Semana horribilis

Por fin vuelvo por estos tan queridos lares. Aaains que malitos hemos estado. Os cuento.

La noche del lunes al martes me la pasé echando hasta la primera papilla, y para ser «fisna» y no demasiado escatológica usaré la terminología que Coco nos enseñó en Barrio Sésamo: Por arriba y por abajo. Ea, hecha un trapico. Qué digo un trapo, una mierda.

El martes por la mañana era un cadaver andante que intentaba hacer un mísero biberón mientras las canillas me temblaban como dos bloques de gelatina blandurri. La cabeza me daba vueltas y mi mirada de loca enajenada empujó al padre de la criatura a acabar de preparar el biberón y dárselo aunque llegara tarde al trabajo.

«Llama a tus padres» fue lo que procesé más nítidamente en la pecera que era mi cerebelo, «que vengan a ayudarte por que estas hecha polvo«. Os aseguro que es imposible atender un bebé en este estado catatónico. Imposibol del tó.

Se me cerraban los ojos. Retortijón, 100 metros lisos, váter. Cogí el móvil y entre balbuceos de borderline le pedí a mi padre que vinieran a ayudarme con el gordito. No me veía con fuerzas de obligarle a comer cuando se pone a lo Fidelcastro y su vivaaaa la revolusssssion, camaraada! y que pa Rita la frutita. No, la verdad es que no.

Mis padres llegaron y me obligaron a meterme en la cama, que ellos se ocupaban del peque. Mi menú de la semana ha sido arroz y pavo-posssho, posssho-pavo... Ahora soy un poco más chinorri.

Cuando ya creía que estaba mejor (del estómago por que me salió un racimo de llagas en la boca, supongo que sería la fase final del virus estomacal y tal y tal), y empecé a sentir a mi alrededor, noté que Óscar tenía unos Sres. Mocazos, volvía a toser y que se destemplaba con facilidad. Mi bebé feliciano estaba muy irascible y lloraba casi constantemente por que no podía respirar. Apenas se terminaba la fruta ni la verdura (llorando como si le arrancaran la piel con pinzas de depilar, criatura…), pero lo que me pareció llamativo fue que dejara biberón OMG! Algo estaba pasando, este no es mi Oski… Su mandanga es sagrada.

Estos síntomas y mi instinto me hizo descolgar el teléfono y marcar el número del Centro de Salud. Le llevé al pediatra esa misma tarde aun a riesgo de que pecara de madre primeriza y coñazo que por un moco se planta en la consulta cual plañidera con el bebé en brazos clamando atención inmediata y exclusiva. La pediatra le examinó y determinó un catarrín tontín pero que lo vigilara bien, que si empezara a respirar con mayor dificultad y muy rápido y en este proceso se le notara las costillas (de respirar rápido y en fases cortas) podía ser una bronquilitis.

Joder, suena a chungueras.

¿Y cómo amanece la bolita cárnica el jueves? Con tooooodos los síntomas, el más llamativo ese pitido en el pecho junto con una respiración a lo Darth Vader que daba hasta miedo. Otra vez al pediatra. Confirmao. Bronquiolitis al canto…

Cagüenlamarsalá…

La pediatra me preguntó si había en la familia antecedentes de asma. «Jamía, el padre de la criatura y el abuelo, sin ir más lejos» Ahí lo tiene. Mi pobre gordo… no podía heredar mi sarro, tenía que heredar el puñetero asma…

Tratamiento: Lo que ya le estaba haciendo con el catarro, mucha agüita, elevar un poco la zona del cabecero de la cunita y limpiar las naricillas con agua de mar antes de cada comida, más ración de ventolín para abrir los bronquios y que el pequeñuelo pudiera respirar y reconciliarse con el mundo.

Para dosificar el ventolín me indicó unas capsulas cilíndricas con mascarilla para administrar mejor el medicamento. 2 pulverizaciones cada 6 horas aprox. Cuando viera que iba mejorando, cada 12 horas.

No soy muy amiga de dar medicamentos a los nenes tan chicos, el ventolín (soy alérgica y lo he usado) me parece algo fuerte y por lo tanto serio, pero lo cierto es que el peque ha mejorado una barbaridad, vuelve a ser un ser risueño y agradecido cuando le bailo el moonwalker (es mi mejor público, osshe) cuando tose expectora, logra respirar y reírse a la vez y come mucho mejor por que hay menos flemas. Que no es poca cosa.

