El poder de un solo brazo

Toda la vida pensando que no se hacer nada excepcional y hoy me he dado cuenta de todo lo que puedo hacer con un solo brazo.

Es como si me hubiera poseído el dios Visnu o el pulpo Paul, según se mire.

¿Acabaré como Popeye, con un brazo hiperdesarrollado y otro chuchurrío?

Si cargo al peque en el izquierdo, obviamente mis movimientos mejoran ya que el brazo que queda libre es el derecho. Pero aunque lo cambie de lado, me he acostumbrado a hacer mil y una cosas con un solo brazo, y oye, te vas apañando. Claro que no te quedan más opciones. O lo haces, o lo haces.

Así que acabas desarrollando un superpoder: adelante gadchetobrazos!! jajajaja

Como el dios Visnu

Este post fue integramente editado con una sola mano.

Cumplemes

Hoy hace un mes que nació el gordi. Digo gordi en plan cariñoso por que sigue siendo un largiducho con mucho pellejo que rellenar aún. Creo que todo lo que ha engordado se le va a los mofletes, que eso sí que ha aumentado.

Salió del hospital con 53 cm y medio y 3 kilos y 40 gramos y ya pesa el tío 4,100 gr., y ya mide 57 cm, ¡Todo un campeón! Es lo que tiene enchufarse biberones de 120 ml., y echarse siestas milenarios, que te pones bolón en cero coma. Y si no que se lo digan a Falete.

Óscar en general es un niño muy bueno, muy tranquilote, que por ahora solo llora por comer, y al que se le distrae rápido con un chupete a mano y charloteo vario y/o música. Es un cotilla, le mola estar al loro de lo que ocurre a su alrededor. Se le sacan bien los gases y sonríe a veces; La mayoría, soñando (que me digo yo, ¿Qué soñarán si no tienen memoria de recuerdos?)

También es un pedorrete y un cagón, tiene, como ya dije, una gran capacidad para comer y descomer a la vez. Mea mucho, cosa buena, como lo de cagar. No es siempre, pero echa a menudo señores plastones que denominamos «Supernova«, por su color (amarillo), textura (blandurri) y tipo de explosión; y el olor se condensa en la habitación del cambiador, creando un microclima con aroma a cacotona. Espero que nadie esté comiendo mientras lee esto, jajajaja.

En muchas ocasiones, cuando ya le has limpiado bien el culete (llegando a invertir unas 4 o 5 toallitas, ojo) y estás procediendo a ponerle un nuevo pañal, ea! el chavalote vuelve a regalarte una cacotona en modo «Ahí va qué chorrazo!«. Así, en vivo y en directo. A veces su cara roja y su gruñido continuado te dan pistas de que está empujando el angelico, pero también hay veces en que su deposición en tan silenciosa como un monje en momento de oración. Jugando a la distracción desde tan pequeño, el joío.

Cambio dibujos por pañales

Por supuesto que los momentos en los que al pasarle la toallita húmeda por el pitorrín se viene arriba y mea todo, madre incluida, son memorables. Pijama (o ropita), body, toalla cubrecambiador, nuevo pañal (no cerrado a tiempo, voy practicando, a ver si un día lo consigo), e incluso pared, quedan regados pero a base de bien por el pipi de mi criatura que mea como mi vecino de arriba: a chorrazo limpio.

Pero también hay días, y sobre todo noches, en los que Óscar nos regala horas de sueño y mi chico y yo se lo agradecemos supinamente. Al principio era como un reloj, cada tres horas, ¡RRRRIING! O se quejaba con soniditos (es su especialidad) o con llantina. Tiene un mes y ahora las noches nos la deja en 5 y 4 horas, que no está nada mal. Toco madera para que en tres meses ya nos deje dormir 6 horas seguidas y le hago la ola, vamos.

Un mes ya y se me ha pasado volando. Aún echo en falta dormir seguido, pero reconozco que ya duermo mejor, profundamente, llegando a la fase REM y todo!!, y tengo la espalda para los pollos (este viernes vamos al fisio), pero poco a poco, ha mejorado mucho la cosa.

En fin, mi niño, ¡Feliz cumplemes! 🙂

De médico en médico y tiro por que me toca

El lunes Óscar hará un mesecito, y hasta entonces toca una visita semanal al pediatra, que afortunadamente es el padre de mi mejor amiga y me permite bombardearle a preguntas de madre primeriza e inexperta.

