I. El bebé que no quería salir

Éric no tenía ganas de salir. Esa es la pura verdad. Estaba muy rebién en mi barrigota ahorrándose los 40 grados a la sombra de este verano.

Yo, sin embargo, estaba un pelín harta del bombo, del calor y de las contracciones (de las que no son de parto, de las de Braxton Hills -yo las llamo contracciones porculeras sin más-, que me río yo de los que dicen que no duelen >.<…). Cada mañana mis sábanas amanecían con un cerco de sudor desde la cabeza hasta los pies al más puro estilo de “Se ha escrito un crimen“. Un asquete.

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Y mira que hice todo aquello que se supone que facilita que te pongas de parto… Comer picante, subir/bajar escaleras (los vecinos ya no me decían siquiera eso de “¿Aún no has parido?” cuando me veían en la faena por el rellano imaginando mi desespero xD), frungir, andar rápido una hora cuando caía la tarde (mientras que lo que me apetecía realmente era fusionarme con el sofá y comerme un paquete de helados uno detrás de otro). Había que mover el cucu para que el gordaco “inside” se fuera posicionando en la pole position. Hasta bailaba con Óscar, nos poníamos coreografías de You Tube y hacíamos el moñas cosa fina.

Pero nada. N A D A. Como mucho hacía que Éric me diera más patadas (de Vendetta supongo ¬¬).

Se suponía que el 8 del 8 salía de cuentas (fecha con rima!), y yo seguía siendo una ballena varada. En el Hospital donde tenía previsto dar a luz, por protocolo, te dejan como mucho 10 días después de tu FPP. Por Diooor, pensaba yo, esperar 10 días más, WTF?? Ahí me acordé mucho y muy fuerte de los que me decían que “los segundos se caen” ¬¬. El mío debía de venir con arnés de triple seguridad

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8 días tuvieron que pasar hasta que de madrugada fuimos a Urgencias por contracciones más fuertes, aunque confieso que no regulares. Aun a riesgo de que me mandaran a casa, allí nos plantamos. Junto con 4 embarazadas más para hacer la “Pregnant Session Night“; estaba el personal del Hospital ojiplático con tanta preñati junta en cosa de media hora. Y no, no había luna llena. Sospecho que estábamos todas hasta los mismísimos.

Después de que la matrona O’Neil me apuñalase con la mirada por presentarme allí sin contracciones regulares (y se quejara deliberadamente de la cantidad de embarazadas que acababan de entrar, ole que ole…), la so orco del averno me pasó con la ginecóloga de guardia. Viendo mi historial y que nos aproximábamos a un desalojo forzoso en un par de días, me metió la mano en mis bajos y procedió a practicarme la maniobra de Hamilton mientras me explicaba en qué consistía (Un detalle, oye. Lo que no me contó la joía es que debía de haberme pedido mi consentimiento, que de eso me enteré cuando llegué a casa… ejem…) . Ahora entendía por qué la mujer que pasó antes que yo pegó aquel grito. Jodo con la doctorcita, esa noche estaba sembrada y regalaba maniobras Hamiltonianas con cada exploración

Con tal maniobra se pretende separar la bolsa amniótica del útero para provocar contracciones con el fin de desencadenar el parto. No es 100% eficaz en todas las mujeres, pero a mi me funcionó.

Volvimos a casa sobre las 7am. Me quedé frita hasta las 9 (aunque con muchas molestias). Me despertaron mis amigas las contracciones, pero éstas eran ya de las dolorosas nivel “Hoy no me puedo levantar”. Las empecé a contabilizar de 10 a 11 y sip, efectivamente ahí estaban las Señoras Contracciones, las que van con mayúsculas, las de parto. ¡Que empiece la fiesta! (“yatusabeeee” Ft. by Pitbull)

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Pa’l hospital que fuimos. Yo solo rezaba el “jesusitodemivida” así pa’dentro para no encontrarme a la matrona OrcO’Neil, y afortunadamente, no, no estaba, en su lugar estaba la matrona más maja del mundo mundial (¡Bieeen!) que lo hizo todo muy fácil. Me dijeron que estaba dilataba de 2cm y que aunque era pronto me quedaría ingresada. A las 12 de la mañana no podía de dolor de las pedazo contracciones que me venían (estas cosicas son las que una no recuerda cuando busca un segundo… ejem, la memoria es blandurri). A las 5 de la tarde ya estaba dilatada de 10, ea, ya podía parir… Ah, no, espera, que gracias al efecto de la epidural (la pedí yo con los ojos en blanco y echando espuma verde por la boca – y mi chico con un esguince de muñeca. Algunos pensarán que mi tolerancia al dolor es de -15, pero habiendo drogas, qué queréis que os diga… Solo puedo decir ¡Venga que rulen!) casi de cintura para abajo era de corchopan y no sentía nada. De hecho la pierna izquierda de desparramaba y le tenía que pedir al marío que me la colocara en su sitio, que parecía Lina Morgan, hágameustéerfavó.

La matrona esperó a las 18h para enchufarme algo de oxitocina a ver si sentía alguna contracción, y al rato empecé a notar leeeevemente algo. Siguiendo las instrucciones de la matrona empecé a realizar series de 3 pujos, y para mi sorpresa en uno de ellos, PATAPLAM, salió mi pequeño, con sus ojos chinorris, sus mofletacos tamaño XXL y una boquita piñonera de lo más achuchable, expulsando por la misma las aguas verdes en las que venía (sería por la maniobra de Hamilton? mmmh) y rociándolo todo y a todos con su primer pis, ¡Chispas!