En fin, una semana de lo más fatal… Parece que esta se presenta tranquila… ¿Habrá una próxima Itis en casa (después de una gastroenteritis y una bronquilitis)? Por Tutatis, Noooorrl!!!

PD.- Para los que os lo preguntéis, sí, el padre ha sobrevivido al tsunami ítico 🙂

Verde que te quiero verde

Para compensar mi ausencia esta semana, he aquí un superpost. Un superpost-ergeist. Ahí va.

El sábado empezamos con los purés de verdura. Toda una aventura, oiga. Nuestra cocina de Pin y Pon parecía el último día del Rocío. Un caos. Un sindios. Las mondaduras de patata, de zanahoria y de judia verde se mezclaban con los mondongos del puré y con los mil utensilios que usamos. Gensanta, qué desastre…

El pediatra nos indicó que para empezar le diéramos pures de patata, zanahoria, judia verde y puerro. Too much para el gordi. He aquí el momentazo:

Cuando la criatura vio el cuenco con el puré nos hizo un Poker Face… Y cuando lo probó, me lo devolvió lenta y amablemente tal y como había entrado. Leía en sus ojos un claro ¿Qué mierda es esta? ¿Y mi bibe, qué?. Momentazo niña del exorcista.

Mi cuñada, ese manual infantil de cabecera con patas y cabellos rubios, me comentó que es normal, que el paso a cuchara requiere paciencia, pero que les acaba molando. Y que probara a hacer solo purés de patata y zanahoria, que es más suave, y progresivamente añadir el resto, conforme se vaya haciendo al nuevo menú. Y ossshe, ¡Funcionó! Hete aquí la prueba:

Lo curioso es que comió muchísimo mejor cuando me dio por cantarle todo el repertorio de series infantiles de mi generación que me acordaba, a saber  Abeja Maya, Los Pitufos, Jackie el Osito, La sirenita –va, lo reconozcoya era mayorcita cuando sacaron esta peli, pero me chifló… Hasta que di con la clave al cantar la de los Mosqueperros, se quedó como hipnotizado, y comió genial abriendo la boca y todo para recibir tajada. No se si por que la canción (con la letra tuneada por una servidora) en sí encierra algún tipo ritmo satánico (rollo vinilo leído al revés), que pudiera ser, o por que mi voz de gato atropellao le cortocircuitó el cerebelo y se quedó como los perros cuando les tocas ese silbato inaudito para el ser humano.

Ah! Y también estrenó su trona, regalo de sus titos Alex, Jorge, Ana y Vane, ¡Gracias chic@s! Le encanta, y es comodísima. Está la mar de bien controlando todo desde su puesto de mando, tanto come, como juega, como que aporrea con sus rollizas manitas la bandeja, preparándose para cuando sea batería de un grupo punk. No le pega otra cosa a la criatura con semejante cresta.

Tema cucharas: Parece una tontá, pero not. Las cucharas con cabezal de silicona, para los primeros días de puré, van de coña. Otro briconsejo de mi cuñi. Tema baberos: Arriba el plasticurri!!

Por otra parte, aún no ha empezado oficialmente con la fruta. Pero el día que le puse una manzana en su boca y la chuperreteó como si no hubiera mañana, supe que la papilla de frutas le molaría más que los puré de verduras. Confieso que… Una tarde en casa de mi madre, contraviniendo totaaaalmente las indicaciones del pediatra, I know, le enchufamos una papilla de frutas que devoró en cero coma. Y ni cuchara de silicona ni leches, con las únicas que hay en casa de mis padres. Qué tío…

Pero he de decir que como sus biberones, nada. El record está en un minuto 240ml de leche con cereales. Que pim que pam. Telita. Y eeegque como su mandanga original no hay na…

Óscar loves mandanga rica

P.D.- Siguiendo los consejos de la madre novata tuneé uno de los muchos botes que he guardado con la leche de Óscar ^_^ que tenía ganas yo de sacarles partido… ¡Me encanta!

Vacuna de los 6 meses

 

Y fue volver de la playa y tocarle a la criatura la última vacuna contra el rotavirus (opcional, y en tres fases, al mes y medio, a los 3 meses y a los 6, no entra en el calendario de vacunación de la seguridad social y cuesta una pasta cada dosis) y el pinchazo de rigor de la vacuna de los 6 meses.

Para mi sorpresa, el gordi aguantó el pinchazo que le arreó nuestra agria enfermera del centro de salud, que solo fue uno, no como los tres anteriores (repartidos en 2 en un muslito y uno en el otro). Me miró rollo «qué pasa?» pero no llego ni a llorar, creo que solo juró algo en arameo, que imagino que venía a decir «mecagüentóloquesemenea«.