En dos semanas le pondrán la vacuna del rotavirus que es algo mu rechungo que les puede pasar a los pequeñines en los primeros meses y las consecuencias son basicamente que se van de por la patilla los pobrecicos y se deshidratan, claro. Esta vacuna no entra en las de la seguridad social. Cuesta un cojón, por cierto, y se administra en tres tomas, a las 6 semanas, a los 4 meses y a los 6.

También le han recetado Vitamina D para los huesos. Esta marca en concreto está enriquecida con DHA que parece ser que es muy bueno para el desarrollo del cerebro. La cosa es que tengo que administrarle las gotas diariamente durante el primer año de vida, y son nada más y nada menos que 14 gotas que saben a rayos, por que el pobre Óscar me tuerce el morro cada vez que se las enchufo, así que aprovecho cuando llora para introducirselas vía casi campanilla, sin que apenas pase por la lengua para que el pobre no me odie demasiado. Y además se las doy antes del bibe, por que después me lo pota todo…

Vitadé, que no es otra cosa Vitamina D, vamos, se han roto el cerebelo poniendo el nombre

A los pocos días de nacer Óscar tuvo conjuntivitis, y de hecho la sigue teniendo. El pediatra me recomendó un producto homeopático que le ha mejorado sustancialmente las mierdecillas que se le aglutinaban en el lagrimal y que le hacían despertarse con las pestañas pegadas de legañas, cada día de un color, que variaba de blanco a verdoso pasando por el amarillo. Un asquito mi niño.

Así que el pobre tiene que aguantar que su madre le haga tragarse unas gotas que huelen a raspa de pescao y que le toquetée en cada toma el ojito para quitarle los mondongos de moquete y le ponga las correspondientes gotas de Oculoheel junto con un masajito en el lagrimal, que es así como se llama el producto homeopático que me han recomendado.

Oculoheel

Oculoheel, este nombre parece que dice Oh! culo, heeeey!! jajaja

Pero la cosa es que, como ya he dicho, el lunes hará un mes y no se le acaba de ir, así vamos a ir al oftanmólogo (recomendado por el pediatra), bueno, en este caso, oftanmóloga, y de paso que me mire a mi, que desde que dí a luz creo que he perdido visión, que me han aumentado las dioptrías, por no hablar que de vez en cuando veo chiribitas… ¿me estaré volviendo crazy perdía por no dormir mis horas? Po seguramente, pero ahora mismo es lo que hay. Toca cambiar pañales y dar biberones. Y enchufar a trallón gotas, y masajear lagrimales, y sacar eruptos 😉

Por otra parte yo aproveché y me pasé por el podólogo por que el papiloma que me quitaron allá por febrero se me reprodució, y de qué manera, oiga! eso parecía una supernova… un cacho de universo en mi dedo gordo del pie, todo un espectáculo astrológico… La podóloga me confirmó que era un Sr. Papiloma, y me lo estuvo quemando y requemando. De ahí salía humo a mansalva y una servidora tan pichi. Al cuarto de hora de tener el pie a la parrilla y oler a torreznillo empecé a notar algo. La podóloga me insistió que no solo era grande, si no tela de profundo. Cuando acabó me enseñó el destrozo que me había hecho, ¡¡Pero si me faltaba medio dedo!! un cráter era aquello, amarillento y rojizo… Menos mal que no había lava.

Mi pinrel mancillado por un papiloma rebelde *_*

Cuando salí empezó a dolerme aquello, y a la hora de conducir veía la constelación enterita, ¡¡qué dolor!! tenía que cambiar de marchas con la planta enterica de los pies, cual monguer, evitando la parte de los dedos, y os aseguro que es un coñazo… A ibuprofenos que estuve de lo que me dolió. Ya hoy no me duele na de na 😉

Y a finales tengo que ir al ginecólogo para la revisión del mes (del mes de después del parto), a ver qué tal tengo todo el chasis e infraestructura interna después de parir.

También quería ir al dermatólogo por que durante el embarazo me han salido un montón de verruguitas fatales en el cuello, pero la verdad es que PASAPALABRA!!!

