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