Miércoles mudo: Halloween is here!

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Miércoles mudo: Octubre de mocos

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La panza es lo primero

Que Óscar es un tragaldabas es por todos sabido. Su apodo, «El gordo» no es en vano. Aunque gordo-gordo ya no es, por la altura. Es más bien grandote.

Sus 54 centímetros al nacer también eran una pista importante de que sería un niño tocho y con mucho saque.

Y así fue. Desde bien pequeñín mostró su gran apetito.

Recuerdo que a los dos mesecitos empezó una fase de lloros inconsolables que yo achaqué a los tan temidos como famosos cólicos del lactante. Después de pasearme porteándole por toda la casa intentando calmarle, calmarle con masajitos en la barriguilla y un sinfín de intentos más, Mauri me dijo «¿Y si lo que le pasa es que se queda con hambre?«. Al principio fui reacia a hacer lo contrario a lo prescrito por el pediatra, pero desesperada, acepté aumentarle la dosis del bibe. Y mano de santo, el pobre no volvió a decir ni pío… Criatura, estaba pasando más hambre que los pavos de Manolo…

Óscar tiene un saque digno de su familia. De la paterna y también de la materna. Aún a día de hoy Mauri me recuerda  cuando empezamos a salir, en una comida con mi familia, ojiplático se quedó cuando mis hermanos celebraban la llegada de cada plato de la mía mamma aplaudiendo, bailoteando y jaleando sonidos guturales. Sí, así somos los Sánchez, una especie de familia del Doctor Chiflado , salvando las distancias, que hay muchas, jajaja (soy una exagerada, lo se, es para que os hagáis una idea de cómo le damos bien a eso de mover el hocico ^^)

El caso es que desde que Óscar probó la comida, en concreto la sólida, se ha hecho fan para toda la vida.

Como a todos los niños prefiere morder, pero ojocuidao que tampoco le hace ascos al puré.

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Entre sus preferencias está la carne, en cualquiera de sus variedades, ya sea pavo, pollo, ternera, cerdo o cualquier animal. Le gusta cosa mala: a la plancha, rebozado, en salsa… puro vicio.

El pescado también está entre sus preferencias. Los lomitos de merluza, o los filetes de gallo y lenguado los devora en un abrir y cerrar de ojos.

Si todo esto viene acompañado de patatitas fritas, la vida sabe mejor 🙂

Pan (en todas sus formas… Aunque, ¿A quién no le gusta??), tortilla francesa, embutido, el queso de bola, las aceitunas (superfan!), naranja, piña, plátano, el atún, lácteos (todos)… Le pirran. Sin embargo los quesitos y las croquetas como son blandurris por dentro le da repelús y después del primer mordisco dice que tururú.

En general es un gran comedor, peeeero para nuestra sorpresa hay cosas que se come en la guardería (me dicen que no solo come bien sino que de todo y repitiendo y todo…) y que en casa dice que pa Rita the Singer si eso...

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A saber: Pasta con tomate (y eso que le compré una monérrima de colores de minidinosaurios ^^) , san jacobos (es que no lo entiendo: le gusta el jamón york, le gusta el queso, le gusta el rebozado… WTF??), verdura rebozada (de lo que come el grillo, poquillo XD)… Que no, que no, y que no. No hay forma, nos deja el salón que parece el final de una performance o de un concierto de Lady Gaga.

No sabemos qué leches hacer para que no coma siempre lo mismo en casa. La noche del sábado se puso mu flamenco y nos acabamos cabreando con él. Tanto que le mandamos a la cama sin cenar. Y a la 1 ya se estaba despertando pidiendo mandanga (y eso que había merendado bien no, lo siguiente!)…  Ains… Nos va salir más barato hacerle un traje que sacarle a comer…

Mi caja Nonabox

La Nonabox del mes ha sido de nuevo muy muy práctica ¡Me encanta poder aprovecharlo todo!.