¡Por fín un ratito para escribir!

¡Por fín puedo escribir algo! Aunque Óscar ya se ha despertado y en lugar de chupar el tete lo mastica con ese ansia que le caracteriza… El tío no perdona las tres horas de rigor, ¡Madre mía el zampabollos que está hecho! Como se ponga igual de ancho como largo es me temo que voy a tener dolores de espalda de cargarlo antes de lo previsto!! jajajaja…

Para calmar esas ganas de comer que le entran hora antes de la toma que le corresponde, le enchufo el chupete (lo cierto es que no es mucho de chupete, lo suele escupir, menos cuando le toca el bibe, como ya estoy comentando) y le pongo los nocturnos de Chopin, que le relajan y parece que le gustan tanto como a la mami.

Y es que cuando le estoy dando el bibe le cuento muchas cosas. Entre ellas todas las cosas que puede ser si él quiere, entre ellas, pianista. Le digo que con esas manos largas y estilizadas que tiene podría ser un pianista. Y me mira como pensando, sí, sí, tu dame el bibe que ya veremos que hago… O escritor, le sigo diciendo, o poeta, o pintor… También le comento que si le da por las matemáticas o por la fontanería, tan ricamente, oiga usté, pero es que a la mami le haría mucha ilu un nene artista. Qué digo artista, ¡¡artistazo!!

Óscar rollo "Fotos not!"

Este niño ya se revuelve en su minihamaquita. Reclama papeo inmediato, y ni Chopin, ni los mimitos en la carita que le hago, ni nada le hace distraerse de su objetivo: ¡Comer!

Mientras le cargo encima, y le mezo para calmarle, le preparo un bibe. Le canto una canción inventada por mí que no tiene ni pies ni cabeza, ni rima, el ritmo es fatal y mi voz de gato atropellao es tremenda. Pero surge efecto en el gordito que me mira fijamente. Como si tratara de desentrañar semejantes estrofas atrofiadas.

Le enchufo el bibe que coge con ansiedad desmedida, mordiendo con sus miniencías la tetina como si no hubiera mañana. A veces intenta hasta coger el mismo el biberón. Ay mi pequeño… qué grande pareces.

A mitad de la toma, suele hacer rugiditos que junto con los pedetes que suelta, te hace notar que esta descomiendo mientras come. Qué capacidad. Para qué perder tiempo, ¿verdad peque? Y la confirmación exacta del tema es el calor que desprende la retaguardia… jajajaja, me parto de risa cuando haces fuerza… Y mira que tienes!!

Antes de sacarte el aire, que sueles tener varios por toma, de esos que reverberan en el salón de lo fuertes que son, te dejo un poco sobre mis piernas, para que asientes la comida, y ahí eres tan feliciano, con el estómago lleno, que te da igual que te eche las gotas en el ojito malo (conjuntivitis), que te besuquee o que te haga lo que sea. Tú me regalas tu mejor sonrisa, y yo, ay niño mío, yo me deshago cuando lo haces. Te comería enterito. Pero no lo hago por que ya no podría jugar contigo.

Poco a poco, te va ganando el sueño, te vas quedando dormidito…

Pero no te dejo dormir por que te saco varios aires y te llevo al cambiador para quitarte la supercacotona que has hecho, y cuando te quito el pañal, cargaico él, estornudas tres veces, una de verdad y dos contenidas, clavaico a tu papi. Y siempre es igual. Y ahí te volvería a comer también. Te dejas hacer. Te llevo a la cunita, o al cuco o a donde sea, y te quedas tumbadito con los ojos abiertos, a veces succionando el chupe, a veces poniendo morritos hasta que te vence el sueño.

Jo, Óscar, menos cuando te dan esos colicos aislados, haces que esto sea fácil, sencillo y para toda la familia… Y yo me pregunto, ¿Dónde estará el truco?

Trámites coñazo

Pero no todo es mirar contemplativamente al osito de peluche, ¡Ojalá!

Después del puente del padre, el martes 20 de marzo, empezamos la yinkana de trámites y papeleo vario para hacer constar oficialmente al gordi en el mundo burocrático.