Es que el gorrión está hecho un champion!! Y esta vez ni fiebre ni na… No se si llamarle Óscar o Patxi, cagüenlamar...

La sombra del Bali es alargada

Ya hemos vuelto de la playa. Una semanita a media pensión en el supuesto Gran Hotel Bali. De Gran Hotel Bali no tiene nada. Sería más completo decir Gran Mojón y después continuar con Decrépito y finalizar con Hotel Bali. Entonces sí. Pero le llamaremos Bali.

Lo reconozco, me dejé llevar por mis recuerdos de Benidorm, en la casa de la familia de mi mejor amiga, prácticamente a la sombra de este complejo hotelero, a nuestras idas y venidas, a nuestras fiestas y en definitiva, a los veranos con sabor a ron con Cola Jimmy y a salitre, a despreocupación y a felicidad. Nuestro objetivo a corto plazo por aquellos entonces era salir por la noche, pintarrejearnos los ojos, ponernos morenas y bailar como locas. Qué tiempos…

Estos recuerdos y el ofertón de Atrápalo me traicionaron y no rastreé yo por internete los millones de comentarios negativos que del Bali existían. Mal, Sue, mal. 7 latigazos en el trasero. Uno por cada día.

Ha sido, sin duda, el hotel más sórdido en el que hemos estado. Una lista y todo hemos hecho de las mil y una cosas que nos íbamos encontrando en nuestra estancia. Entre las perlas que nos encontramos, hormigas en el escritorio de la habitación (ahí tenía yo los bibes y demás enseres del peque, puaaaj! ascazo supino cuando las descubrí pulular a sus anchas), sangre en las cortinas, camas como rocas, sábanas rasgadas, parking sórdido sin luz, ascensores insuficientes para el volumen de gente, tumbones rotas, piscina con hedor de alcantarillado y colas interminables en el buffet. Menos mal que mis padres y brodel se lo tomaron con filosofía y entre todos hacíamos constantes coñas… En fin, que lo tenía todo. Todo, todo y todo. Después nos enteramos que el personal llevaba sin cobrar meses… Y nos encajó todo, desde la pasividad hasta la cara de merluza congelada de los empleados y su mirada hueca de «melasudas«.

Benidorm, bien, cuajado de parejas de jubilados y de guiris como era de esperar, pero hemos tenido suerte y el tiempo nos ha acompañado. Alternábamos playa con piscina, pero a tenor de los últimos acontecimientos en la misma, con estampida por olor a podrido y niños gordos portugueses saltando a bomba incluidos, apostamos por la playa a tope, donde además, por al tarde se estaba la mar de a gustico: había bastante menos gente y la arena dejaba de arder.

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Paseos también hubo. Muchos. Y también visitas al Museo del Chocolate en Villajoyosa y a Altea. En sendos viajes nos metimos entre pecho y espalda un arroz a banda y una fideua respectivamente. Maravilla.

La tableta de chocolate con almendras nos duró a mai brodel y a mí exactamente tres días. Y por que la tenía en arresto domiciliario. Al chocolate, quicir, que mai brodel necesita el dulce como el aire para vivir. Hay que racionarselo.

Con él compartía cuarto, charlas nocturnas, miniempanadillas, helados y al gordi, of course, que sin su ayuda hubiera sido harto complicado, teniendo en cuenta los 10 kilazos (calculo yo, mañana vamos al pediatra, a ver q nos dice) de criature. De hecho la complicidad de los Óscares ha sido increíble. Pura adoración mútua. Dos habitaciones más allá estaban mis padres, patrocinadores oficiales de la Vuelta a Benidorm 2012.

En general ha sido un viaje tranquilo, con siestas incluidas. El peque se lo ha pasado requetebien, se ha reído muchísimo y se ha portado como un campeón, sin llorar apenas nada (solo por la mandanga, as always). Y el otro miembro de la expedición, mi pelo, se manifestó a lo grande. Fue poner un pie en Benidorm y crecer a lo ancho cual pompón hasta parecer Michael Jackson de pequeñín cuando estaba en los Jackson 5: la bola de un micrófono. Bendita goma del pelo.

