Y los elefantes volaron muy alto

Hoy hace cuatro años mi vida cambió para siempre.

Cada 15 de junio me sabe a elefantes voladores, a mariposas agazapadas haciendo cosquillas en la barriga, a Barcelona con cielo amenazando lluvia, al Prat… a tí.

Ese día empezamos a escribir el cuento más bonito jamás contado.

Por que además de contarlo, lo vivimos en primera persona.

Tejimos la historia con nuestras manos, con nuestras miradas. Con besos y abrazos.

Nunca pensé que los elefantes pudieran volar tan alto 😉

Hace cuatro años fui consciente que había encontrado mi alma gemela, a mi amor verdadero, a mi compañero perfecto.

Y hoy celebramos esos 4 maravillosos años con un gordito que es la mezcla perfecta de tí y de mi.

Gracias, cariño, por todo. Por ser así. Por creer en mí. Por estar ahí.

La vida merece la pena contigo a mi lado.

Eres el mejor.

¡¡Te quiero!!

Y te querré siempre

Cuando una sonrisa lo compensa todo

Y cuando digo todo, es absolutamente todo.

Las vomitonas, las lavadoras diarias, el sueño, el cansancio, el «porqué-no-te-tomas-todo-el-bibe-niño-del-demonio», los cambios de humor, mis estornudos (y mocos) alérgicos de cada paseo, los llantos desgarradores de cuando no sabes qué le pasa, sus ronquiditos, sus sonidos nocturnos, su conjuntivitis eterna, sus ronchitas en la cara, sus cacotas supernovas, sus pises derramados en la pared en un cambio de pañal, días como los del post anterior..

Todo eso se me olvida cuando Óscar sonríe.

Me desmonta, me descoloca, me deshace para rehacerme como la mami más feliz del mundo.

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Crónica de un día para olvidar

Interior. Nuestra habitación. 4.05 am. El peque se empieza a revolver en la minicuna. Aparentemente sigue dormido. Se frota la cara. Se clava las uñas (que cortadas rascan más). Le enchufo el chupete, lo pilla con ansia, y al rato lo escupe bien lejos. Se queja. Repito la operación, lo vuelve a lanzar. Llora como si le estuvieran arrancando la piel.

El padre de la criatura duerme a mi lado con una otitis aguda. El pobre está hecho un despojo humano. Le han recetado un rosario de medicamentos, a saber, antibiótico, antiinflamatorio, antihistamínico, gotas, etc… Para más inri le han recomendado no acercarse mucho al peque.

En resumen: asumo los biberones con alevosía y nocturnidad, y un sueñaco brutal acompañado con una generosa ración de mocos alérgicos que la mayoría de las veces se descuelgan de mi nariz mientras cambio el pañal del gordo.

Interior. Nuestra habitación. 4.25 am. Decido hacer un biberón, el gordo está montando un pollo de los majos y va a despertar al padre, al que el dolor apenas le deja descansar. Le cargo al peque en mis brazos y este intenta sacar jugo succionando mi brazo izquierdo. Angelico. Va a ser que tiene hambre.

Interior. Salón. 4.45 am. Cuando le estoy dando un bibe de 180 ml, decide, el pequeño ser que me araña mis queridísimas horas de sueño, que pasados los 60ml se va a sobar. Porque sí. ¿Por qué no? Venga, a tirar leche…

Mi cara, un poema.

Su cara, pura paz.

Por fin volvemos a la cama. Acaricio las sábanas y creo recordar que se me cae una lagrimilla de felicidad y gustazo. El padre y el hijo duermen plácidamente. El espíritu santo no. Fue apoyar la cara en la almohada y caer traspuesta.

Interior. Nuestra habitación. 7.25 am. Mi reloj despertador me avisa: Llanto desgarrador de tragedia griega que interpreto como un «¡Quiero volver a comer yaaaa!«. No me lo estoy creyendo. Pero si antes aguantaba más horas. La madre que le… Que fui yo. Compruebo que no tiene pis o cacotona. Ésto último no, pero tiene un señor pis de esos que hacen que el pañal pese un quintal. Se lo cambio, a ver si sequito se relaja y se duerme de nuevo… Pero not, el gordo ya está con los ojos como platos esperando que le haga mucho mucho caso, canciones chorras incluidas. Como un pequeño bipolar sonríe y llora, sonríe y llora.

Vayamos pues a por otro bibe.

Mis ojeras, que ya vienen de serie, se van coloreando más conforme sale el sol. Después de esta toma, el gordo decide que quiere juerga, y se ríe de mí cuando le intento acostar.