Lo primero, el registro civil, donde te dan el libro de familia, que hace mucha ilusión tener con el nombre de tu hijo ahí estampado junto al de tu pareja y el tuyo. Te entra un nosequé que qué se yo por que ¡somos una familia! y de manera oficial, ojo…

Lo siguiente, ir a por el certificado de empresa de la empresa de mi chico y llevar al gordinchi para que lo conozcan los compis de papá.

Otro día fuimos a la seguridad social para dar de alta como beneficiario a Óscar (aprovechamos a pedir el formulario para tramitar baja paternal y maternal), y después pedir cita con el médico de cabecera que me de la baja maternal y pedir pediatra para el peque.

La baja maternal la tengo que llevar primero al inem y luego a la seguridad social para pedir la baja maternal, y mi chico presentar además el certificado de empresa para su correspondiente baja.

Gymkana burocrática

En resumen, tengo mil carpetas con papeleo vario que he de custodiar como un tesoro!!

Qué ganas de acabar todo el rollo este para disfrutar a tope del peque, mientras su papi esté de baja.

Noches de alerta, días de sueño

Y no es por que le pase nada, es que aunque mi chico y yo nos turnemos para los bibes, lo cierto es que estoy pendiente de cada respiración, de cada mínimo movimiento, así que hace mucho, muchísimo que no duermo de seguido.

Además tengo pesadillas con que aplasto al bebé, y me despierto buscándole entre el edredón. Mi chico ya se ha acostumbrado a que le despierte sin querer hablando en sueños… Qué paciencia…

zzzZZzz

Cada tres horas come, aunque las noches a veces nos regala una horita que nos da la vida, y por el día me pego el día bostezando y en cuanto puedo me echo una siestecita. Da igual la hora, la cosa es rascar aunque sea una hora, media, me vale.

Creo que es la falta de sueño la que hace que vea chiribitas de vez en cuando, y que por supuesto esté espesota mentalmente, pero ágil cual gacela en cuanto al peque se refiere.

Mi hermano tenía razón cuando me dijo aquello de que cuando tienes un peque te sale todo de forma instintiva, y qué cierto es. Yo me sorprendo de mi desenvoltura… La verdad es que nos apañamos muy bien.

El cansancio y el sueño te importa un bledo cuando le tienes en brazos y te hace monerías, con esos labiacos que tiene que no deja de hacer muecas, y los ojitos de botón, como un osito de peluche, que te buscan sin mirarte por que siguen el rastro de tu voz, la estela de tu olor. Una pasada.

El primer día de nuestra vida

El domingo 18 por la mañana nos dieron el alta. Al peque y a mí.

Llegamos a casa sobre las 10 y algo, ¡¡qué ganas!! Era el primer día de nuestra nueva vida. La de los tres.

Óscar seguía haciéndonos la vida bastante fácil, pero a mi aún no me subía (o bajaba, no se cómo se dice) la leche, y eso era un problema. En cada toma ponía al peque al pecho para que al succionar lo estimulara y me subiera cuanto antes, que es lo ideal, ya que en el hospital tuve que alimentarle con bibes de 20ml. Después de dos días completos, nada, ni rastro.

A la hora de la comida del domingo notaba el pecho como piedras, duro, y me dolía horrores. Y cuando digo horrores es que nada me podía ni rozarlos y de perfil parecía Pamela Anderson. Solo que morena, y con mucho más ojeras, claro.

Seguí los consejos que me dieron sobre lo de dar el pecho como ponerme toallas calientes en el pecho, o darme una ducha caliente. Nada. Lo intenté con el sacaleches. Nada. El peque rabiaba cuando le ponía el pecho por que obviamente no sacaba nada. Y el dolor iba en aumento. El hecho de acercarme al pecho la máquina succionadora era un completo suplicio. Los lagrimones se me caían mientras lo intentaba. Era frustrante (¡Con todo lo que había leido acerca de la lactancia materna!). Y muy doloroso. Me sentía física y emocionalmente hecha una mierda.

Al día siguiente, mi cara era un poema. No solo no pude dormir en toda la noche del dolor, si no que me encontraba fatal. Todas las contracciones pasadas y el dolor del parto eran ridículas al lado de este dolor.