Lo que traigo de este viaje es, a parte de un par de revitalizantes y obligados kilos de más, la fascinación del peque por el agua y las olas, su moreno ipso facto tal cual el sol le tocaba, y las siestas de pijama y orinal que el angelico se echaba con el run run del mar. Bueno, y una servidora, claro. Baba included. Como tiene que ser.

Aquí no hay playa, vaya, vaya

¿Sabeis lo que necesitamos la bolita cárnica y una servidora para que la flema se vaya bien lejos de nuestros conductos? El aire marino en to los morros y el agua salada en los pinreles (y en mis durezas, que bien podría andar sobre ascuas y no quemarme). En su defecto, le echo en las mininaricillas del gorrioncito agua de mar embotellada accesible en farmacias.

Pero, ¡Oh feliz coincidencia! Los abuelos han tenido el detallazo de invitarnos a una semanita en la playa. Con ellos, claro. Y con mi hermano pequeño, que de pequeño tiene la edad, que es un armario empotrado todo él. A ver si logramos que le de un poquico el sol en sus carnes níveas, que parece un gusiluz, el pobre. Pa que os hagais una idea, anda en la senda de Iniesta. Echaremos mucho de menos al padre de la criatura y amante bandido de la endorfina. Pero mucho. Prometo crónica diaria con material gráfico.

Ya os contaré a la vuelta si acabaremos como el rosario de la aurora o volvemos cantando a coro y de la mano en el coche aquello de «para ser conductor de primeeera, aceleera, aceleeera«, o uno de los miembros de la expedición no regresa de tamaña aventura, quedándose para siempre en la ciudad de Maria Jesús y su acordeón, que para quien no lo sepa, fue famosa años ha por su «pajaritos por aquí, pajaritos por allá…» y que desde hace años, actúa en exclusiva en Benidorm. Su público, hordas vikingas de jubilados del IMSERSO y algún que otro guiri despistao atraído por la melodía pegadiza y el bailecito infantil que lo acompaña. Por cada abuelo que lo baila, hay un gatito que muere. A tener en cuenta.

Como es de bien nacida ser agradecida, ¡Gracias padres! Esperemos que en septiembre haya bajado el volumen de gente en estas concentraciones costeras, por que no concibo yo eso de madrugar en vacaciones con el objetivo de plantar la sombrilla en un cachito arena, como si de la tierra prometida se tratara… Y si no, siempre nos quedará la piscina, los desayunos de buffet libre y el rascarse la barriga a dos manos, que nunca viene mal.

Así que esta endorfina y su apéndice estarán out otra semanita. No está mal, una en julio, otra en agosto y ahora otra en septiembre. No está mal, que después el invierno es muuu largo.

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Ñoñadas y más cumples

No se si será esta moquera que me tiene reblandecido el cerebro entero, el paracetamol o el amor de madre que a veces aparece así a bocajarro y sin avisar, pero a veces me quedo mirando al gordi como si lo tuviera que devolver al día siguiente.

Y entonces entiendo a mi madre taaaan bien. Anda que no me lo ha dicho veces ni nada cuando se quedaba toli mirándome y yo la increpaba “Mamá, ¿qué pasa? ¿Qué me miras?” y ella, supurando corazoncitos por los poros, suspiraba y me decía “cuando seas madre lo entenderás”. En ese momento me limitaba a encogerme de hombros e irme de donde estaba, pensando “no le habrá sentao bien el cocido”… es que yo era mu raspa tirando a secarruta.

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Y ahora voy yo y CALCO no solo esto, si no mil y una cosas suyas. Mientras le contaba a mi madre, toas estas reflexiones de mi mismidad, con semblante preocupadillo, ella entrecerraba los ojos de gustirrinín y asentía con la cabeza como diciendo “Si ya sabía yo que…”. Amos que siempre tenga la razón, la tía. No pocas han sido las veces que antes de salir de casa me decía aquello de «Coge el paraguas que hoy lloverá» y yo, que estaba en esa época difícil de aversión al paraguas (y a todo lo que me dijera la meva mare) le respondía que ni de coña saldría a la calle con semejante Lorenzo por bandera. ¿Cómo volvía la que esto escribe a casa? Ya sus lo imaginareis: hecha un caldo de possssho. «Te lo dije» Y así se cerraban taaantas y taaantas conversaciones madre-hija, en un bucle infinito y perfecto en su infinitud.

Así que ojito con escupir mu alto que la gravedad todo lo echa por tierra y el esputo acaba volviendo a 200km/h y te deja hecha un guiñapo. Avisaos quedais.

