Bienvenido, Óscar

Son las 2:00 am de la mañana y me pasan al paritorio.

Me ponen las piernas en el potro de tortura, me monitorizan de nuevo y empieza el espectáculo.

En cada contracción la doctora me pide que empujaara como si no hubiera mañana. Me señala unas barra de hierro que hay en los laterales, al lado de los brazos, y me invita a que me agarre a ellas con los brazos flexionados en cada empuje para dar más fuerza. Barbilla al pecho, cogiendo aire y empujaaaaando…

50 minutos así. No se cómo no me dio un vahído. Eso sí, la cara roja a punto de reventar y los sudores de la muerte venían de serie.

Hubo un momento en el que la matrona se encaramó sobre mi tripa y comenzó a apretar mi esternón para intentar ayudar para que el peque saliera. Pero eso de tener que aguantar la respiración para empujar, era incompatible con 55kg de personita sobre los pulmones, la verdad, así que tuve que parar y pedirle que no lo hiciera, que no podía respirar.

Uhh, qué mal me miraron todas. “Sólo intentamos ayudarte” Ya lo se, mujer, pero es que no puedo respirar, so burra!!

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En ese proceso en el que Óscar se quería abrir paso, una matrona o una auxiliar demostró su lado más chispita con comentarios tan “friendly” como “Venga, a ver que se note que has hecho las clases de preparación al parto, que no se nota!!“. Si creía que frases como esas me picarían o motivarían, iba buena… En ese momento tan trascendental de la vida, fingí que no había escuchado nada.

Acompañaba cada esfuerzo que hacia para bufar rollo “pues no nos queda con esta petarda que no sabe empujar“.

Pero el segundo comentario me tocó el jaigor de una manera, que no pude callarme. Y no pude quedarme callada precisamente por que la cabeza de Óscar se atoró en mi vagina esperando una contracción para seguir empujando y que no llegaba y notaba un dolor que me hacía sentir que me partiría por la mitad como un melón de un momento a otro, cuando la chispita en cuestión soltó un “Venga nena, tienes que empujar más, o es que quieres que tu bebé se quede ahí??? A que no???” 

HOLA????

Patada voladora en toda la boca es lo que me apetecía darle a la mujercita de los huevos.

Mire – me arranqué a contestarle irritada por que me estaba tocando mucho las narices y no tenía yo el toto pa ruido-, más ganas que yo de que salga a mi hijo, no tiene nadie“. Parece que se dio por aludida y no volvió a abrir la boca en el resto del parto. La doctora por su parte, se coscó de su cero motivación y empezó a animarme tal y como lo estaba haciendo mi chico, que estaba detrás de mí, diciéndome que lo estaba haciendo muy bien, y que siguiera así, que quedaba poco, bla bla bla… Así sí, joder!!

Y por fin, después de apretar tanto que casi me quedo sin aliento, la doctora sacó a Óscar, y la matrona lo envolvió en una especie de toalla de papel y me lo puso en el pecho cero coma y medio y se lo llevaron a limpiar. “Pero si apenas lo he visto!!” pensé, agotada, sin poder ni hablar.

¿Lo has visto? ¿Lo has visto?” le pregunté a mi chico preocupada

Sí, cariño, es precioso!!

Vale, pues quédate con la cara por que me traen a otra criaturita y me la quedo por que no me han dejado ni verle, snif..”

La matrona que me lo arrebató le dijo a mi chico que ya lo habían limpiado y puesto el body y pijamita que le habíamos bajado, y que si quería verlo. Entró en el cuarto contiguo al paritorio, y enseguida entraron de nuevo al paritorio, me pusieron al peque en mi cabeza, me pidieron que le diera un beso fugaz, que se lo llevaban a la incubadora.

HOLA??? Incubadora??? Pero, por qué???