Seguía sin salir nada de nada, y eso que mojaba la ropa. Y no podía más. Así que por la tarde nos fuimos del urgencias. Me vio un ginecólogo que después de explorarme (donde grité y lloré en cuanto me apretó el pecho) me recetó ibuprofeno nada 8 horas y la pastilla para que me no me subiera la leche, Dostinex. De hecho entré por la puerta casi pidiéndola por que la verdad es que no veía la luz al final del túnel.

Salí mareada y mi suegro y mi chico fueron a una farmacia de guardia a por las medicinas, mientras yo me sentaba en el sofá y cogía a mi chiqui entre mis brazos aún con lágrimas en los ojos, de esas que no acaban de echar a rodar pero que se atragantan en la garganta y escuecen.

El pobre me miraba como si me entendiera y me quisiera decir, mami, si me pongo fino a biberones… Por que la criatura se pone las botas en cada toma, ¡Cómo zampa!

Así que gracias a él y por él tiramos pa’lante.

Habitación 325 o el coño de la Bernarda

Óscar es un nene muy tranquilo y bueno. Apenas llora, es una monada. Me recuerda a un osito, con esa carita tan redondita y esos ojitos tan grandes, como si fueran dos botones. Es precioso.

A las 11 de la mañana del viernes 16 empiezan a llegar las primeras visitas. Yo apenas he dormido nada, tal vez dormitado algo entre entrada y entrada de enfermeras y entre pensamiento y pensamiento. Me encuentro bien, me duele un poco la espalda, del pinchazo de la epidural y el de la vía de la muñeca que aún llevo puesta. Y por supuesto el culete, la hemorroide que me ha salido de empujar es bastante molesta. Por no decir que una putada. Pero yo estaba de pie, me quería duchar y las enfermeras no querían que lo hiciera todavía, y menos sola, que por el tema de la anestesia igual me mareaba o algo.

Cuando el reloj rozaba la 1 de la tarde empecé a ver a los familiares y amigos que venían a conocer a Óscar borrosos. De hecho las tarjetas de las flores que nos regalaban era incapaz de leerlas, mi chico me las tuvo que leer por que no veía nada bien. ¿Sería de no dormir? ¿De la tensión de empujar? En fin, la cosa es que  veía chiribitas y parte borroso.

Mi hermano se dio cuenta de mi estado de Lazarillo y empezó a proponer a la gente irse para que descansáramos. Mi chico me instó a que dijera a la gente de venir a partir de las 5 de la tarde para poder dormir unas horitas y abordar mejor  (y con más vista) la avalancha de visitas que nos esperaba por la tarde.

Me trajeron la comida a la 1pm, comida que devoré, a pesar de no saber a nada, e intenté dormir un poco después de comer. Pero el osito se movía en su cunita mientras me miraba con esos ojitos de botón, y me quedé un buen rato mirándole y babeando. Creo que dormí algo, no se si llegó a una hora, pero lo que se es que me vino de maravilla.

Por la tarde no fui capaz de encontrar las 7 diferencias entre mi habitación y un after hour. Hubo un momento en el que no cabía un alfiler. Y lo curioso es que lejos de agobiarme, estaba encantada de que todos quisieran conocer al peque, estaba excitada por contarles todo, ya que me encontraba genial, cansada, con sueño, dolorida, pero feliz y con ganas de contar cada detalle y reír con mis amigos y familia. Para recordar ese viernes 16 de marzo como uno de los mejores días del mundo.

Cuando se fue el último de los visitantes, caímos en la cama (Mi chico en el sofá de sky fatal) como bloques de hormigón armado… ZzzZZZzzz

Bienvenido, Óscar

Son las 2:00 am de la mañana y me pasan al paritorio.

Me ponen las piernas en el potro de tortura, me monitorizan de nuevo y empieza el espectáculo.

En cada contracción la doctora me pide que empujaara como si no hubiera mañana. Me señala unas barra de hierro que hay en los laterales, al lado de los brazos, y me invita a que me agarre a ellas con los brazos flexionados en cada empuje para dar más fuerza. Barbilla al pecho, cogiendo aire y empujaaaaando…

50 minutos así. No se cómo no me dio un vahído. Eso sí, la cara roja a punto de reventar y los sudores de la muerte venían de serie.