Cambiando de tercio, por que no me voy a extender más en los cuores que supuro cuando el gordi me echa esas sonrisicas (baba de madre sobre teclado), hoy es el cumple de mi amiga, cuñada, prima, excompi de curro, loqueellaquiera, Laura: ¡Felicidades amore! esperamos de todo corazón (porfaplis ¡cómo me está quedando el post de edulcorado, con tanto corazoncico! Me siento la Igartiburu…) que tengas un día estupendo. Aquí te dejo la postal que me ha pedido Óscar que te escriba, que así llega más rápido que por correo postal ^_^

(*) Tía Lau, haz clic sobre la imagen para verla bien grandota 😉

Trancazo modo ON

Llegaron con la fresca, se sentaron en el sofá, como los hombres de negro que daban el coñazo al pobre Neo, miraron alrededor, uno de ello hizo un deje con la cabeza recriminando la pila de ropa por planchar que yacía en una silla y el cabecilla eligió la primera víctima. Al padre de la criatura se le veía tiernito y lejano a catarro alguno, viendo impertérrito un debate futbolero en Marca Tv. «Pa’llá que vamos» se dijeron los Sres. Viruses.

A mi me miraron también regu, así como con inquina, y estoy convencida de que se me colaron, pero ¿Sabeis lo que pasa? Que yo amaso a fuego lento los catarros. Así chup-chup. ¿Cueces o enriqueces? Pues yo las dos cosicas. No se manifiestan hasta días después. Y claro, así hoy los Sres. Viruses a parte de hermosotes me saludan con su prole y se beben un copazo a mi (mala) salud. Hállame hoy hecha un despojo, un saco de flemas y mocos, un mojón con patas, un trozo de carne con ojos. El kleenex y yo, Love Story.

Recapitulando, pues, el domingo recibimos la visitas de los Sres. Viruses, el lunes noche y martes all day in session el padre se esposaba a la cama y hacía de las sábanas un sudario y yo incubaba los viruses cual mamá gallina, y moqueaba a la par que me escocía la garganta como cuando te enchufabas con 15 años tu primer chupito de tequila marca JanderMix (=Cagalera nonStop) y crees que has tragado lejía a cascoporro.

El peque, angelico mio, estaba condenado. Sin escapatoria, fue recibiendo, sin querer, resquicios de semejante carga vírica. Primero empezó con toses rarunas, que me recordaron vivamente (y acojonada también) a las cacofonías del Palacio de Liria. Y después se echaba ristras de estornudos seguidas, regándolo todo de los Sres. Viruses que ya acampaban de buen rollo en la casa, con fiestuquis locas y todo, lo mismitico que si estuvieran en el festival de Benicassim, solo que en Oskilandia.

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Mi cuñada, mi sempiterna teleayuda al bebé al habla, me dijo que que estornudara mucho era muy bueno, y me recomendó darle mucha agua para que fluyera la flemota, tomar la temperatura con frecuencia y limpiarle las fosas nasales antes de cada toma con agua de mar o suero fisiológico. Ah! Y poner el humidificador, importante. Ayer empezó a expectorar y a sacar los Sres. Viruses que le quedaban dentro, aunque tuvo un poquito de fiebre. Hoy, sigue tosiendo, pero mucho menos. Nada que este superbebé no pueda aguantar. Está hecho un toro.

Pero ahora que los chicos ya están más o menos bien, amanezco yo como las locas (y no solo por los pelos, que también). Primero fue el padre, después el hijo, y ahora soy yo (la que quiere estar sin tí… Pimpinela dixit). Gensanta que malita que estoy, snif, los Sres. Viruses se están pegando una orgía majísima inside con alevosía y nocturnidad, snif. Sobre todo nocturnidad, por que al no respirar nada y caérseme el mocamen por las napias, snif, dormir, lo que viene siendo dormir, malamente, snif. Y cada vez que toso… en fin, snif, no os contaré lo que echo, creo que os hacéis cargo, snif.

Que digo yo, que porqué leches no me duran los resfriados como a tolmundo, dos o tres días… Snif!! Aaaatchus… aaains…

September

Me gusta el mes de septiembre. Para mí arranca el año en este mes. Reminiscencias de mis tiempos escolares y universitarios… Aaains…

Aunque también tiene sus cosas no tan buenas, como por ejemplo que vuelva todo diox de vacaciones (con la ilusión que hace aparcar en la santa puerta de los sitios), los anuncios de coleccionables coñazo (cada año es exactamente lo mismo!), las carreteras vuelven al aroma de atasco matutino, y para más inri, tenemos que pagar más por el puto IVA. Mira que le tengo dicho a Oski «nene, a controlar tu mini-esfínter que los pañales son un lujo que no nos podemos permitir con tu ritmo desaforado de pises y cacotas diarias» Pero como mi hijo ha salido revolucionario, se caga y se mea en lo que le digo, en Rajoy y en quien haga farta.