Y la matrona desapareció por otra puerta con mi niño mientras entraba un pediatra con horchata en las venas, que me leyó de un folio: “Enhorabuena, ha tenido usted un varón que ha pesado 3, 170gr, mide 53 cm y medio, lo llevamos a la incubadora por que ha nacido cansado (!) y ha tardado en reaccionar”.

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¿Que mi niño ha nacido cansado? Usted sí que está cansado! Que se nota que son las 2:50am y está low battery…

Después de este momento ojiplático y esperpéntico, la doctora me estuvo apretándome el útero y hurgando ahí abajo sacándome resquicios que quedaban. Vamos que me sentía como un calamar gigante expulsando tinta, por decir algo…

Para cuando el celador graciosete vino a recogerme para subirme a la habitación, yo ya tenía una tembladera en el cuerpo que no podía parar. Me castañeaban los dientes, no podía parar el baile de san vito de mis extremidades y mi estómago parecía un flan, tal cual, de textura y de blandura…

Mi chico me empezó a echar mantas cuando estuve instalada en la habitación, pero le pedí, como pude por que con el tembleque parecía tartaja, que no, que me las quitara, que tenía calor, que temblaba del esfuerzo y la tensión a la que me había sometido, pero que de frío, nada de nada.

Eran las 4:30 am, calculo, y las enfermeras me pidieron que esa noche durmiera boca arriba con las piernas cruzadas. Con semejante postura, con los restos de temblaera, y pensando en el pequegordo ahí solico en la incubadora,  lo que viene siendo dormir, poco. Además que entraban cada dos por tres a ponerme suero, calmante, bla bla… Cada vez que entraba una le asediaba con preguntas, entre las que estaba la de que cuando me traerían al nene. Mutis por el foro, nadie sabía nada… Jo…

Volver a la habitación después de todo el esfuerzo, la tensión incluso el dolor, y pensar… ¿Y mi premio? ¿Y mi chiqui? Aaains…

Pero a las 9:00 tocaron en la puerta y entró una enfermera empujando una minicunita de hospital con el número de mi habitación, la 325, con una personita pequeñita dentro que llevaba el pijamita que le había regalado su titaBel… Cuando me lo pusieron en el regazo y se quedó mirándome como si me reconociera, sentí la emoción que eché tanto en falta durante el final del parto, ese primer contacto mama-bebé.

Qué cosita tan pequeña y tan bonita, ¡¡se parecía tanto a su papi!! Eso sí, la naricilla es mía y el morramen también…

Y no me cansaba (ni me canso) de mirarle, de quererle, de cantarle, de achucharle… Y pensar que eso ha salido de mí, tan perfecto, tan suave, tan tranquilote… Bienvenido, Óscar!!

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5 comentarios en “Bienvenido, Óscar

  1. Bienvenido, Oscar!!!
    ¡Vaya con la comadrona! Si acaso se te aparece en sueños le dices que muy mal.
    ¿Sabías que a mí la mía me dejó mal el ombligo, pa fuera? En la piscina era la atracción de los demás niños por mi ombligo tan raro, menos mal que con los años se ha ido tapando con la barriguita, el botón parecía la colita de un elefante.
    Bueno, ya pasó todo.
    ¡Besos para los tres!

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  2. Jajajajaja… Hola! Sigo tu blog desde hace poco, y la verdad es que con cada post que subes gracias a tu sentido del humor (algo con lo que me identifico, por que yo soy bastante payasa…) y a tus ilustraciones, acabo partiéndome de la risa yo sola cara el portatil. Estoy embarazada de 6 meses, y hace un mes decidí abrir un blog para contar mis MAMIRRACHADAS (nombre de mi blog 😀 )
    Un saludo y sigue así!! 😉

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    • ¡¡Mil gracias!! Ay qué ilu q me hace saber que te llego con mis pamplinas y mis dibus ^^¡Mola!
      En cuanto pueda me doy un garbeo por tu blog, ¡Bienvenida a la gran familia 2.0!
      Ah! imprescindible hacerte con una cuenta de Twitter ;)))
      Un abrazo!!!

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