Hubo un momento en el que la matrona se encaramó sobre mi tripa y comenzó a apretar mi esternón para intentar ayudar para que el peque saliera. Pero eso de tener que aguantar la respiración para empujar, era incompatible con 55kg de personita sobre los pulmones, la verdad, así que tuve que parar y pedirle que no lo hiciera, que no podía respirar.

Uhh, qué mal me miraron todas. «Sólo intentamos ayudarte» Ya lo se, mujer, pero es que no puedo respirar, so burra!!

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En ese proceso en el que Óscar se quería abrir paso, una matrona o una auxiliar demostró su lado más chispita con comentarios tan «friendly» como «Venga, a ver que se note que has hecho las clases de preparación al parto, que no se nota!!«. Si creía que frases como esas me picarían o motivarían, iba buena… En ese momento tan trascendental de la vida, fingí que no había escuchado nada.

Acompañaba cada esfuerzo que hacia para bufar rollo «pues no nos queda con esta petarda que no sabe empujar«.

Pero el segundo comentario me tocó el jaigor de una manera, que no pude callarme. Y no pude quedarme callada precisamente por que la cabeza de Óscar se atoró en mi vagina esperando una contracción para seguir empujando y que no llegaba y notaba un dolor que me hacía sentir que me partiría por la mitad como un melón de un momento a otro, cuando la chispita en cuestión soltó un «Venga nena, tienes que empujar más, o es que quieres que tu bebé se quede ahí??? A que no???» 

HOLA????

Patada voladora en toda la boca es lo que me apetecía darle a la mujercita de los huevos.

«Mire – me arranqué a contestarle irritada por que me estaba tocando mucho las narices y no tenía yo el toto pa ruido-, más ganas que yo de que salga a mi hijo, no tiene nadie«. Parece que se dio por aludida y no volvió a abrir la boca en el resto del parto. La doctora por su parte, se coscó de su cero motivación y empezó a animarme tal y como lo estaba haciendo mi chico, que estaba detrás de mí, diciéndome que lo estaba haciendo muy bien, y que siguiera así, que quedaba poco, bla bla bla… Así sí, joder!!

Y por fin, después de apretar tanto que casi me quedo sin aliento, la doctora sacó a Óscar, y la matrona lo envolvió en una especie de toalla de papel y me lo puso en el pecho cero coma y medio y se lo llevaron a limpiar. «Pero si apenas lo he visto!!» pensé, agotada, sin poder ni hablar.

«¿Lo has visto? ¿Lo has visto?» le pregunté a mi chico preocupada

«Sí, cariño, es precioso!!»

«Vale, pues quédate con la cara por que me traen a otra criaturita y me la quedo por que no me han dejado ni verle, snif.

La matrona que me lo arrebató le dijo a mi chico que ya lo habían limpiado y puesto el body y pijamita que le habíamos bajado, y que si quería verlo. Entró en el cuarto contiguo al paritorio, y enseguida entraron de nuevo al paritorio, me pusieron al peque en mi cabeza, me pidieron que le diera un beso fugaz, que se lo llevaban a la incubadora.

HOLA??? Incubadora??? Pero, por qué???

Y la matrona desapareció por otra puerta con mi niño mientras entraba un pediatra con horchata en las venas, que me leyó de un folio: «Enhorabuena, ha tenido usted un varón que ha pesado 3, 170gr, mide 53 cm y medio, lo llevamos a la incubadora por que ha nacido cansado (!) y ha tardado en reaccionar».

(*) Puedes hacer clic sobre la imagen si quieres verla más grande

¿Que mi niño ha nacido cansado? Usted sí que está cansado! Que se nota que son las 2:50am y está low battery…

Después de este momento ojiplático y esperpéntico, la doctora me estuvo apretándome el útero y hurgando ahí abajo sacándome resquicios que quedaban. Vamos que me sentía como un calamar gigante expulsando tinta, por decir algo…

Para cuando el celador graciosete vino a recogerme para subirme a la habitación, yo ya tenía una tembladera en el cuerpo que no podía parar. Me castañeaban los dientes, no podía parar el baile de san vito de mis extremidades y mi estómago parecía un flan, tal cual, de textura y de blandura…

Mi chico me empezó a echar mantas cuando estuve instalada en la habitación, pero le pedí, como pude por que con el tembleque parecía tartaja, que no, que me las quitara, que tenía calor, que temblaba del esfuerzo y la tensión a la que me había sometido, pero que de frío, nada de nada.