Otro cambio ha sido la bajada de temperatura, no esperada hasta mediados tirando pa finales (perdonando el veranillo de San Maikel). Mira que he aplaudido, hasta dejarme las manos ampolladas, este fresquito, por que sí, yo estos calores cada año los llevo peor. Taparme por las noches es algo que me hace ilusión de la bonita, como cuando eras niña y llegabas a casa y tu madre te tenía preparada la merienda, y no era el sempiterno bocata de chorizamen si no de Nocilla, y además te dejaba beber una lata de Trinaranjus. Así de ilusionada, ossshe.

Lo malo, claro, por que siempre hay una cara chunga de cualquier cosiña, es que sales a la calle y por la sombra te pelas y por el sol sudas como una perra. ¿Qué te pones? Aaaamiga… Ahí está el quid de la question. Que si vaquero largo, que si corto, que si tirantes, que si cuello vuelto… y en estas estamos cuando, sin darte apenas cuenta, te levantas de la siesta y hete aquí un dolorcejo de garganta tontuelo y un hilillo de moco desbocado se desparrama sobre el autodefinido del periódico del domingo. Snif. Te suenas, pero aquello no ha hecho más que comenzar. Aaaaatchis. L’ascagao.

Confirmado: Septiembre, nos ha traído un delivery de virujes extras. Activando trancazo en cazo modo ON, ooh yeah.

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El padre de la criatura se ha pasado la noche con una fiebre tal que le hacía jurar en arameo mientras buscaba la Meca con el termómetro. Menos mal que no le ha dado por trepar por la pared y el techo al estilo niña del exorcista que me hubiera cagao viva, por que el pobre los ojillos así inyectados en sangre un poco sí que los tenía. Criatura.

Yo estoy con la garganta como si tragara miles de chinchetas, ese escozor incómodo que te hace amanecer con la voz de Carmen de Mairena después de una megaresaca de vino de mesa Tío de la Bota. Y la cabeza como si me persiguiera un minidemonio cabroncete que me taladrara el cerebelo con alevosía y nocturnidad.

Así que evitamos coger mucho al peque, que el angelico se siente un proscrito, cuando los intocables somos nosotros. Y nos mira con recelo. Claro. Menudos getos que tenemos, ni en Jalowin

Pero septiembre también es época de cumples. Así que si me lo permiten, voy a acabar este post felicitando a mi amiga Ana, que hoy celebra su cumple, ¡Muchas felicidades tenga usted, señorita! Que no trabajes mucho y que seas muuu requetejapi ^_^ ¡Te queremos mucho, amore!

Desde Segovia con calor II Parte

Al día siguiente tocó Segovia city. El padre de la criatura la había visto de paso, usease que no la había visto. Así que no podíamos dejar pasar la oportunidad, a pesar de que yo me la tengo más vista que la etiqueta en español y en portugués del champú, ese que coges cuando te sientas en el trono y no tienes nada mejor con lo que entretenerte. Pos ese.

Segovia es bonica, con ese acuadecto con el que te saluda a su entrada, tan magnífico e imponente. Un alarde de ingeniería y de creatividad la de estos romanos.

Segovia está invadida, como cualquier ciudad española, por autobuses de japoneses que cámara en mano y gorras-souvenires (Córdoba forever, por ej.) fatales encajadas en la cabeza, admiran cada rincón exprimiendo cada momento como si fuera el último. Dándolo todo. Si hay que hacer doscientasveintidós fotacas del acueducto en contrapicado, en primerísimo plano, de lejos o haciendo el pino puente, pues se hace.

Aparcamos el coche en un parking y echamos a pasear tranquilamente. Teníamos todo el día por delante para nosotros, y los 33º que marcaba el termómetro ralentizaba nuestros movimientos.

Después de una vuelta larga, una cañita, y un biberón para el gordi, decidimos darnos un homenaje, que pa una vez que salíamos, nos lo merecíamos. Mi padre nos recomendó el restaurante Jose María, cuya especialidad es el lechal, y sin pensarlo dos veces, nos miramos y nos dijimos «a jugaaaaar!«. A por él que fuimos. Cómo es posible que un 22 de agosto en Segovia, pueda estar tan hasta las cejas aquel sitio… Que su fama le precedía, vale, pero ¿En serio todos teníamos la misma idea? Po va a ser que sí. Viva la originalidad.