Interior. Casa de mi tía. 14.00 pm. Celebramos su cumple. El padre de la criatura no ha venido, y yo llevo a acostar al gordo que de no dormir antes está mu retonto. Mis sobrinas tampoco paran. Hay un momento que aquello parece el camarote de los hermanos Marx. Empezamos a comer. Y el gordo rompe a llorar. «Lo hace a propósito, lo se, lo siento«. Dejo el tenedor sobre el plato. Me levanto. Voy a ver, y como ya le quedaba poco para que le tocara la toma, decido (después de varias visitas anteriores) cogerle y darle un bibe.

Mi madre se empeña en dárselo él. El gordo con tanta gente está encantado que le hagan monerías y decide que nos metamos el biberón por el orto. Intento dárselo yo, y una vez más se queda sopas Knoor. Mi hermano me dice que le está entrando aire, mi cuñada que alargue las tomas, mi tía me señala el brazo del gordo que cuelga, que a ver si va a estar incómodo, mi madre me recuerda que no le he sacado los aires, mi padre me pide al peque para tomarlo en brazos, mi otro hermano haciendo fotos y mi sobrina mayor cantando la canción de parchís.

….

En mi cabeza, esa que no ha descansado como quisiera, y que acaricia la idea de una siesta que no va a tener lugar,  algo se quiebra, y empiezo a escuchar las voces como dentro de una pecera.

bla, bla, bla

bla, bla

bla

El peque no llega a dormir ni una hora, y vuelve a llorar como si le degollasen. Ha comido, tiene el pañal limpio, ha dormido (relativamente), ¿Será un gas atravesado? Mi cuñada diagnostica cólico. Mi madre apostilla que igual el padre le ha pegado la otitis BLA BLA BLA (voz que oigo en una pecera). Mi cuñada, experta en estas lides gracias a las dos criaturas que tiene, recomienda paseo por la calle, y oye, es bajarle al portal y se hizo el silencio.

Paz.

Paz y chapoteo de agua a lo lejos.

Pero la paz dura poco.

Exterior. 17.35 pm. 31º. Bajan todos también. «Tápale que igual tiene frío«. Subrayo el dato de que estamos en un caluroso mes de junio, y que hoy hace 31 gradazos. «No voy a taparle que hace calor» respondo «que este niño suda mucho«. Cuando me giro, el gordo lleva sobre sus piernas mi pañuelo.

BLA BLA BLA – Me sumerjo en la pecera de mi cabeza hasta difuminar las voces.

«Esta criatura tiene calor, lo llevas muy tapado» otra voz dixit. ¬¬

…..

BLA BLA BLA

BLA BLA

BLA

Me hago una autoaguadilla en mi pecera mental y decido huir con el gordo a un lugar llamado OLVIDO.

Este post fue realizado en unas 5 horas….

Jaaapi beerdei TitaBel!!

Un día como hoy hace 35 años nació mi hermana.

No tenemos la misma madre, ni el mismo padre, pero sí el mismo alma.

Tenemos los mismos años y no somos mellizas, aunque sí gemelas.

Cada una vive en la otra a pesar de que muchos kilómetros nos separan.

Tiene un corazón enorme en un cuerpo chiquitito.

Mi vida sería menos vida sin ella, y ella lo sabe.

Ella me quiere con locura y yo lo sé.

Es mi amiga, mi hermana y mi compañera de asilo.

Por que las dos sabemos que cuando seamos viejecicas compartiremos una habitación en un asilo (destartalado y con olor a moho), y mientras echamos una partida de dominó en unas mecedoras de estampado criminal, recordaremos esas historias tan divertidas que hemos vivido juntas y se nos caerá la lágrima de la risa. Y también el pipi, que a esas edades el muelle ya anda flojo. E igual también la dentadura. 😛

Eres grande, pequeña.

¡Te quiero!

Vacuna de los 2 meses

Ayer le pusieron la vacuna de los 2 meses. Ay, mi niño lo que lloró, qué mal lo pasó y qué mal lo pasé yo viéndole llorar hasta quedarse sin aire, hasta amoratársele los labios… Creí ver en su mirada un recelo creciente hacia mí, que le sujetaba. Imaginaba que pensaría «¡Maaaaami, puuupaaaa! Deja de mirar y haz algoooo, heeelp me!!!!«. Aaaains…

Después, ya en casa, estuvo muy tontorrón como ya me habían advertido, y por la noche tuvo un pelín de fiebre. No se acabó ningún biberón, no conseguía dormirse, no dejaba de lloriquear y de quejarse, el angelico… Qué penica, maaare…

Mi mamá me mola

Está a punto de cumplir dos mesecicos y este niño ya sabe misa en latín… No solo le encanta que le haga monerías, como cualquier bebito, si no que ya sabe que si llora, voy. Lo peor es que yo he tardado en darme cuenta que es un vacilón, que si le dejo en su habitación acostadico con sus muñecajos de colores que tanto le flipan (abre los ojos a lo Dalí con cada uno de ellos. He de decir que cada uno es de un color cañero, pa no rayarse), berrea y berrea, y cuando aparezco en el cuarto (después de dejarle llorando a ver si para), no solo no llora si no que se mea de la risa, ¡Será joío crío!