Eran las 4:30 am, calculo, y las enfermeras me pidieron que esa noche durmiera boca arriba con las piernas cruzadas. Con semejante postura, con los restos de temblaera, y pensando en el pequegordo ahí solico en la incubadora,  lo que viene siendo dormir, poco. Además que entraban cada dos por tres a ponerme suero, calmante, bla bla… Cada vez que entraba una le asediaba con preguntas, entre las que estaba la de que cuando me traerían al nene. Mutis por el foro, nadie sabía nada… Jo…

Volver a la habitación después de todo el esfuerzo, la tensión incluso el dolor, y pensar… ¿Y mi premio? ¿Y mi chiqui? Aaains…

Pero a las 9:00 tocaron en la puerta y entró una enfermera empujando una minicunita de hospital con el número de mi habitación, la 325, con una personita pequeñita dentro que llevaba el pijamita que le había regalado su titaBel… Cuando me lo pusieron en el regazo y se quedó mirándome como si me reconociera, sentí la emoción que eché tanto en falta durante el final del parto, ese primer contacto mama-bebé.

Qué cosita tan pequeña y tan bonita, ¡¡se parecía tanto a su papi!! Eso sí, la naricilla es mía y el morramen también…

Y no me cansaba (ni me canso) de mirarle, de quererle, de cantarle, de achucharle… Y pensar que eso ha salido de mí, tan perfecto, tan suave, tan tranquilote… Bienvenido, Óscar!!

Contracciones y fisura en la bolsa

¡Por fín! La maquinaria se ponía en acción…

Durante toda la mañana del jueves 15 de marzo tuve muchas contracciones y cada vez más ritmicas. Yo, como siempre, aplicaba mis clases prácticas de preparación al parto, movimiento de cadera pa’lla, movimiento de cadera pa’llá, respiración, bla bla… Más o menos controlable.

Mi chico estaba en casa trabajando, y en cuanto fue contabilizando las contracciones y éstas se repetían entre 3 y 5 minutos, quiso salir corriendo al hospital. Pero yo no lo tenía tan claro. Si bien es verdad que algunas de las contracciones eran cada tan poco, había algunas que tardaban en llegar 8 minutos, o incluso más.

La propuse comer primero, a lo que mi chico, ojiplático, flipó. Me habían contado que cuando estás de parto no podías comer, y, me digo yo, ¿Cómo iba yo a poder parir sin comer nada? No, no, y no. Yo tenía que comer primero. Mi chico, que seguía flipando, solo alcanzó a decir «que sepas que a tu hijo le diré: el día que naciste tu madre prefirió comerse un plato de pasta contundente antes de salir pitando al hospital para tenerte a tí«. Le sonreí y acto seguido ataqué el plato de pasta como si no hubiera mañana.

Después de comer (y de echarme una minisiesta, bajo la mirada aún ojiplática de mi chico, que seguía sin dar crédito), fui de nuevo a hacer pis, esa actividad repetida hasta la saciedad durante todo el embarazo, y shassss, ahí va que chorrazo! No era exactamente romper aguas, pero desde luego aquello pis no era. La prueba del algodón: era incolora e inolora.

«Ahora sí que nos vamos!» Y con toda la razón, claro. Por si acaso, cargamos el coche con la maleta y la bolsa para el hospital.

Cruzamos Madrid desde San Sebastián de los Reyes hasta Príncipe de Vergara, mi chico iba al volante, más atacado que la nave de Star Trek por todo el traficazo que encontramos en el camino mientras yo me retorcía en silencio por cada contracción. «Cariño, frena con más suavidad» le decía, pero no hacía más que ponerle aún más nervioso al pobre. La verdad es que yo estaba la mar de tranquila. Iba con la sensación de ser una falsa alarma. Pero el pobre tenía el pálpito de que era la última vez que salíamos de nuestra casa como una pareja, para volver como un trío.