Y me lo pusieron en mi pecho (Con Óscar no fue así y reconozco que me quedé como hueca) y fue la experiencia más maravillosa del mundo. Pero cuando yo creía que no podía haber momento más mágico, Éric estiró su bracito y agarró con fuerza la gargantilla de las 2 estrellitas que siempre llevo puesta, como si diera el relevo a sus hermanos no natos, madredelamorhermoso… Miré a Mauri incrédula y él lloraba sin parar :_))20_sept_2016_diariodeunaendorfina_eric

Ains, qué pasada de recuerdo… Así nos dejaron dos horitas hasta que nos subieron a la habitación. Y yo me hubiera quedado así toda la vida, bien pegados, húmedos, entre sangre y cosas blandurris; oliendo a bebé, a vida. Él y yo. Mi niño, mi babyninjami bebé arcoiris. El bebé que no quería salir ya estaba conmigo.

Carta a Éric

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Qué cosas, nunca pensé que tendría un hijo al que llamaría Éric. Claro que tampoco Óscar. Y ahora cuanto más digo tu nombre, más me gusta. Éric. Óscar y Éric. Me mola.

Querido hijomío, hasta que no te tenga en mi pecho, te mire, te huela y te sienta entre mis brazos, creo que no descansaré del todo. Me se la parte que viene después de un parto, no creas, pero no me refiero a ese “descansar”… No me voy a enrollar, ya te explicaré algún día, lo que ahora te vengo a contar es que después de una pérdida supongo que es normal estar más alerta de todo. Yo que no me considero temerosa, me reconozco a veces preocupada. La imaginación y los miedos son traicioneros.

Tal vez por esto, y ojo que negaré haberlo dicho, prefiero que me des las soberanas patadas que me arreas ahí dentro (tu hermano no se movía apenas nada comparado contigo), porque necesito sentirte, saber que estás lleno de energía y de vida, que te aferres a ella, y por extensión, a mi. Aunque te de por juguetear con mi vejiga como si fuera un puñetero cubo de Rubik, y te vengues después de practicar pilates haciendo piruetas rarunas que me hacen poner los ojos en blanco. 

A veces creo que de una patada ninja de esas que estás perfeccionando dentro de mi me romperás la bolsa, porque mira que golpeas fuerte, criatura…

No se qué haces ahí dentro, pero tengo mucho más molestias que en el embarazo de tu brother. Y la alergia, y este calor de mierda me dejan KO. Claro que también tengo cuatro años más que entonces, soy un pollo duro, hijo. Cuando tengas 20 yo tendré… Omaigat, 59.

Pasapalabra…

Diría que tienes prisa por salir, que la bola amniótica en la que flotas se te está quedando canija para tus casi 2 kilazos de miniser. No seré yo quien te impida salir, que la perspectiva de este verano es… ¿Cómo decirlo en un solo adjetivo? Demoledora. No sabes la de personas desalmadas que me dicen una y otra vez que me voy a comer el peor verano de la historia… Coño, que en verano hace calor y en invierno, frío. Calor hace, pero cuéntame algo que no sepa. Porfaplissss.

También quería decirte que mamá, aquí tu contenedora, ha decidido parar. Y tomar aire. Tomar distancia de todo. Para centrarme en ti, ¿Quizá con las patadas me requerías atención? ¿O es que ensayabas una llave ninja nueva?

El caso es que he necesitado volver a respirar, a flotar, a dejarme llevar porque el ritmo que llevaba no era el mejor. En ocasiones, las mujeres en general y las madres en particular, creemos que podemos con todo. Y qué va. Somos la hostia gestionando tareas y optimizando el tiempo, hacemos verdaderos malabares, pero a veces sencillamente el cuerpo avisa. Y entonces, si no antes, es justo y necesario PARAR.

Y claro, te sientes juzgada por la sociedad, por querer bajar del tren. O espera, ¿No seremos nosotras mismas las que nos juzgamos tan severamente, las que nos boicoteamos, las que nos exigimos demasiado, las que nos ponemos altas metas? Me refiero a una misma. Yo vs Yo.

La mamma está como un cencerro, cariño. Vete acostumbrando…

Gracias a tu padre y al médico aquí estoy escribiéndote esta carta en el solar que es mi blog ahora mismo una mañana de miércoles, donde por cierto, corre el airecito y lo agradezco tanto como un donut a media mañana.

¿Y sabes? Necesitaba hacerlo. Pero no lo sabía. Quería hacerlo, pero no lo hacía. Quería escribir, contarte las ganas que tengo de conocerte, de vivirte. Lo cierto es que tú me conoces a mi más que yo a ti. Sabes mis horarios, conoces a la perfección mis pises con alevosía y nocturnidad, sabes que no perdono los picos de la barra del pan, que me vuelve loca la piña fresquita y que no me acerco al queso ni con un palo, conoces mi voz, el timbre de mi risa, el sabor de mi llanto; conoces (por desgracia) mis ataques de alergia, los besos de papá y del bro, la música que me gusta, sabes que duermo entre un sinfín de almohadas y cuantas veces paso por la ducha al día, porque la mamma se pasa el día sudando. 

Tengo un mes y medio para dedicártelo y dedicármelo, antes de ponerte cara. Y volver a estrenar etapa. A disfrutar de otra maternidad, sin miedos ni canguelos de primeriza. Para disfrutar de ti, pequeño, con Óscar y papá, y recargarme a tope de endorfinas para contarlo en este “diario” 🙂

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