Como había que esperar, nos tomamos un aperitivo en la barra, donde un plato de torreznos me susurraban coquetones «Cómeme«. Después de meterle el codo entre las costillas a mi chico señalándolos mientras una gotilla de baba se deslizaba tontuna por la comisura de los labios, pedimos al camarero unos torreznos. Me vuelven loca, aunque me deje la piñata royéndolos, no puedo resistirme a ellos…

Óscar estaba tontuno por que apenas había dormido. Es que claro, había mucho qué ver, y qué necesidad habrá de dormir pudiendo cotillear todo lo posible. Como en la sillita estaba inquieto, lo cargamos en brazos, y seguimos engullendo torreznos como si no hubiera mañana. Así que el peque empezó a socializar con una pareja que estaba a nuestras espaldas tomándose un vinito. Al final, entre que Óscar estaba venga a reír y la pareja a echarle piropos, no nos quedó otra que girarnos y entablar conversación con aquel señor y señora que estaban como locos con el pequeñajo, y él con ellos, vaya. Seguía haciendo fans allá donde fuéramos. Rajando rajando descubrimos que conocían el pueblo de mi madre y todo… Y que los torreznos se me quedaron fríos. Jo.

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Por fin, nuestra mesa estaba preparada, así que entramos a matar. Pedimos un plato de lechal para cada uno. Nos acompañaba una generosa ensalada. Menos mal que el aire acondicionado estaba a tope, por que de otra forma me hubiera deshidratado de lo que podría haber sudao con el platamen que nos pusieron. El adjetivo exquisito se queda corto. Buenísimo. Cuando vino el camarero a ofrecernos postre le pedí acabar con mi sufrimiento con un tiro limpio entre ceja y ceja y un café solo con hielo. Ya estaba pensando yo en coger el coche, y con semejante festín de jugos gástricos y mis párpados entrecerrándose soñando con una siesta remaja que no iba a tener lugar, era necesario inyectarse cafeína en vena.

De allí salí más confundida que Dinio en sus noches marbellís. Maaadrecita qué sol de justicia, y el peque que despertaba de su letargo y demandaba mandanga… Aaaay que agilipollamiento. Buscamos un parque que nos ofreciera sombras, para preparar el bibe mientras la bola cárnica se distraía con el agua de la fuente y los pajarilios que pululaban por allí. Después de que la criatura se metiera entre pecho y espalda 210 ml en cero coma, padre y madre no podían ni levantarse del banco. Así que decidimos quedarnos mirando el agua de la fuente y los pajaritos cual borderlines en plena digestión.

«Agua… Quiero aguaaaa«. De tanto mirar la fuente me entraron ganas de mear y de beber como 2 litros, así placa-placa. Caminando por la sombra, eso sí, buscando un lugar donde poder refrescarnos y orinar, topamos con el Alcázar, que estaba asaltado por guiris. Decidimos hacernos la foto de rigor, y entrar en la cafetería de al lado. El calor nos derritió la última neurona que nos quedaba.

Exhaustos, emprendimos el camino de vuelta (El acueducto está en la otra punta del Alcázar). Despacito, cual yayus que en el paseo echan la tarde, pero con unas ganas locas de sentarnos en el coche. Elfader quería mirar pantalones, aprovechando que allí estábamos, y haciendo acopio de fuerzas, entramos en un Springfield. Las dependientas, aburridas y acaloradas las pobres, se tiraron en plancha al peque, que entró dormido y yo creo que su inconsciente registró las palabras bonicas que le dedicaban, y abrió los ojos de par en par seguido de una sonrisa XXL. Le faltó subir una ceja y decir «Hola, nena. Ya está aquí tu papito, mi amol«. Su desparpajo y ganas de juerga les acabaron de cautivar. He aquí el flechazo inmortalizado:

Cuando nos quedaba poco, decidí entrar en una tienda a comprar un detalle a mi prima, y padre e hijo decidieron esperarme en un banco muy cerquita del Acueducto. Cuando salí, padre e hijo estaban cercados por tres señoras mayores que arengaban a la bolica cárnica a la par que sonreían emocionadas ante semejante ejemplar de feliciano de la vida.

