Por fin vuelvo por estos tan queridos lares. Aaains que malitos hemos estado. Os cuento.
La noche del lunes al martes me la pasé echando hasta la primera papilla, y para ser «fisna» y no demasiado escatológica usaré la terminología que Coco nos enseñó en Barrio Sésamo: Por arriba y por abajo. Ea, hecha un trapico. Qué digo un trapo, una mierda.
El martes por la mañana era un cadaver andante que intentaba hacer un mísero biberón mientras las canillas me temblaban como dos bloques de gelatina blandurri. La cabeza me daba vueltas y mi mirada de loca enajenada empujó al padre de la criatura a acabar de preparar el biberón y dárselo aunque llegara tarde al trabajo.
«Llama a tus padres» fue lo que procesé más nítidamente en la pecera que era mi cerebelo, «que vengan a ayudarte por que estas hecha polvo«. Os aseguro que es imposible atender un bebé en este estado catatónico. Imposibol del tó.
Se me cerraban los ojos. Retortijón, 100 metros lisos, váter. Cogí el móvil y entre balbuceos de borderline le pedí a mi padre que vinieran a ayudarme con el gordito. No me veía con fuerzas de obligarle a comer cuando se pone a lo Fidelcastro y su vivaaaa la revolusssssion, camaraada! y que pa Rita la frutita. No, la verdad es que no.
Mis padres llegaron y me obligaron a meterme en la cama, que ellos se ocupaban del peque. Mi menú de la semana ha sido arroz y pavo-posssho, posssho-pavo... Ahora soy un poco más chinorri.
Cuando ya creía que estaba mejor (del estómago por que me salió un racimo de llagas en la boca, supongo que sería la fase final del virus estomacal y tal y tal), y empecé a sentir a mi alrededor, noté que Óscar tenía unos Sres. Mocazos, volvía a toser y que se destemplaba con facilidad. Mi bebé feliciano estaba muy irascible y lloraba casi constantemente por que no podía respirar. Apenas se terminaba la fruta ni la verdura (llorando como si le arrancaran la piel con pinzas de depilar, criatura…), pero lo que me pareció llamativo fue que dejara biberón OMG! Algo estaba pasando, este no es mi Oski… Su mandanga es sagrada.
Estos síntomas y mi instinto me hizo descolgar el teléfono y marcar el número del Centro de Salud. Le llevé al pediatra esa misma tarde aun a riesgo de que pecara de madre primeriza y coñazo que por un moco se planta en la consulta cual plañidera con el bebé en brazos clamando atención inmediata y exclusiva. La pediatra le examinó y determinó un catarrín tontín pero que lo vigilara bien, que si empezara a respirar con mayor dificultad y muy rápido y en este proceso se le notara las costillas (de respirar rápido y en fases cortas) podía ser una bronquilitis.
Joder, suena a chungueras.
¿Y cómo amanece la bolita cárnica el jueves? Con tooooodos los síntomas, el más llamativo ese pitido en el pecho junto con una respiración a lo Darth Vader que daba hasta miedo. Otra vez al pediatra. Confirmao. Bronquiolitis al canto…
Cagüenlamarsalá…
La pediatra me preguntó si había en la familia antecedentes de asma. «Jamía, el padre de la criatura y el abuelo, sin ir más lejos» Ahí lo tiene. Mi pobre gordo… no podía heredar mi sarro, tenía que heredar el puñetero asma…
Tratamiento: Lo que ya le estaba haciendo con el catarro, mucha agüita, elevar un poco la zona del cabecero de la cunita y limpiar las naricillas con agua de mar antes de cada comida, más ración de ventolín para abrir los bronquios y que el pequeñuelo pudiera respirar y reconciliarse con el mundo.
Para dosificar el ventolín me indicó unas capsulas cilíndricas con mascarilla para administrar mejor el medicamento. 2 pulverizaciones cada 6 horas aprox. Cuando viera que iba mejorando, cada 12 horas.
No soy muy amiga de dar medicamentos a los nenes tan chicos, el ventolín (soy alérgica y lo he usado) me parece algo fuerte y por lo tanto serio, pero lo cierto es que el peque ha mejorado una barbaridad, vuelve a ser un ser risueño y agradecido cuando le bailo el moonwalker (es mi mejor público, osshe) cuando tose expectora, logra respirar y reírse a la vez y come mucho mejor por que hay menos flemas. Que no es poca cosa.
En fin, una semana de lo más fatal… Parece que esta se presenta tranquila… ¿Habrá una próxima Itis en casa (después de una gastroenteritis y una bronquilitis)? Por Tutatis, Noooorrl!!!
PD.- Para los que os lo preguntéis, sí, el padre ha sobrevivido al tsunami ítico 🙂




