Por una parte tiene un montón de cremitas para el gordito (cuerpo y cara) y para mí. ¡Minipunto para Nonabox!

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Para continuar, trae un aspirador nasal super apañaete, un chupete que enchufo de cuando en cuando al gordi en mi loca cruzada para que no se chupe tanto el dedo (este mes que es de tránsito estoy siendo más flexible…), un supervale descuento, y…. Unos purés de fruta orgánicos que olían de maravilla… Y sí, bien digo olían, porque fue visto y no visto!! Gensanta qué manera de engullir ¡Decir que le gustaron es poco! Se comió en cero coma los dos que traía la caja… Y doy fe que se hubiera zampado una docena…

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Miércoles mudo: La Caja, el objeto del deseo

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Miércoles Mudo: Nostalgia de Bel

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La fiera de mi niño o nuestro período de adaptación

Como algunos ya sabéis por las redes sociales, he abandonado temporalmente esta vida disoluta sin horarios ( o mejor dicho, con horarios de alevosía y nocturnidad) ya que me he incorporado a currar en una empresa, con sus madrugones, su pc de interminables reinicios y su tupper.

Contenta porque es para ilustrar, que es lo que más me gusta del mundo mundial, pero sufriendo en mis carnes, maladás por otra parte por falta de descanso, los arrebatos de mi gordo, que desde que está en la guardería está especialmente sensibol.

Y es que estamos en el famoso período de adaptación, en el que él se adapta a su nueva vida… y yo a la mía. A su vida sin mi (por unas horas) y a mi vida sin él. Y os puedo decir que no está siendo fácil.

El tío está sacando a relucir su carácter, con sus rabietas y todo su maquinaria pesada y no duda en usarlas a discreción en cuanto algo no es de su agrado.

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Igual te monta un pollo en plena calle, que te lanza la comida a la cara, que se tira al suelo, unas veces para despatarrarse a gusto (ya sea arena, asfalto, hierba o cama de pinchos) y otras para llorar sin una sola lágrima hasta quedarse sin respiración para sobresalto de una servidora.

Mauri le pone firme en cero coma, es aplicado y coge notas cuando echan SuperNanny mientras yo… Yo me echo la siesta u.u

24_sept_adaptacion3Se que él tiene razón, ella es el oráculo de toda madre/padre, esa Supernanny entregada e implacable, cargada de cartulinas con puntos y paciencia, pero me temo que yo soy la blandurri de los 2. Por dentro y por fuera, juass.

Intuyo que nos está echando un pulso, midiendo hasta dónde puede llegar; también es una gran llamada de atención, porque cuando estamos juntos es un BabyKoala, agarrado a mí como si fuera una calcomanía. Y no puede ser otra persona, ni papuchi. Not. Es que perderme de vista y echarse a llorar como si le estuvieran quitando la piel a pellizcos.

Ains mi gordito…

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Sus profes me dicen que es un niño 10, que se porta genial, que es un niño muy sociable y tranquilo, juega con todos y con todo, come todo, duerme la siesta estupendamente… ¿Será su personal revenge?  😦

Joooo…

¿Cómo ha sido vuestro período de adaptación? ¡Se aceptan consejillos y/o truquis! Aaasiass ^^

Miércoles mudo: Necesito energy

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Crónicas del parque

Como a todos los niños, a Óscar le apasiona el parque.

Yo os confesaré que lo odio (aunque voy religiosamente, oiga). No me gusta la arena (mezclada con colillas y demás guarradas), no me gusta que Óscar se la meta en la boca y la rumie, pero lo que peor llevo son los niños hooligans y sus padres/abuelos… vamos a dejarlo en pasotas.

Cuando comenzamos a ir nos echábamos ratos muy majos en el balancín, pero de un tiempo a esta parte ha desarrollado una obsesión compulsiva con el tobogán y con otros columpios rarunos.

En principio el tobogán es el Santo Santorum del parque, quizás porque este tiene una plataforma desde la que te deslizas, por lo que los niños y niños se apelotonan allí arriba.