Óscar, no, eh? No te acostumbres que esto no puede ser!!

Hoy por ejemplo ha querido trabajar conmigo… Se ha dicho, pa’qué dormir pudiendo ver mundo. Quiere saberlo todo, todo y todo el pequeñajo 😛

Hago caca en mi hamaca

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Y de esta manera el angelico se pasa la mayoría de los días: comiendo, durmiendo, cagando… en un bucle secuencial e infinito, como un reloj suizo.

Conociendo a Óscar

Cada día voy conociendo lo que le gusta y lo que no al peque. Como es muy bueno y tranquilo no tiene muchas manías, pero algunas cosillas sí, como por ejemplo, antes de dormir nos da un recital de soniditos, soniquetes, gruñiditos, respiraciones a lo Darth Vader y quejiditos de lo más variado. Queremos creer que lo que quiere decir es: «Bien, ya que no puedo sobar, no va a dormir aquí ni Perry» o también algo así como «Hacedme caso, padres del demonio, que me aburro y no me puedo dormir» , incluso podría ser que pensara «Gensanta, cómo me mola mi voz , voy a afinarla un rato«.

Al principio nos asustábamos pensando que se estaba ahogando. Pero con el tiempo, te vas acostumbrando y lo incorporas a tu sueño. Y el pobre se queda solo recitando sus gruñiditos varios.

Otra cosa que le gusta mucho, imagino que aquí tiene que ver la ansia viva de este nene (sobre todo después de zampar, creemos que se queda con hambre casi siempre), es, sobre todo después del bibe y cuando le tumbas para dormir, es masticar el chupete con una fuerza tremenda y escupirlo con la misma fuerza. Y lo reclama quejándose con ese ansia desesperada que le hace girar la cabeza como poseído. Se lo vuelves a enchufar (el chupete), y te lo lanza de nuevo. Y así seguimos hasta un bucle infinito que aburre hasta a las moscas. Este juego le mola cantidad. Sobre todo de noche. Sobre todo cuando los papis no tienen ni un ápice de fuerza.

He descubierto que cuando le coges encima, a la manera tradicional se revuelve como una anguila. Al principio una servidora pensaba que se había quedado con gases y se los intentaba sacar, sin éxito claro (bueno, a veces le salía alguno majete), hasta que un día le cargué mirando al frente apoyándolo en la cadera, y oiga usté, mano de santo, no solo se calló (y eso que le tocaba ya un bibe y se había pasado una hora de la toma sobando, ya que soba como un osito) si no que sonreía al horizonte, un horizonte, por cierto, cuajado de luz.

Al frente la vida se ve mejor

Así que de esta forma lo paseo por la casa cuando quiere mimitos, que por cierto, es otra de las cositas que, como cualquier bebé, y diría que como cualquier ser humano -bueno, matizo, hay mucho aberroncho por ahí suelto-, demanda y agradece. Este nene es muy mimosón, y le apasiona tanto que le hagas caricias y digas cositas tiernas (aunque le leas el listín telefónico con un timbre de voz de lo más ñoño, él estará más que encantado) que a cambio te regala una ración de sonrisas que te olvidas de las potas, de las cacas a trayón y de los gruñiditos rarunos nocturnos ^_^

Lo de los estornudos es otra historia. No puedo evitar reírme cuando lo hace, por que suelen ser dos o tres estornudos, el primero siempre es limpio, y el segundo (y cuando son tres, el tercero) son contenidos, exactamente igual que lo hace su padre, ¡¡Increíble y enternecedor!! Y lo mejor son las caritas con las que acompaña los estornudos, tronchantes del todo.

Momento «niña del exhorcista»

El otro día viví mi primer momento «niña del exhorcista», que no es otra cosa que que te poten en la cara. Así, tal cual.

Zaaas en toda la boca

Zaaas en toda la boca

El pobrecico mío estaba pasando un día malo, estaba un poco tontorrón por que le costaba mucho hacer cacota, y por lo tanto no se acaba ni un bibe. Y en una de las tomas, intentando que echara el eructo, ZAAAAS!! me echó todo el bibe (que huele a rayos) por encima. Empezando por la cara, continuando por el cuerpo y acabando por el sofá.

Acto seguido se quedó frito y a otra cosa mariposa…