Habitación 325 o el coño de la Bernarda

Óscar es un nene muy tranquilo y bueno. Apenas llora, es una monada. Me recuerda a un osito, con esa carita tan redondita y esos ojitos tan grandes, como si fueran dos botones. Es precioso.

A las 11 de la mañana del viernes 16 empiezan a llegar las primeras visitas. Yo apenas he dormido nada, tal vez dormitado algo entre entrada y entrada de enfermeras y entre pensamiento y pensamiento. Me encuentro bien, me duele un poco la espalda, del pinchazo de la epidural y el de la vía de la muñeca que aún llevo puesta. Y por supuesto el culete, la hemorroide que me ha salido de empujar es bastante molesta. Por no decir que una putada. Pero yo estaba de pie, me quería duchar y las enfermeras no querían que lo hiciera todavía, y menos sola, que por el tema de la anestesia igual me mareaba o algo.

Cuando el reloj rozaba la 1 de la tarde empecé a ver a los familiares y amigos que venían a conocer a Óscar borrosos. De hecho las tarjetas de las flores que nos regalaban era incapaz de leerlas, mi chico me las tuvo que leer por que no veía nada bien. ¿Sería de no dormir? ¿De la tensión de empujar? En fin, la cosa es que  veía chiribitas y parte borroso.

Mi hermano se dio cuenta de mi estado de Lazarillo y empezó a proponer a la gente irse para que descansáramos. Mi chico me instó a que dijera a la gente de venir a partir de las 5 de la tarde para poder dormir unas horitas y abordar mejor  (y con más vista) la avalancha de visitas que nos esperaba por la tarde.

Me trajeron la comida a la 1pm, comida que devoré, a pesar de no saber a nada, e intenté dormir un poco después de comer. Pero el osito se movía en su cunita mientras me miraba con esos ojitos de botón, y me quedé un buen rato mirándole y babeando. Creo que dormí algo, no se si llegó a una hora, pero lo que se es que me vino de maravilla.

Por la tarde no fui capaz de encontrar las 7 diferencias entre mi habitación y un after hour. Hubo un momento en el que no cabía un alfiler. Y lo curioso es que lejos de agobiarme, estaba encantada de que todos quisieran conocer al peque, estaba excitada por contarles todo, ya que me encontraba genial, cansada, con sueño, dolorida, pero feliz y con ganas de contar cada detalle y reír con mis amigos y familia. Para recordar ese viernes 16 de marzo como uno de los mejores días del mundo.

Cuando se fue el último de los visitantes, caímos en la cama (Mi chico en el sofá de sky fatal) como bloques de hormigón armado… ZzzZZZzzz

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