Llegamos por fin al parking, dejé un ojo de la cara al cajero para canjear el ticket, y tuerta, cogí el coche. Cuando llegamos a casa, creo que mis extremidades no respondían. Ni las mías ni las de ninguno de los habitantes. El peque esa noche durmió 14 horacas del tirón. Estaba hecho polvo, de no dormir, de socializar con todo el mundo, de hacer nuevos fans y con agujetas en las mollejas de tanto sonreír…

Desde Segovia con calor I Parte

Cuando los paseos por el pueblo y contar vacas ya no son suficientes hay que sacudirse el perezón (los momentos bucólico-pastoriles dan hambre y sueño, y una vaguería tamaño XXL) y decantarse por el  agroturismo de la zona.

El lunes fuimos a un pueblo que está a apenas 4kms a por pan y enseres varios, y ya de paso, dimos una vuelta por la localidad, que por cierto, debían de ser fiestas patronales o regalar hogazas por que estaba hasta la bolita de peña. Después de comprar pan como para atrincherarse en casa por un mes, fuimos a tomar el aperitivo aprovechando que Óscar, para variar, soñaba con biberones rebosantes. El bar no solo servía bebidas, si no que era estanco, sellaba lotería, tenía tres máquinas tragaperras, dos borrachos oficiales colgando de la barra, menús a 6 lereles y una cortina de tiras de goma en la entrada que harían las delicias del creador de las tiras atrapamoscas. Imprescindible evitar contacto con ellas… en la medida de lo posible por que de alguna manera hay que entrar, claro. Benditas toallitas de culo de la criatura…

Una clara, una caña y una tapita de tortilla de patata después, nos fuimos para casa con la promesa de continuar nuestro periplo por tierras de Castilla. Y así fue. Al día siguiente tocó Pedraza, visitada desde tiempos inmemoriales, por aquello de ser el pueblo más bonico y más famoso de alrededores. Por no decir pijo, que también. Las familias de bien echan la tarde allí admirando cada piedra, cada columna mientras compran unas pastas y cuatro chuminadas que les cuesta el equivalente a un riñón. Pero oye, todos tan contentos.

Pedraza está cuidada hasta el milímetro con el objetivo de atraer visitantes, y dinero, claro. Y lo cumplen, pareciendo un pueblo de juguete con su botica monísima con sus hileras de frascos, las bancadas de las tascas nada toscas de la plaza, respirando orden, armonía y cuartos. Cero vacas. Cero boñigas. Cero moscas. Cero perros que te siguen. Cien por cien algodón, así son las camisas que te venden a 50 castañacas en una minitienda de regalos de cualquier esquina.

Tan «royal» es esta Villa, que mientras nos hacíamos trescientasveintocuatro fotos con la criatura en brazos, nos percatamos de que alguien famosil se hallaba en un grupo un par de metros atrás, por el gentío que le rodeaba cámara en mano. Cuando la masa se fue moviendo, pudimos ver que se trataba de la Infanta de limón, usease, Elena. Ataviada con un sombrero, gafas de sol y su sempiterna trenza, fotografiaba, camarón (de la il-la) en mano, la famosa plaza del pueblo con sus columnas ninguna igual a la otra (Nótese aquí mi conocimiento pueblil).

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Echamos a andar en dirección contraria al enjambre que la seguía: guardaespaldas, amigos, fans y/o cotillas, con tan mala suerte de entrar en una tienda a comprar un detalle para una amiga, y que el séquito entrara al rato y se dispersara rápido por la tienda. Mientras la infanta se interesaba con los quesos y vinos de la tierra, podía ver a lo lejos como a la dueña se le desencajaba la mandíbula a la par que, ojiplática y atusándose el pelo, le decía a alguien «ahí, madre, la Infanta en mi tienda, y yo con estos pelos!! Paco, saca la cámara«.

Sinceramente, nos importaba muy poco lo que la hija del rey comprara en aquel lugar, que igual vendía quesos que tazas que bolsos. A Óscar menos aún. Pero en general, le gustó Pedraza. Vaya, que él es japi de la laif si está saciado de comer y ha dormido algo, y más aún si encuentra público para atontolinarles con su sonrisa.

Lo mejor fue volver al pueblo, contar la anécdota y que te digan «si es que la infanta es como su padre, les gusta mucho la tierra, son muy campechanos». Y es que en la Tierra Media, hay un feeling mu grande por todo lo que huele a realeza, a rancio abolengo y a torrezno, osshe… En fin, no digo ná, que después tó se sabe…