Es poner un pie en el parque e ir andando hacia él con los brazos estirados como si estuviera hipnotizado «Mi paaaarque, tobogáááán» (léase con voz de E.T.).

Como aún no puede subir por las escalerillas, le sentamos directamente en lo alto del tobogán, y cogiéndole de la manita, hace la bajada, a carcajada pura, más feliz que una perdiz la criatura.

Esto es lo que suele ocurrir cuando hay pocos niños o ninguno. Al menos en nuestro barrio. Y cuando llega la Happy Hour mi pobre gordinchi se ve relegado a esperar, cuando no es empujado y vapuleado por los grandes.
10_septiembre_hooligans_toboganPorque sí, en todos los parques hay un niño/niña joputa, ese que lleva el cotarro, al que todos siguen, que suele ser de los mayores. Y el nuestro no iba a ser menos. Una niña de unos 4 años (aprox.) se hizo con el parque en cuanto puso su tremendo pinrel embutidito en un zapatito rosa de lunares en él.

A Óscar, como ya sabéis, le tiran las mayores, así que fue hacia ella, junto con unos 5 niñitos más, a los que la niña hooligan no solo ignoró, sino que empujó con mala leche. En plan «que corra el aire, chato«.

Pero los moscardones, (entre ellos mis mosca) seguían ahí, embobados, mirándo a la criatura como si fuera una diosa. La diosa japuta del parque.

En una de las trescientasveinticuatro veces que la nena se tiró por el tobogán tuvo a bien empujar a su hermanito que lo intentaba antes que ella. El hermanito, que debería tener unos 2 años, se metió un guarrazo del quince, la niña sonrió malignamente y yo creí verle unos pequeños cuernos asomando por su rubia cabeza de diosa infantil.

Sus abuelos, en lugar de increparle algo (ni tan siquiera de decirle que cediese el tobogán a otros nenes, a los iluminatis -o moscardones), o de castigarle directamente, fueron a recoger al niño ostiado en el suelo, y esto fue lo que dijeron:

«Ruth, eso no se hace»

¿Hola? ¿Y ya? Alma de cantarus… ¿Tu crees que con semejante frase… ? ¿De verdad?

La niña japuta siguió haciendo el mal todo el tiempo que estuvo en el parque. Ignoró a mi gordo, esa es la verdad (menos mal), pero el hermano de la joputa se encargó de quitarle la pelota, el cubo y todo lo que Óscar tocara. Los abuelos, ni , oiga. Y razonar con un futuro hooligan es tremendo esfuerzo, que desde luego no me tocaba a mi hacer.

Como todos los días era lo mismo, decidimos, bueno, no, decidí yo, que si el peque hablara volvería a repetir adoración máxima a la niña hooligan, emigrar a otro parque donde no hubiera tanta hostilidad.

Y lo conseguimos. Eso sí, en este parque sigue habiendo colillas, Óscar hace degustaciones de arena, pero nos tiramos por un tobogán feote de elefante las veces que queremos, e incluso hemos descubierto un columpio-olla (entra en la categoría de columpio raruno) que hace las delicias del gordo. ¿Para qué sirve el columpio? Ni idea, el se dedica a darle manotazos (suena eco) y a llenarlo de arena.

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Suele estar menos masificado. Un día llegaron tres nenas -aparentemente normales, no hooligans– de entre 5 y 8 años y ocuparon la olla metiéndose dentro de la misma (a lo que yo pensé, aaaanda leches, para eso sirve o_O).

Óscar se quedó ahí plantado, abriendo muchos los ojos y sonriendo maravillado entre lazos, falditas y esas caritas bonitas. Le tuve que movilizar yo porque empezaron a hacer girar la olla y el gordo, que estaba agarrado a ella en plan «No sin mi olla«, estaba más en el suelo que de pie.

Pobre gordinfli mío, se quedó el resto del tiempo mirando con arrobo a las ninfas del parque desde la lontananza sin pestañear.