Llegamos al hospital, entramos en urgencias y le conté a la amable recepcionista que creía que podía haber roto aguas y que tenía contracciones cada vez más seguidas y más agudas. Rellené una hoja y un consentimiento, y al rato vino una matrona que me hizo pasar a una sala donde me examinó. Después de meterme los dedos hasta la rabadilla comprobó que tenía una fisura en la bolsa, que no se había roto del todo la bolsa y que me tendría que quedar ingresada aquella misma noche. Ah! y que si no me ponía de parto aquella misma noche, iba a pasar una noche toledana…

Salimos de la sala y nos hicieron esperar a asignarnos habitación. Aprovechamos a avisar a nuestros respectivos padres y por el whatsapp a los colegas más cercanos.

Se acercaba la hora de conocer a Óscar.

Nos subieron a la habitación 325. Mi chico aprovechó cuando llegamos a ir al coche a por las maletas (que las habíamos dejado allí por si era una falsa alarma). Me senté tranquilamente en el sofá azul de sky, miré por la ventana, con vistas a la calle Juan Bravo, y llamé a mis hermanos. Les quedaba poco para ser tíos.

Las contracciones se sucedían, pero era controlable, mientras me pudiera mover por la habitación, todo iba bien. Mis padres me intentaban distraer contándome historias, pero sobre las 10 de la noche les dijimos que se fueron, que esto iba pa’largo.

A las 10.30 llamamos a la matrona por que las contracciones empezaron a hacerse más seguidas y más intensas. Cuando vino, me metió los dedos en mi vagina (y hasta la campanilla), ya de dominio público para toda el personal del hospital, y me preguntó si ya había roto la bolsa. Le comenté que era una fisura, pero ella siguió hurgando hasta que noté un calor interior acompañado por un tsunami caliente de líquido amniótico que desbordó el empapador de la cama. «Ahora sí que has roto aguas!» me dijo la chispita.

Me dijo que me tumbara en la cama y monitorizó las contracciones, y se fue ella tan pichi dejándome con esas cacho de contracciones mortales que me hacían revolverme en la cama, cual potro salvaje. Mi chico me daba la mano y se la estrujaba, y también el brazo, y la pierna, mientras respiraba y respiraba para encontrar alivio, si puede haber algún tipo de alivio a esa sensación de dolor agudo.

monitores y doloooor

Cuando las contracciones eran brutalmente dolorosas y cada minuto, volvimos a llamar a la matrona, que volvió, introdujo de nuevo sus dedicos en mi vagina (esa gran afición) y me anunció que ya estaba dilatada de dos y que me bajaban ya a la sala de dilatación.

Vino un celador con pocas ganas de trabajar y muchas de hablar, a buscarme con una camilla, pero me animó a que me buscara la vida para pasarme de mi cama a la camilla, casi le faltó decir, aprovecha la contracción a saltar hasta aquí cual sardinica.

De camino a la sala, veía los techos del hospital como en las pelis, mientras me seguía revolviendo en la camilla y oía al celador decirme que ojito, que como siguiera así me caería al suelo. Chispitas, desde siempre, dándolo todo.

Ya en la sala de dilatación, me pidieron que me sentara en la camilla para ponerme la epidural. Recordé que en las clases de preparación al parto nos dijeron que cuando nos viniera una contracción avisáramos a la anestesista para que parara ya que hay que estar completamente quieto. Bien, pues ea, La Contracción con mayúsculas me venía en el instante justo en que la anestesista me pedía que pegara la barbilla al pecho y pusiera mis hombros hacia delante, le dije «me viene una contracción!!» Y yo pensé que  pararían las máquinas, pues no! Jódete y baila es lo que me vino a decir la Señora Anestesista cuando me dijo «Pues aguanta«. Hija de puta… Fijo que conmigo acaba su turno (estamos hablando de las 11 de la noche, ma o meno) y está deseando pirarse.

Pero el efecto de la epidural hizo que me olvidara de la Señora Anestesista y su way of life y mirar a mi chico con una sonrisa bobalicona: «Esto es la hostia…» Alcancé a decir. Una maravilla. Mi chico iba viendo las pedazo de contracciones que me venían por la gráfica del monitor y yo quedándome sobada… Así estuve hasta 3 horas que dilaté hasta 10. Y lo supimos por que la matrona aficionada a mi vagina, repitió una vez más la operación «Fingers inside» y confirmó que ya estaba lista para el parto.

Ya eran las 02:00 de la madrugada del viernes 16.

Óscar estaba de camino, y tenía prisa por estrenar el puente…